Los pasos de semana santa

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Costumbres cada vez más lejanas, pero que formaron parte de nuestra historia, han sido las que el pueblo de México efectuaba en siglos pasados, definiendo una cultura propia. En la época virreinal, durante la Semana Santa, se celebraban en México fiestas públicas que eran exclusivamente religiosas, con excepción del 13 de agosto, que se conmemoraba la toma de Tenochtitlan por Hernán Cortés, y la llegada de un nuevo virrey,

Una de las manifestaciones religiosas era la de los Pasos de Semana Santa. Se define la palabra “paso” en diccionarios antiguos, como el paseo de una imagen religiosa. En la ciudad de México especialmente, cada barrio, oficio, capilla o Cofradía sacaba su propio Paso, que rivalizaría en belleza con la de los otros.

Había Pasos todos los días de la Semana Santa. El lunes, por ejemplo, la Cofradía de las Ánimas sacaba la imagen de San Francisco de Asís, sacando con su cordón las almas del Purgatorio. El martes, con Pasos sobre la vida de San Juan, y así sucesivamente. Era notable la procesión de los Santos Crucifijos, que llegaba de los pueblos comarcanos, llevando cada grupo su cruz particular, que llegaron a pasar de tres mil.

Después de rezar el Via Crucis, los Pasos salían por las calles al son de trompetas, con música y velas, llevando en andas las imágenes que representaban a Jesús, los judíos y los soldados, hechos “de talla y gozne”. A la vuelta se rezaba el Salve Regina y, si ya había oscurecido, se disciplinaban: esto es, se flagelaban o azotaban en penitencia.

Estas costumbres centenarias han resistido las nuevas corrientes paganas o sectarias en muchos pueblos indígenas y en otros han tenido un renacimiento. Tenemos por ejemplo, los Via Crucis vivientes en Iztapalapa, San Luis Potosí, San Miguel de Allende, Taxco, San Cristóbal de las Casas y otras ciudades, y cercano en Tancanhuits o Cd. Santos, S.L.P.

Estos ejemplos nos remontan a otros tiempos, cuando la Cuaresma nos servía para reflexionar sobre el rumbo de nuestra vida y tratar de purificarla para bien propio y de nuestros semejantes.

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