Quien vive o visita el Área Metropolitana de Monterrey sabe que su dinamismo económico y su ritmo urbano no se detienen. Pero detrás de esa vitalidad hay un motor silencioso que hoy opera al límite: la energía eléctrica. Y poco se habla de si la infraestructura actual podrá sostener lo que viene en el corto y mediano plazo.
El verano pasado dejó una señal clara. En los días de mayor calor, los apagones de electricidad se volvieron parte de la rutina en distintos puntos de la ciudad. No fue un accidente aislado: fue un aviso. Monterrey crece, se mueve más y consume más electricidad, pero la red no avanza al mismo ritmo.
A esto se suma uno de los proyectos más ambiciosos de movilidad, que es el monorriel de las líneas 4 y 6 del Metro, con 36 kilómetros de extensión. Aunque su construcción continúa, no estará listo para el Mundial de futbol como había prometido el Gobierno de Samuel García. Sin embargo, el verdadero reto no es sólo terminar las vías, sino hacerlas funcionar una vez terminadas. Para operar el monorriel, el sistema requerirá 16 líneas de transmisión de alta tensión y la construcción de 108 líneas de distribución. Es decir, una transformación profunda de la infraestructura eléctrica que Nuevo León actualmente no tiene.
El problema es el tiempo. Los reportes más recientes de la CFE indican retrasos importantes. De las 108 obras de distribución necesarias para operar el monorriel, apenas 22 estaban concluidas a mediados de 2025. En transmisión, de las 16 líneas, sólo una ha sido terminada: la que se ubica en la conexión de la estación conocida como Y Griega, y que es un punto clave para la integración de las líneas 6 y 1 del Metro. El avance es insuficiente frente a la magnitud del proyecto que se tiene.
Pero el monorriel no es el único que requiere electricidad. Nuevo León vive un auge de inversión nacional y extranjera que está elevando el consumo energético industrial. Empresas, centros de datos y complejos comerciales requieren cada vez más potencia, esto sin contar la construcción de edificios de departamentos que requerirán más contratos de energía. Tan sólo en usuarios de media tensión –aquellos de alto voltaje– el crecimiento fue de 3.5% en el último año, el cual se ubica muy por encima del promedio nacional, que fue de 2.8%. Esto coloca a Nuevo León como el estado con mayor número de usuarios de media tensión a nivel nacional y además con el mayor crecimiento. Monterrey y San Pedro son los municipios que concentran gran parte de esta demanda.
Así, el área metropolitana de Monterrey enfrenta una situación insostenible: más industria, más movilidad, más hogares y una red eléctrica que no crece al mismo ritmo. Las cifras muestran prosperidad, pero también revelan una fragilidad estructural difícil de resolver en el corto y mediano plazo. No se trata sólo de evitar apagones, sino de garantizar que el desarrollo no se detenga.
La solución no es simple. Requiere coordinación entre el Gobierno estatal y federal, así como una inversión acelerada en infraestructura de transmisión y distribución de energía eléctrica. Porque si Nuevo León quiere seguir siendo motor económico del país, primero debe asegurarse de tener la energía suficiente para sostener su propio impulso. Hoy, más que nunca, la pregunta no es si la ciudad crecerá, sino si tendrá con qué encender ese crecimiento.
Doctora Belem Vásquez
El Colegio de la Frontera Norte-Unidad Monterrey
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