El no encontrar la poesía en este caos de enfermedad y muerte, me obliga a abrir mi viejo engargolado con poemas de juventud que titulé: De Vida y Muerte. Ahí están todas las respuestas. Con frecuencia pensaba en la muerte como en una cita predestinada, un consenso ineludible, fuera de mi control, pero al fin y al cabo, un consenso. Lo cantaban así esos primeros versos:“La muerte es una cita/ tiene lugar y fecha/ como la nota posición en el adagio. / Hay un justo momento en el conjunto/ que viscosa resbala del allegro /se vacía de ausencia en su cascada/ para decir “adiós”/solemne y lento.”
Pero hoy… la Muerte no es una cita, es un fantasma que ha desplegado miles de mensajeros que lanzan llamas invisibles a los ojos, sogas invisibles a los cuellos, humo invisible al aliento. Nos han dicho que usemos caretas faciales, que no confiemos en nadie, que pasará como los vientos que en Semana Santa vienen a recoger los rezos. Hoy nos hacen creer en que la Muerte es un caballo de Troya que puede tocar a la puerta de tu casa, sin consenso, sin invitación. Alguien la porta, la entrega, la disemina, la siembra en el aire, la fertiliza con un apretón de manos o una sonrisa.
En alguna etapa pensé que la Muerte realmente no existe, sino sólo existe algo llamado Vida que estaba en mí, era conmigo, y un día se alejaría para no volver. Decía aquel juvenil poema: “Cuando entiendas/que la vida da vuelta a la esquina y se aleja sin más, /abandonándote; / dejarás al viento / y en vez de nube serás el cimiento / de tu propio ser. / No buscarás más sitio amable a tu pereza, / volverás a ti, / y estarás donde esté lo mejor. / Ya no más consentir a un señor corazón / que jamás ha sabido decidir. / Volverás como antes a tu propio paisaje / llenarás el vacío de tu frágil imagen / y serás como un roble / y serás como un ángel / y tendrás tu manera de ser feliz./ Sentirás en el aire lo que nunca sentiste / y serás el testigo de tu mal y tu bien / y serás indomable cuando estés en la lucha / ya tu propia renuncia la lograrás vencer.”
Aun concuerdo con este pensamiento: la Vida es quien existe, la Muerte es sólo un tempo de la Vida, un momento de viaje del alma. Es aquí, en la Vida donde se puede ser consciente del acto de vivir. Lo declaro en el poema Vino Dulce:“Vivo bien / tengo una Fe que me llena de esperanza / doy amor y lo recibo / y en mis andanzas un ángel siento que me ha protegido.”Sentir, dice en su último verso, nuestra vida como “un vino que sabe dulce, /porque el vino sabe al alma, /al alma de quien lo busque.”
Te invito a abrazar la Vida y a vivir su hermoso camino._