Pensar la materialidad del mundo

Monterrey /

Crisis como el cambio climático y la pandemia del covid-19, a escala global, o el huracán Otis y el gusano barrenador, en México, nos recuerdan la materialidad del mundo y del ser humano, y la necesidad de reflexionar sobre ello.

La materialidad ha sido uno de los objetos de pensamiento privilegiados en la historia de la humanidad. Para muestra sirvan tres filósofos de tradiciones distintas: Heráclito, físico griego del siglo VI AEC; Lao-Tse, maestro taoísta chino también del siglo VI AEC; y Jesús de Nazaret, líder religioso judío de Oriente Medio del siglo I.

En uno de los fragmentos conservados de Heráclito se afirma que “es imposible bañarse dos veces en el mismo río”. En esta corta frase nos resume su visión del mundo como un flujo, en el cual la materia no permanece fija. Según Platón, uno de sus intérpretes, ello implica que ni cuerpos ni ríos nunca son los mismos entre un baño y el siguiente. En cambio, para otros intérpretes quería decir que solo pueden permanecer en tanto que cambian; así, argumentan, el flujo de agua no destruye un río, sino que lo constituye.

Lao-Tse se refiere a la materialidad del mundo varias veces a lo largo del Tao Te Ching, uno de los textos fundacionales del taoísmo. Al respecto del agua, por ejemplo, nos dice que lejos de ser “lo más débil en el mundo”, “ocupando el lugar más bajo”, en realidad es lo más poderoso. Gracias a su fluir, el agua es capaz de arrastrar la tierra, y erosionar rocas y montañas.

Jesús de Nazaret también confronta la fluidez del agua con la solidez de las rocas. Para él, sin embargo, las rocas son fuertes y resistentes. Refiriéndose a una casa construida sobre roca, señala que cuando “cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; […] la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca”.

En los tres subyace una comprensión muy similar. Todos contraponen la fluidez del agua y del aire a la solidez de las rocas y las montañas. Es más, reconocen que la materia fluida posee la capacidad de afectar a la materia sólida y estática, pero no al revés. Esta conclusión puede parecer un atributo de la materialidad, pero más bien nos revela la experiencia humana –una especie terrestre y mortal– del mundo.

La materialidad además ha sido evocativa para pensar en otras cuestiones, como la identidad, el cambio, la integridad, la humildad, la soberbia y la permanencia. Así, para aquellos tres filósofos y sus intérpretes ha servido para reflexionar sobre la mejor forma de vivir, actuar y relacionarnos.

Para Heráclito, la corriente del río muestra la inevitable mutabilidad de las relaciones, circunstancias, pensamientos y emociones. Para él es fútil aferrarse a algo, ya que tanto eso como nosotros mismos vamos a cambiar. Lao-Tse, por su parte, cuestiona nuestra soberbia: creer que somos los más fuertes, como las montañas, y que nuestra inteligencia nos basta para imponer nuestra voluntad a los demás y al mundo. Pero, señala, estamos equivocados porque lo aparentemente débil, como el agua, acaba imponiéndose. Así, argumenta, lo mejor es dejarse llevar por la corriente. Por otra parte, dado que la integridad ética no nos es innata, Jesús argumenta que lo más prudente es formarse, de manera que nuestras acciones sean lo más fundamentadas posibles, como una casa cimentada sobre una base sólida.

Como nos ilustran estas tres figuras, la filosofía nos puede guiar en la comprensión y manejo de las crisis que enfrentamos… y que causamos. 

Xavier Oliveras González*

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien escribe. Y no representa un posicionamiento de El Colegio de la Frontera Norte.

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