Morena y sus demonios

Tamaulipas /

“Los demonios andan sueltos”, aquella frase atribuida a Mario Ruiz Massieu en el clima enrarecido de los noventa, regresa al debate público no como nostalgia, sino como lenguaje de crisis.

No porque el país sea el mismo, sino porque la política vuelve a exigir metáforas cuando los hechos se acumulan más rápido que las explicaciones.

Hoy, el ecosistema político de Morena muestra señales dispersas pero conectadas.

Las acusaciones de Estados Unidos sobre Rubén Rocha y nueve funcionarios han estado rodeadas de versiones, señalamientos y desmentidos que, más allá de su verificación puntual, alimentan una percepción de tensión constante en la relación entre poder y narrativa pública.

En Tamaulipas, las observaciones del PAN hacia el gobierno estatal han mantenido vivo el contraste entre discurso opositor y ejercicio de gobierno.

Mientras desde el Congreso local, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Humberto Prieto, ha salido a desmentir señalamientos que circulan en el espacio político, dejando ver un entorno donde la disputa no es solo por decisiones, sino por interpretaciones.

En paralelo, Morena atraviesa un momento de reacomodo interno: la distancia entre el discurso de democracia interna y la práctica real de sus mecanismos de decisión. La discusión no es nueva, pero sí adquiere otro tono cuando ocurre desde el partido en el poder.

En ese contexto, la figura presidencial aparece inevitablemente como punto de referencia. La conducción política de Claudia Sheinbaum hacia el interior de Morena —sea leída como coordinación, influencia o simplemente continuidad de liderazgo— ha reactivado el debate sobre la autonomía real del partido frente al poder ejecutivo.

No es un fenómeno exclusivo de esta etapa histórica, pero sí vuelve a poner sobre la mesa una pregunta recurrente: dónde termina el partido y dónde empieza el gobierno.

Diferentes frentes, distintos actores, pero un mismo clima: el de un reacomodo ya definido desde hace semanas.

Por eso vuelve la frase. No como sentencia, sino como síntoma. Cuando la política se vuelve difícil de explicar en una sola narrativa, el lenguaje antiguo regresa para llenar los vacíos.

Lo más paradójico es que la frase expone la situación actual del país y de Morena.


  • Víctor Hugo Martínez

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