Por Karina Peña, Co-fundadora y CEO de FieldFactors (*)
Durante mucho tiempo hemos imaginado al agua como algo inmóvil: la vemos correr por ríos, almacenada en presas, estancada en pozos o circulando en silencio por tuberías. Es probable que por esa desconexión la hayamos considerado como un recurso inagotable y lejano: algo que extraemos, usamos y desechamos. Pero el agua se parece más bien a un organismo vivo en movimiento. Se evapora, precipita, escurre, se infiltra en el suelo, alimenta acuíferos, vuelve a los ríos y eventualmente regresa a la atmósfera en un ciclo natural.
En casi todas las ciudades del planeta, ese ciclo está roto. La urbanización transforma superficies permeables en concreto y asfalto, altera los cauces naturales y acelera el flujo sin fin. Así se da una contradicción que nos preocupa: Torrentes de lluvias provocan inundaciones graves; mientras, meses después, se dan escenarios de escasez y sequía.
El año 2026 ilustra esta crisis. Mientras el Servicio Meteorológico Nacional y Conagua advirtieron sobre precipitaciones intensas por un fenómeno de El Niño, la disponibilidad de agua dulce en México continúa desplomándose. Datos del Banco Mundial señalan que pasamos de 10,794m³ por habitante en 1961 a 3,180m³ en 2022; de mantener esta tendencia, caeremos por debajo de los 3,000m³ hacia 2030. Enfrentamos condiciones climáticas extremas sin la preparación necesaria, insistiendo en tratar a la lluvia como un problema de drenaje y no como un recurso finito.
Este gran reto supera nuestras fronteras. En la reciente Semana Mundial del Agua 2026 en Estocolmo, el encuentro sobre el agua más relevante a nivel global, bajo el lema “Agua para las personas y el progreso”, la discusión se centró en la resiliencia climática y la seguridad hídrica. Allí se enfatizó que las ciudades deben migrar urgentemente hacia modelos que restauren la "esponjosidad urbana" y combinen la gobernanza inclusiva con soluciones que tomen en cuenta a la naturaleza.
Las cifras del panorama mundial son alarmantes: la ONU advierte que tres cuartas partes de la población mundial viven en zonas con escasez o inseguridad hídrica, y 2 mil 000 millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden por la extracción desmedida de agua subterránea.
En este sentido, los acuíferos son particularmente importantes porque funcionan como reservas estratégicas durante periodos de sequía y contrarrestan el hundimiento del suelo. Sin embargo, recuperar el agua subterránea requiere mucho más tiempo del que necesitamos para extraerla. En la Zona Metropolitana del Valle de México, una de las metrópolis más grandes del mundo con 21 millones de habitantes y con una de las infraestructuras hídricas más complejas y extensas del planeta, esta presión es evidente. Actualmente, todos los acuíferos se encuentran en una condición de déficit. Es decir, se extrae más de lo que se recupera.
Pese a este escenario, hay experiencias que nos demuestran que otra forma de concebir la lluvia es posible. En Rotterdam, Países Bajos, por medio de la tecnología BlueBloqs® de FieldFactors, el estadio del Sparta es la sede de un sistema que permite captar la escorrentía de aproximadamente 40,000 m², almacenar hasta 25,000 m³ y reutilizar alrededor de 15,000 m³ de agua al año para el mantenimiento de la cancha. El proyecto fue concebido para responder simultáneamente al riesgo de inundación del barrio y al consumo de agua potable del estadio.
En México, hay empresas que se dedican a la instalación de sistemas de captación de lluvia y reportan miles de beneficiarios. Su experiencia demuestra que la lluvia puede convertirse en una fuente complementaria de abastecimiento a escala doméstica y comunitaria; Además, existen proyectos como aQua+ Naucalpan, una ambiciosa iniciativa de captación, tratamiento e infiltración de agua de lluvia en Naucalpan cuyo objetivo es recargar al acuífero Cuautitlán-Pachuca y busca ser una solución real para la Zona Metropolitana del Valle de México. La viabilidad técnica y los retos de este tipo de infraestructuras son parte fundamental de la agenda que hoy se debate en foros especializados en la industria hídrica como Aquatech México.
La captación de lluvia no resolverá por sí sola la crisis hídrica. Tampoco lo hará una nueva presa, un pozo, una planta de tratamiento o una tecnología determinada. La seguridad hídrica será necesariamente el resultado de una solución integral y, sobre todo, de volver a pensar el agua como un ciclo al que, como sociedad, estamos conectados.
Ésa es quizá la pregunta más urgente que nos deja la temporada de lluvias de 2026: cuando el agua llegue con mayor intensidad, ¿seguiremos pensando únicamente en cómo deshacernos de ella o estaremos preparados para gestionarla de manera innovadora y responsable?
Y es que, en una metrópoli con acuíferos sobreexplotados, la lluvia que hoy vemos como un problema, podría ser parte de la solución que necesitaremos mañana.
(*) Karina Peña es pionera en neutralidad hídrica y resiliencia climática, Co-fundadora y CEO de FieldFactors, startup neerlandesa especializada en gestión sostenible del agua de lluvia. FieldFactors ha recibido reconocimientos internacionales como el Urban Water Challenge y el apoyo de Climate-KIC.
LinkedIn: @karinapena
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