25 muertos y 80 heridos es el saldo al día de hoy, por la tragedia que estremeció a todo el país la fatídica noche del 3 de mayo tras el accidente en la línea 12 del metro de la CDMX, 25 mexicanos que no volvieron a casa para descansar después de una larga jornada de trabajo, que hasta ese día habían librado la inseguridad, la crisis por el Covid, y todos aquellos problemas a los que diariamente nos enfrentamos los mexicanos, pero hubo uno que no pudieron librar y les costó la vida: la corrupción.
Y es que fue la corrupción, la causante de que esa trabe se rompiera y ambos vagones del metro cayeran al precipicio, como si se tratara de una película de terror, cuyos productores hoy siguen libres y campantes, mientras de que 25 familias están de luto.
Fue la corrupción la que infló el presupuesto inicial de la construcción de la línea 12, que originalmente costaría $17,500 millones de pesos, y que termino costando $26 mil millones.
Esa corrupción tiene nombres y apellidos, pero en el país de la impunidad y el no pasa nada, esas personas seguirán en sus cargos y haciendo sus negocios turbios a expensas de los mexicanos que diariamente salimos a trabajar, pagamos nuestros impuestos y esperamos que algún día las cosas cambien.
Y es que ¿De qué sirve la austeridad si el Estado no le puede brindar seguridad a sus ciudadanos?
Tan solo en 2020, el metro de la CDMX tuvo un “ahorro” en su presupuesto de casi $500 millones de pesos, recursos que se pudieron haber utilizado para darle mantenimiento a las instalaciones y reparar los puntos críticos que desde hace años los mismos ciudadanos y operadores del metro venían alertando, pero no… había que ahorrar, ahorro que al final de cuentas salió muy caro.
No basta con guardar el luto por 3 días, el gobierno mexicano debe castigar a los responsables, debe entender que para la integridad y seguridad de los ciudadanos no se pueden escatimar recursos, los ciudadanos estamos hartos de la corrupción… porque hoy en nuestro país la corrupción mata.