La orfandad del Poder Judicial

Ciudad de México /

Hace menos de un año, miles de jueces accedieron a sus cargos con la promesa de encabezar un Poder Judicial renovado, progresista, ágil y cercano a la ciudadanía. Hoy, la mayoría de esas promesas yacen incumplidas.

La razón principal es la orfandad en la que opera el Poder Judicial. Es decir, la ausencia de una autoridad que asuma de manera efectiva la tarea de capacitar, orientar y fortalecer las competencias de los nuevos jueces y magistrados.

La falta de liderazgo resulta alarmante.

En el ámbito local, la mayoría de los gobernadores consideró que su responsabilidad concluía con la celebración de la elección judicial. Una vez en funciones, los nuevos jueces locales, los gobernadores bajaron la cortina y procedieron a operar como siempre. Mirando al otro lado.

Así, los poderes judiciales locales siguen desbordados de trabajo y negando de facto el acceso a la justicia a millones de mexicanos.

En el plano federal, el Tribunal de Disciplina se encuentra, en muchas áreas, inoperante y en otras tantas funcionando a paso de tortuga. A meses de su creación, los integrantes del Tribunal continúan hablando en tiempo futuro: “sancionaremos”, “combatiremos”, “contribuiremos”, y una larga lista de buenos deseos. Es como si la campaña aún no hubiera terminado.

Al interior del Tribunal tampoco existe un liderazgo claro para atender lo más urgente: homologar el nivel de formación, capacidad técnica y operatividad de las personas juzgadoras. Hay observatorios ciudadanos que han avanzado más en la sistematización de casos judiciales que el propio Tribunal de Justicia.

Una parte sustantiva del problema radica en el diseño institucional del Tribunal. Al tratarse de un órgano colegiado, nadie parece estar dispuesto a asumir la conducción de los proyectos. No hay estamina, no hay energía, no hay voluntad. La responsabilidad se traslada de unos a otros, en parte por temor y en parte porque nadie quiere ser señalado como el responsable de las decisiones, de las sanciones o el opresor.

El gremio judicial no desea ser sancionado, capacitado ni incomodado por el Tribunal. Y el Tribunal, en el fondo, tampoco quiere confrontarse con el gremio.

Con esta falta de liderazgo tanto el Poder Judicial federal como el local se limitan a mirarse el ombligo. Los gobernadores afirman que ya cumplieron y el Tribunal de Disciplina sostiene que lo hará.

Mientras tanto, la principal víctima colateral sigue siendo el pueblo. Y junto a él, la presidenta Sheinbaum, quien tendrá que dar la cara por un Poder Judicial que fue reformado en el papel, pero que nadie ha asumido la responsabilidad de reformar en la realidad. 

Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.


  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
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