La epidemia de créditos y apuestas por aplicación

Ciudad de México /
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La angustia provocada por no poder cubrir los gastos básicos ni las deudas ha sido una de las grandes arquitectas de la derrota de los gobiernos progresistas en América Latina.

En Brasil, por ejemplo, Bolsonaro Jr. llegará al poder propulsado por la ansiedad financiera de millones de familias que destinaron el dinero de los programas sociales y de los aumentos salariales a pedir préstamos por aplicación, comprar a crédito en tiendas minoristas e incluso apostar.

México haría bien en mirarse en el espejo.

Al igual que en Brasil, nuestro país está permitiendo el crecimiento desordenado y apenas regulado de los préstamos digitales y las casas de apuestas, que bombardean los teléfonos de las personas más vulnerables con anzuelos envenenados.

Créditos a tasas de usura, por montos tan modestos como 200 pesos, están a un clic de distancia y se anuncian con notificaciones por bombardeo. En algunas aplicaciones ya es imposible pedir un servicio sin antes rechazar, en varias ocasiones, ofertas de endeudamiento que prometen depositar dinero en dos minutos.

Así se va gestando una epidemia de deuda de consumo. En los últimos tres años, el número de mexicanos que contrataron créditos mediante aplicación casi se ha cuadruplicado. Si la tendencia continúa, antes de que concluya el sexenio de Sheinbaum, las familias endeudadas con este mecanismo pronto superarán a quienes tienen créditos grupales, automotrices o incluso, de nómina.

Las señales de alerta ya están a la vista. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera, el 12% de las personas con deuda la contrajeron por medio de aplicación. La mayoría de ellas son familias trabajadoras que desconocen qué es un interés compuesto.

A ello se suman las apuestas, cada vez también más presentes en teléfonos. Solo durante el Mundial de futbol, el número de nuevos apostadores creció 75%, según datos de Codere Online. Esto es un problema porque, como ha mostrado la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco, el 6% de las personas que apuestan eventualmente terminan desarrollando una adicción al juego.  

Las autoridades no se atreven a regular adecuadamente estos males sociales, en parte porque, dicen, todavía no son un problema. Su máxima es esperar a que el niño se ahogue para tapar el pozo.

Sin una regulación adecuada, los incrementos salariales que tanto han beneficiado a los trabajadores mexicanos podrían terminar en las arcas de empresas usureras sin escrúpulos. Años de avances en política social evaporados en unas cuantas transacciones digitales.

Eventualmente, cuando las familias comiencen a sentir que trabajan más, ganan más y, aun así, les alcanza menos, difícilmente dirigirán su enojo contra la aplicación o apuesta que los endeudó.

Culparán al gobierno y, por supuesto, dada la falta de regulación, tendrán razón.



  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
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