Entre muertos y resucitados rumbo al 2027

Tamaulipas /
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Este domingo, Día de Todos los Santos, bien vale la pena recordar que en política nadie está completamente muerto. Algunos personajes solamente permanecen en reposo, esperando que cambien los tiempos, se acomoden las circunstancias o aparezca una nueva oportunidad para resucitar políticamente.

En Tamaulipas hay de todo y en todos los partidos políticos: los que después de ocupar cargos públicos desaparecieron del escenario; los que todavía no terminan de asimilar su derrota y aquellos que, pese a sus antecedentes, ya levantan la mano porque consideran que tienen posibilidades de regresar.

La política, como la muerte, tiene sus misterios.

Hay quienes parecen enterrados y de pronto reaparecen con renovados bríos, nuevas amistades y hasta un discurso de redención. Otros nunca se fueron, aunque su presencia pública resulte más bien fantasmal.

Pero si algo deberían revisar quienes aspiran a participar en el proceso electoral de 2027 es el contenido de sus propios armarios.

Porque no todos los esqueletos son producto de una leyenda: algunos tienen nombre y apellido, mientras que otros corresponden a promesas incumplidas, decisiones cuestionables, traiciones, cuentas pendientes y episodios que sus protagonistas preferirían mantener bajo tierra.

Y cuidado, porque hay asuntos que no se entierran con discursos ni se borran cambiando de partido o de camiseta. La memoria pública también tiene sus fechas para recordar. Hoy, más que nunca, la conciencia ciudadana debe imponerse para evitar que el olvido se convierta en el mejor aliado de quienes buscan mantenerse en el poder o regresar a gobernar.

En estos tiempos, además, el ambiente político tamaulipeco carga con un olor que va más allá de las flores de cempasúchil y las veladoras.

El huachicol fiscal y las investigaciones sobre este negocio ilegal han dejado preguntas que todavía reclaman respuestas. Y más de uno que ya se siente aspirante debería preguntarse si su pasado no terminará alcanzándolo antes de llegar a las urnas.

Porque una cosa es estar políticamente muerto y otra muy distinta es tener asuntos pendientes que siguen respirando.

Así que, entre santos, difuntos y resucitados, comienza a prepararse el camino rumbo a 2027. Habrá quienes intenten regresar del más allá político, pero también quienes descubran que los esqueletos del clóset no siempre permanecen callados.

En política, dicen, nadie está muerto para siempre. Lo que no sabemos es cuántos podrán presentarse a la próxima elección sin que sus propios muertos salgan a su encuentro.


  • Víctor Hugo Martínez

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