M+.- La batalla electoral del país se ha adelantado y está dándose, no en las urnas, sino al interior de Morena. Varias facciones políticas morenistas que buscan candidaturas en 2027 están inmersas en una cruenta lucha fratricida cuyas armas son plenamente visibles y asombrosamente similares.
En la mayoría de los estados, la lucha se gesta alrededor de un gobernador que intenta heredarle el poder a alguien de su círculo cercano y un grupo de morenistas que escapan a su control. Este último grupo suele provenir de una fractura al interior del equipo del gobernador, del obradorismo original, o de facciones con vínculos a liderazgos nacionales, como Monreal, Ebrard o la propia Sheinbaum.
En todas las guerras internas, el arma más inocua han sido las encuestas a modo. Sondeos de resultados contradictorios que se distribuyen copiosamente en redes sociales y grupos de WhatsApp asegurando la victoria de una u otra facción.
Sin embargo, el arma más prevalente y por mucho más letal han sido los medios.
Sabiéndolo o no, columnas de opinión e investigaciones periodísticas están sirviendo de campo de batalla entre distintas facciones políticas que orquestan filtraciones para vincular a sus oponentes con casos de corrupción, narcotráfico u otros actos políticamente vergonzosos.
Quizá el caso más evidente es el de Baja California, donde filtraciones han dado pie a un reportaje que señala que la senadora del estado, Julieta Ramírez, está siendo investigada por asociación delictuosa en Estados Unidos. Ramírez lo ha negado categóricamente y argumenta, con razón, que el reportaje no ha presentado evidencia contundente de tan severas acusaciones.
Al interior de Morena se especula que el ataque es fuego amigo y proviene de la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, quien desea que la suceda el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño, y no Ramírez.
Del Pilar y Ramírez se distanciaron en el último año y medio. La separación comenzó cuando Ramírez firmó el pliego petitorio de un grupo de personas que se manifestaban contra acciones del gobierno de Del Pilar; subió de tono cuando Ramírez se fotografió con el exgobernador del estado, Jaime Bonilla, quien es enemigo acérrimo de Del Pilar, y terminó de explotar cuando Ramírez no defendió férreamente a Del Pilar ante el escándalo por el retiro de su visa.
Las filtraciones de los vuelos privados de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, también deben leerse como parte de la lucha interna. En este caso, la disputa sucede entre los candidatos cercanos a la gobernadora y al Partido Verde, y las figuras del morenismo tradicional del estado, como Rafael Marín Mollinedo.
El propio Marín también ha sido objeto de reportajes en prensa. La organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad recientemente reveló que uno de sus operadores políticos tenía vínculos con la mafia rumana.
En Michoacán, los contendientes también se llevan pesado. En ese estado, la contienda gira alrededor del favorito del gobernador, el fiscal Carlos Torres, y el senador Raúl Morón, apoyado, entre otras facciones, por el PT. La lucha mediática ha llegado a tal nivel que el dirigente estatal de Morena ha tenido que hacer un llamado público a la cordura y pedir que se detengan.
Baja California Sur se encuentra en una situación similar. La prensa local está plagada de escándalos gestados al interior de la batalla morenista, teniendo por principales contendientes a la favorita del gobernador, Milena Quiroga, contra el alcalde de Los Cabos, Christian Agúndez, que proviene del PT.
Incluso en estados diminutos, como Nayarit, se ha usado a la prensa para ventilar los problemas internos de la sucesión. En este caso, la batalla se está dando entre la alcaldesa de Tepic, Geraldine Ponce Méndez, y el alcalde de Bahía de Banderas, Héctor Santana. El guion es prácticamente el mismo. Un medio local vinculó a Santana y al gobernador del estado, Miguel Ángel Navarro, con el empresario Sergio Carmona, conocido como “El Rey del Huachicol”.
El problema es que en muchos de estos escándalos mediáticos no se cuenta con evidencia de si las filtraciones son o no verdaderas.
El dilema es profundo. Los escándalos descarrilarán las ambiciones de ciertas facciones y llevarán a otras al poder. Sin embargo, lo harán a cambio de haber erosionado la legitimidad de su propio movimiento. En Morena, la competencia de corto plazo está debilitando la competitividad del partido en el largo plazo.