En los años noventa, en un aniversario de El Colegio de la Frontera Norte en Tijuana, el doctor Jorge Bustamante (QEPD) formuló la pregunta. ¿Qué pasaría si los sociólogos se extinguieran? La respuesta fue contundente: “Nada. Nadie se daría cuenta que ya no existimos”. La respuesta causó asombro, bromas y cuestionamientos. Hoy, a casi 30 años de la formulación de esa pregunta, intento responderla y mostrar la utilidad que tiene el sociólogo para la comprensión del mundo actual.
Si los sociólogos se extinguen, la sociedad se queda sin sus analistas que buscan entender cómo interaccionan los individuos en su convivencia diaria. Sin sociólogos, la sociedad se queda sin sus críticos que estudian, exponen y denuncian cómo la interacción social está cambiando, y cómo las instancias socializadoras como la familia, la escuela, los ámbitos laborales parecen no estar interesadas y preocupadas, por esta problemática.
En la actualidad, la gran mayoría de las personas tienen más interacción con su celular que con su familia, sus vecinos y sus colegas del trabajo. Para quien convierte al celular en su interlocutor, en su profesor, en su amigo, en su asesor, etcétera, la interacción social cotidiana desaparece, tiene más amigos virtuales que reales y, lo más preocupante: vive más en un mundo social que le es ajeno y que no tiene ningún interés en actuar para cambiar.
Los sociólogos se adentran en el estudio de lo poco que hemos avanzado en cuanto al respeto al otro; seguimos persiguiendo y condenando migrantes; al que practica una religión diferente a la mía; repudiamos y descalificamos a los que piensan y apoyan ideas políticas diferentes a las nuestras; seguimos pensando que nuestra forma de vida, pensamiento, acciones son las correctas y demeritamos al que es diferente a nosotros, cuando la diversidad social es una de las principales características de las sociedades humanas.
Los sociólogos también denuncian la desigualdad y la inequidad social. A través de sus estudios muestran cómo las diferencias entre hombres y mujeres siguen persistiendo, e incluso se han agudizado en el siglo XXI. Denuncian las violencias arraigadas que persisten contra las mujeres, y la brecha enorme que existe entre las leyes y los acuerdos internacionales para erradicar esta problemática, que se han firmado, y la realidad diaria en donde miles de mujeres son violentadas, así como la persistencia del miedo y la desconfianza que existe en ellas para denunciar porque saben que nadie las va a escuchar. Alertamos también de los retrocesos sociales que amenazan las conquistas sociales que han ganado las mujeres y los derechos que han recuperado, a través de sus luchas, como la propuesta de retirarle su derecho a votar.
El sociólogo no sólo se interesa en la interacción social, sino también en el comportamiento de los gobernantes en cuanto a garantizar la seguridad en la vida diaria y el entorno social de los individuos, que permitan la convivencia social sin miedo, sabiendo que se aplica la ley y se sanciona y castiga a quien no la cumpla y afecte esta convivencia. Cuando esto no acontece, el sociólogo denuncia el incumplimiento y la ineficiencia gubernamental, con el objetivo de que la ciudadanía actúe y exija a los gobernantes que asuman la responsabilidad de protección social para la que fueron electos. La crítica para una sociedad más justa y equitativa ha sido y será la razón principal de la existencia de sociólogos.
Cirila Quintero Ramírez
* Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien escribe. No representa un posicionamiento de El Colegio de la Frontera NorteEl Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros