La izquierda mexicana debe, desde luego, abatir la pobreza, pero sólo concentrarse en esa meta puede llevarla a perder elecciones (aunque resulte paradójico). Los resultados del Conteo de Población 2025 y la distribución socioeconómica de la población, muestran que la clase media (junto con la clase alta) comprenden al 51 por ciento de la población y al 65.9 si consideramos a la población no pobre (es decir, al estrato más alto de la clase baja). De modo que combatir la pobreza lleva a concentrar los programas prioritarios del Gobierno en un tercio de la población (lo que personalmente comparto), pero también es importante comprender que la clase media mexicana no puede dejarse en el olvido, requiere seguridad económica y perspectivas claras de ascenso.
La izquierda necesita demostrar que puede crear empleo formal y estable, generar políticas de protección contra la inflación y canales de ascenso social libres de corrupción y nepotismo; no sólo transferencias monetarias. La clase media mexicana ha crecido (del 27.2% en 2018 al 39.6% en 2024); mientras el salario promedio mensual real es de aproximadamente 7 mil 674 pesos, mientras una familia de cuatro miembros necesita cerca de 20 mil pesos mensuales para mantener un nivel de vida de clase media; esto sin considerar que más de la mitad de los trabajadores se encuentran en la economía informal. Es decir, muchos de los nuevos miembros de la clase media son extremadamente frágiles.
Sin embargo, la clase media no quiere vivir de subsidios; quiere un trabajo que le permita vivir con dignidad. La izquierda necesita proponer y ejecutar políticas industriales que generen empleos formales. Por ejemplo, aprovechar la relocalización de cadenas productivas para impulsar la creación de pequeñas y medianas empresas, crear empleos con seguridad social, salarios más altos y prestaciones laborales, para reducir la proporción de personas con trabajo, pero que siguen siendo pobres; en la economía informal cercana del 55%.
La izquierda debe ofrecer soluciones reales a los problemas cotidianos de las personas de clase media. Por ejemplo, a los gastos que consumen sus ingresos como la vivienda, educación y salud. La izquierda no necesita prometer la eliminación de estos gastos, pero puede diseñar programas concretos que aumenten la oferta de vivienda de alquiler asequible o de interés social, en las principales ciudades. Ampliar las becas universitarias y vincularlas con formación profesional, para que los padres sientan que la inversión educativa tiene retorno y acelerar la construcción del sistema público de salud.
Es necesario que la izquierda se acerque a la clase media, que escuche sus quejas sobre impuestos, trámites burocráticos y seguridad. La clase media responde a los líderes que están dispuestos a sentarse y escuchar, pero es extremadamente sensible a la hipocresía. Si la izquierda predica austeridad y honestidad mientras los funcionarios disfrutan de lujos, o si critica a los ricos mientras sus políticas favorecen a los grupos de interés, la clase media se va a alejar. La narrativa de austeridad de López Obrador funcionó precisamente porque era consistente con su estilo de vida. El liderazgo de la izquierda necesita mantener esta coherencia entre el discurso y la práctica, de lo contrario, el alejamiento de una clase que hoy representa más de la mitad de la población puede constarle un descalabro importante en las urnas.
Gerardo Núñez Medina
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