M+.- Al momento de terminar esta columna, todo indica que Colombia habrá elegido al ultraderechista Abelardo de la Espriella como presidente. Un acaudalado abogado privado que promete ser una mezcla entre la cleptocracia de Trump, la torpeza económica de Milei, el nacionalismo racista de Bolsonaro y el encarcelamiento masivo de Bukele.
La pregunta es por qué. El gobierno de izquierda saliente, comandado por el presidente Gustavo Petro, logró sacar a millones de colombianos de la pobreza con reformas laborales, pensionarias y aumentos al salario mínimo. Se hubiera esperado que tales resultados tuvieran eco electoral.
Entender qué pasó es esencial para México, uno de los pocos gobiernos de izquierda que quedan en Latinoamérica, y uno que ha obtenido buena parte de su popularidad debido, precisamente, a reducciones en pobreza.
No basta con argumentar, como se hace en ciertos círculos morenistas, que Petro perdió porque los medios tradicionales, el imperialismo y las élites conservadoras estaban en su contra. Lo estaban, pero en política no sirve ser víctima. Se debe ganar a pesar de todo.
En retrospectiva, es claro que el error más esencial de Petro fue que nunca entendió cómo llegó al poder. La izquierda colombiana llegó al poder con una coalición de aliados frágiles, muchos de ellos conservadores. Algo similar a lo que ocurre con Morena, que ganó su mayoría en alianza con el Partido Verde, un grupo político que no es progresista y que ya ha cantado varios intentos de traición.
Sin embargo, en vez de comprender y aceptar las limitantes de tal alianza —o estratégicamente construir otra—, Petro intentó gobernar a fuerza. Cuando algunas de sus reformas fueron rechazadas, como era de esperarse por el talante de sus aliados, este reaccionó impetuoso, pidiendo la renuncia de su gabinete y decretando situaciones de emergencia.
Los modos de Petro fueron celebrados por la izquierda y sin duda le valieron ciertos éxitos (como el aumento al salario que logró mediante movilizaciones populares), pero no fue valorado por el votante que terminaría determinando el resultado de la elección de ayer: el indeciso de centro.
Entre esos votantes que Petro necesitaba conquistar se generó un profundo rechazo hacia Petro, al cual tildaron de populista y poco profesional. La victoria de De la Espriella se explica más por un voto anti-Petro que por uno en favor de la ultraderecha.
La historia de Petro importa porque en México las facciones de izquierda de Morena también piensan que su ideología es avalada por la mayoría. Sin embargo, la realidad es que lo que llevó a Morena al poder fue un grupo político ideológicamente variopinto y esencialmente pragmático. De no entenderse esto, Morena está en riesgo de cometer el mismo error de Petro: alinear a los votantes que más necesita.
Esto se acentuaría si Morena no escoge buenos candidatos, tal y como sucedió en Colombia. La izquierda colombiana estaba confiada en que la maquinaria gubernamental les daría la victoria y por ello escogieron un candidato parco y poco atractivo como Iván Cepeda. Cepeda nunca confrontó a De la Espriella, ni logró tener redes sociales vibrantes.
Es tiempo de que Morena abra bien los ojos. No se puede gobernar desde la izquierda con aliados que no lo son. Y no hay maquinaria electoral que no pueda ser derrotada. Si Morena desea gobernar desde la izquierda debe crearse aliados de izquierda y dejar de alimentar, por comodidad o pereza, al Partido Verde.
Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.