Las escuelas invisibles

Monterrey /
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M+.- El desafortunado caso que cobró la vida de la menor Dafne en Tamaulipas pone en evidencia un fenómeno que no es nuevo y al que nunca se le había puesto tanta atención.

Por décadas, por no decir generaciones completas, han existido y operado en nuestro país las escuelas militarizadas.

Algunos recordamos que durante nuestra infancia o adolescencia, a muchos de nuestros amigos o vecinos, sus padres les llegaban a decir que si no se corregían, mejoraban sus calificaciones en la escuela o simplemente no se portaban mejor, no tenían más destino que ser inscritos en una escuela de formación militar.

Más allá de ser una amenaza o una reprimenda punitiva, este tipo de planteles nacieron, crecieron y se consolidaron en muchos estados de la República.

Hace apenas unos días, las autoridades educativas a nivel federal calificaron estos planteles como no autorizados, por lo tanto, ilegales.

La advertencia es que todos deben cerrar sus puertas o serán clausurados; por supuesto, antes deberán regresar las colegiaturas a los padres de los alumnos inscritos.

Pero en todo esto hay algunas realidades que parecen no comprender hoy ni las autoridades, ni quienes motivados por la justa indignación del caso Dafne piden la clausura de todos estos lugares.

Algunos de ellos han formado ciudadanos con un profundo sentido del compromiso, hombres y mujeres que corrigieron el camino, y hoy mantienen una disciplina y ejemplo de vida.

Más allá de esta dicotomía, lo deseable es que antes de cortar de raíz algo que ha crecido frente a la vista de todos, puedan establecerse métodos adecuados para salvar aquello que vale la pena en la formación de los jóvenes, sobre todo en tiempos como los actuales.

No se trata que pretender que sigan operando en la presunta clandestinidad, sino que se revise, regule y autorice a todo aquel que lo esté haciendo de la manera correcta.

Lo lamentable es que ninguna medida que se tome regresará la vida a la joven Dafne; lo ideal sería que justo para honrar su memoria se termine de una vez por todas la opacidad y en un país donde se disfruta vivir simulando, ahora sí se cambie esta realidad.

Lo deseable también es que pronto logren la resignación los familiares de la joven y que su muerte no quede impune.

Mientras eso pasa, habrá que esperar que por fin se opere con prudencia.


  • Víctor Martínez Lucio
  • Periodista, Director Editorial de Multimedios-Milenio en Monterrey. Conductor en Milenio Televisión, creador del Pulso, espacio de comentario político desde hace una década. Articulista en Milenio Diario y Conductor de Cambios cada domingo. Amo las cosas sencillas, la música y el arte, dar clases, ayudar a las personas, aprender todos los días, ser Rayado, ser líder y factor de cambio. La vida es de momentos y se acomoda sola.
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