Monterrey cumplió el domingo 430 años de su fundación.
Desde aquella pequeña ciudad asentada por unas cuantas familias en un pequeño sitio donde por fin encontraron agua hasta la gran metrópoli en la que se ha convertido, nuestra tierra mantiene características innegables, sobre todo ser un lugar de retos.
La noche del domingo en Cambios sostuvimos una conversación de historia, presente y futuro a propósito del 430 aniversario. En ella estuvieron Leopoldo Espinosa Benavides, cronista de Monterrey, y Héctor Morales Rivera, presidente del Consejo Metropolitano de la Crónica.
Ambos coincidieron en que la capital de Nuevo León y su Área Metropolitana requieren ser un territorio más vivible, sobre todo en cuanto a la contaminación y la mala calidad del aire a que se refiere.
Resaltaron ambos la fuerza del Área Metropolitana de Monterrey en servicios de salud y educación de nivel superior, los desafíos, agregó Morales Rivera, la adaptación a las nuevas tecnologías y en seguir fortaleciendo la investigación, educación y formación para el trabajo.
En cuanto a la historia, los cambios más relevantes, señaló Espinosa Benavides, se pueden ver en cuatro grandes procesos, pasar de una ciudad del comercio hasta la revolución industrial; Monterrey pasó de ser un pueblo de adobe y calicanto a una ciudad de concreto; de ser una ciudad fabril a una ciudad metropolitana; y de ser una metrópoli industrial a una ciudad global y vertical.
La instalación de las fábricas de cerveza, de acero, de vidrio, de cemento, resaltó Morales Rivera, le dio a la ciudad y al estado esa fisonomía y esa fortaleza que le permitió sacar adelante a la entidad y, en una medida importante, al país.
Pero lejos de ser una ciudad que vive de sus logros o su pasado, es pujante y con respecto al futuro seguirá como un bastión en los servicios digitales y una potencia del desarrollo en México.
Casa de grandes universidades, talento creativo, artístico y deportivo. Es cierto, tenemos mucho que mejorar, tanto ciudadanos como gobernantes, pero sin duda hay motivos suficientes para tener el orgullo de ser del norte.
Que la vida nos sonría y aprovechamos las oportunidades.