Si el sur fuera el norte: la economía también vota

Tamaulipas /
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Hace más de veinte años, Ricardo Arjona lanzó “Si el norte fuera el sur”, una canción que para muchos terminó convertida casi en un himno de crítica al poder estadounidense, al imperialismo cultural y a la dependencia económica de América Latina.

En aquellos años, escucharla era también una forma de cuestionar el lugar que ocupábamos frente a un norte que parecía tenerlo todo: poder, riqueza, influencia y un modelo de vida al que buena parte del mundo aspiraba.

El tiempo ha pasado y nuestra percepción de aquel norte también ha cambiado. Sin embargo, hay una parte de la canción que conserva vigencia: la que nos recuerda que ningún país está a salvo de sus propias contradicciones.

Lo ocurrido recientemente en Estados Unidos, donde los demócratas hicieron del descontento ciudadano y, particularmente, de las preocupaciones económicas uno de sus principales argumentos de campaña, deja una referencia que vale la pena mirar sin trasladar mecánicamente su realidad a la nuestra.

Porque la economía tiene una característica que pocas veces aparece en los discursos políticos: no tiene nacionalidad.

En Estados Unidos, en México o en cualquier otro país, el ciudadano puede tener preferencias ideológicas, simpatías partidistas y distintas maneras de entender la política.

Pero hay preocupaciones que terminan por atravesar esas diferencias: el precio de los alimentos, la gasolina, los servicios, los medicamentos y la posibilidad de recibir atención médica sin que eso represente un golpe severo para la economía familiar.

Y ahí es donde México tendría que prestar atención.

Se trata de reconocer que el costo de la vida puede convertirse en un factor de inconformidad que ningún gobierno debería subestimar. Cuando los ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas, la percepción de la realidad comienza a distanciarse de la narrativa oficial.

Ese es un foco de atención para quienes gobiernan, pero también para quienes aspiran a hacerlo.

A los primeros les corresponde mirar más allá de los informes y preguntarse cómo se reflejan las decisiones económicas en la vida diaria de la población. A los segundos, entender que identificar el malestar social no es suficiente.

La ciudadanía necesita propuestas creíbles, viables y explicadas. No ocurrencias que duren lo que una campaña, ni promesas que desaparezcan cuando termina la contienda.

Porque, al final, el bolsillo no distingue entre sur y norte, ni entre discursos de izquierda o derecha.

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  • Víctor Hugo Martínez

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