El Domingo de Resurrección simboliza el triunfo de la vida sobre la muerte y la renovación de la esperanza.
Para el Partido Acción Nacional en Tamaulipas, la metáfora no podría ser más oportuna ni más cruda. Tras años de permanecer bajo la losa pesada de un control cupular bajo el mando del exgobernador, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, que priorizó el interés de un solo grupo sobre la mística del partido, el panismo estatal se encuentra hoy frente a su propia piedra removida.
No es un secreto que la dirigencia estatal, operada bajo la sombra del grupo de Cabeza de Vaca, terminó por convertir al PAN en un organismo de resultados anémicos.
Las últimas contiendas electorales en el estado no dejan lugar a dudas: el saldo ha sido una estrepitosa pérdida de territorios, una militancia desmoralizada y una marca política que, de ser la fuerza dominante, pasó a ser un actor secundario que vive de las glorias pasadas.
El "Cachorro", más que un líder, fue el guardián de una estructura que se olvidó de la calle para encerrarse en las oficinas de la élite de Reynosa y Texas.
Sin embargo, el destino —y los estatutos— han puesto al PAN en una encrucijada este 5 de abril. Mientras la sociedad celebra la pascua, el panismo de a pie, ese que en municipios como Tampico ha mantenido una resistencia silenciosa contra la imposición, ve en la reciente orden del CEN una señal de vida.
La "apertura" en el plano nacional debe aterrizar en Tamaulipas no como un eslogan, sino como una práctica de fe democrática.
La resurrección que el PAN necesita, se espera, no vendrá de un nuevo "ungido" por el mismo grupo de siempre, sino de la capacidad de abrir las ventanas y permitir que la ciudadanía entre.
El control absoluto que hoy ejercen en Tamaulipas solo puede ser enfrentado por una oposición que haya pasado por su propio proceso de purificación. Para la militancia que fue ignorada y para los ciudadanos que buscan una alternativa real, los tiempos actuales marcan el inicio de una nueva cuenta.
Si el PAN Tamaulipas no aprovecha para sacudirse el polvo de un control que ya no le entrega victorias, se arriesga a que este domingo no sea de resurrección, sino el preámbulo de un olvido definitivo.
La buena fe de la base está ahí, esperando un partido que vuelva a parecerse a la sociedad que pretende representar y no a los intereses de un grupo que ya tuvo su tiempo y entregó pésimas cuentas.
La piedra ya se movió; falta ver quién se atreve a salir a la luz.