Espejismos y contradicciones: el Cañón del Huajuco, corredor de la ambición

Monterrey /

En la entrega anterior de esta columna que titulamos “Santiago, NL, ¿arrase concertado o planeado?”, cuestionábamos si el crecimiento de la zona sur era parte de una devastación planeada. Al profundizar en el caso de Santiago, NL, la respuesta parece entrar en contradicciones. Por un lado existen instrumentos de planeación que prometen sostenibilidad, pero en la acción operan como facilitadores en la fragmentación ecológica y social. Lo que resulta no es una falta de planeación, sino una planeación de espejo, en donde el suelo se adapta al proyecto de inversión y no al revés.

Aunque la zonificación del Programa de Desarrollo Urbano de Santiago señala que el área de crecimiento urbano se limita al 3.81% del territorio municipal y el 78.02% del municipio incluye la protección de Áreas Naturales Protegidas, las instancias federales, no obstante, han detenido algunas acciones que contravienen la normativa ambiental. En julio del 2025, la Profepa suspendió la remoción ilegal de vegetación en la Sierra de Santiago, donde se afectaron más de mil 400 metros cuadrados de bosque de pino-encino sin autorización de la Semarnat.

Mientras los planes municipales de desarrollo suelen incluir narrativas verdes, la realidad en el terreno muestra una urbanización fragmentada: fraccionamientos exclusivos y plazas comerciales que funcionan como islas de privilegio, pero que dependen de una infraestructura pública, ya de por sí colapsada, para servicios tan elementales como el agua y la movilidad.

Lo anterior está arropado por acciones en el Congreso Estatal que recientemente aprobó para el municipio de Santiago la actualización de valores catastrales en nuevos fraccionamientos, así como la reclasificación de predios rústicos a urbanos. Resulta paradójico que el valor de venta de estos proyectos residenciales sea, precisamente, la cercanía con la naturaleza cuando es el propio desarrollo el que la aniquila.

Nos encontramos frente a una gentrificación ecológica que además de desplazar a la fauna y flora local, altera los ciclos hidrológicos para el Área Metropolitana de Monterrey.

El remplazo de pastizales y bosques por concreto reduce la infiltración de agua al acuífero, lo que aumenta la escorrentía superficial y el riesgo por inundaciones en las partes bajas de la cuenca.

Estamos ante la fragmentación ambiental, económica y social, donde Santiago parece competir con el municipio de Monterrey por ver quién atrae mayor capital inmobiliario, olvidando que el ecosistema de la Sierra Madre no conoce los límites municipales. Se acercan las campañas políticas y con ello las promesas.

Si los liderazgos políticos siguen viendo el territorio como dispensador de efectivo y no como un sistema vivo y finito, este arrase nos llevará a una crisis de habitabilidad irreversible.

La pregunta ya no es cuánto más podemos crecer, sino cuánto estamos dispuestos a perder en nombre de una exclusividad social que, irónicamente, destruye lo que la hace especial.

Gustavo Vázquez y Camilo Contreras

El Colegio de la Frontera Norte Unidad Monterrey


  • Varios autores
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite