La salida de Adán Augusto de la coordinación del Senado ha sido leída hasta ahora bajo dos lentes: quienes lo perciben como un empoderamiento de la Presidenta (quien, según estas versiones, se impone al legado tóxico de Obrador) y quienes lo asumen como una decisión tomada por el propio Obrador (bajo el ya tradicional supuesto de que todas las decisiones se toman “en Palenque”).
Ambas versiones son equivocadas, caricaturas burdas de lo sucedido.
En realidad, Adán Augusto sale de su posición porque se conjuró una combinación única de eventos que lo hicieron posible.
El más inmediato fueron las peticiones de Estados Unidos quienes no consideraban que Adán Augusto fuera una persona proba, digna de la confianza necesaria para combatir adecuadamente al crimen organizado.
Pero eso no fue todo. Además de las peticiones hizo falta un detonante. Y ello fue la forma en la que el coordinador se comportó en los últimos meses: deteniendo la agenda de la Presidenta, pretendiendo que era imposible avanzarla, amagando a senadores bajo premisas falsas e, incluso, en los últimos días, negándose a avanzar en la aprobación de la reforma laboral. Adán no jugaba en equipo, sino para sí mismo.
Es por ello que no debemos confundirnos: Adán Augusto no sale solo por corrupto, sale porque su falta de probidad se conjuntó con su exceso de soberbia.
El coordinador del Senado sale por pensar que podía continuar manejando la bancada a su antojo, jugando soterradamente en contra de la Presidenta y pavoneándose sin recato a pesar de sus escándalos patrimoniales. Sale porque todo esto le colmó el plato a más de uno.
Sin embargo, Adán no sale por la puerta de atrás con su terruño político destruido. No sale con miedo a la justicia. Sale asegurándole a su gente que ellos estarán bien, habiendo negociado el futuro político de Andrea Chávez (según dice, su prioridad) y diciendo, en privado, que la Presidenta se acobardó ante las peticiones de Estados Unidos, que las utilizó de excusa y tantos otros insultos vedados.
La huella de Adán Augusto no desaparece. Su sucesor, Ignacio Mier, es miembro de su grupo político. Hombre de su confianza. Aliado de tiempo atrás. La cuota política que se le dio a Adán Augusto durante la precampaña presidencial, cuando Obrador negoció que él comandaría al Senado, se mantuvo. El pacto quedó íntegro.
Adán Augusto no es menos peligroso fuera de la coordinación del Senado, incluso puede serlo más. Ya sin las miradas y la presión directa de externos y prensa, Adán podrá continuar actuando como bróker político. Posicionando a su gente y teniendo poder.
La operación política de las campañas electorales es la semilla de la putrefacción de la clase política mexicana. Es ahí donde pactan las fuerzas más corruptas y obscuras, atraídas por el dinero y el poder. En el Senado esos pactos ya solo se administran.
Si Adán se dedica, como dijo que hará, a operar las campañas de 2027, el futuro de Morena, su probidad y capacidad de respuesta a los intereses del pueblo no están asegurados.
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