Muchas veces hemos escuchado la frase “En el norte no hay cultura”, aludiendo a que en comparación con el centro y sur del país, los estados del norte carecemos de zonas arqueológicas monumentales, grandes museos o tradiciones centenarias. En el caso de Nuevo León, cuando se habla de cultura norteña, con frecuencia se nos reduce a industria, futbol y carne asada. Esta imagen parte de nuestra vocación industrial, pero no nos define por completo.
Frente a esa visión limitada, en 2014 nació una iniciativa ciudadana para celebrar nuestra identidad a través del patrimonio: el Día del Patrimonio de Nuevo León, cuyo propósito es reconocer aquello que valoramos como propio. Durante mucho tiempo se pensó, desde organismos internacionales, que el patrimonio debía ser monumental, antiguo y material: pirámides, templos o edificios coloniales. Sin embargo, el patrimonio es mucho más que eso. Es todo aquello que nos identifica, que cuidamos y transmitimos; aquello que nos hace decir: “Esto es mío, esto es de donde vengo y lo que quiero cuidar para generaciones futuras”.
Pero, ¿qué celebramos? En Nuevo León contamos con una diversidad de patrimonios: celebramos el legado industrial que hoy se resignifica en el Parque Fundidora, donde los antiguos hornos se han convertido en símbolo de memoria y transformación, memoria que también se puede ver en los barrios obreros donde sus viviendas, costumbres y paisajes han servido de inspiración para crear canciones, pinturas, murales, que relatan la vida cotidiana. Celebramos también la Zona Arqueológica de Boca de Potrerillos, con sus miles de petrograbados que nos recuerdan que nuestra historia no comenzó con la industrialización, sino miles de años atrás, con pueblos originarios que dejaron huellas de su paso por estas tierras.
Nuestro patrimonio también está en los museos regionales, en el arte urbano, en el arte sacro y funerario, en los espacios universitarios y comunitarios donde la cultura se vive día a día. También se encuentra en la arquitectura, que respondió al clima extremo de la región utilizando materiales que se tenían a la mano y que hoy en día han dado identidad visual al noreste.
Pero el patrimonio no se agota en lo monumental. También está en la tradición oral de nuestros municipios, en las fiestas patronales, en la polka y el acordeón que cruzaron fronteras y echaron raíces aquí. Está en la gastronomía que va mucho más allá de la carne asada: el cortadillo, el machacado, el dulce de frijol, las glorias y las recetas familiares transmitidas de generación en generación. Está en los archivos, en la memoria barrial y en los colectivos ciudadanos que defienden su historia. Se encuentra en nuestras montañas, en la variedad de plantas y animales nativos de Nuevo León.
Patrimonio que también es fruto de la diversidad de costumbres que trajeron consigo –y siguen trayendo– las personas que por circunstancias diversas eligieron a Nuevo León como lugar para vivir, tradiciones que adaptamos y apropiamos para definir lo que hoy en día nos identifica como nuevoleoneses.
El próximo domingo 1 de marzo, en distintos rincones del estado, habrá presentaciones artísticas, muestras gastronómicas, exposiciones, recorridos y una diversidad de actividades gratuitas para celebrar nuestra identidad. Les invito a consultar las redes sociales del Día del Patrimonio de Nuevo León, elegir las actividades de su interés y sumarse a ellas.
Porque en el norte sí hay cultura. Está en nuestra historia, en nuestras prácticas cotidianas, en la manera en que resignificamos nuestro pasado para construir comunidad. Celebrar el patrimonio es reconocernos y fortalecer el orgullo de lo que somos.
Isabel C. Sánchez Rodríguez*
*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien escribe. No representa un posicionamiento de El Colegio de la Frontera Norte