Modelo Delcy

Ciudad de México /

Hay solo una cosa que Donald Trump prefiere a violentamente imponer su voluntad a otros países. Y es que esos otros países sigan la voluntad de Trump de manera voluntaria: el “Modelo Delcy”.

Le llamo “Modelo Delcy” porque fue implementado por primera vez en Venezuela. Se caracteriza porque la presidenta de aquel país, Delcy Rodríguez, se ha convertido en la mano implementadora de la voluntad de Trump después de que este capturó al expresidente Nicolás Maduro.

Comento el “Modelo Delcy” porque Trump desea que la colaboración mexicana en materia de seguridad tome exactamente este camino. Su mejor escenario es que México se convierta voluntariamente en el implementador de la política de seguridad que él considera conveniente.

En el caso de México, el “Modelo Delcy” se ocultaría bajo el manto de un “tratado de seguridad” que de facto supondría que México tendría que coordinar sus decisiones de seguridad con Estados Unidos. Por supuesto, en una relación extremadamente dispar.

Por supuesto que las Delcys tienen cierto margen de maniobra. Puede retrasar la implementación de ciertas peticiones, pretender que está haciendo algo cuando en realidad hace otra cosa, o incluso mentir. Pero la realidad es que, a la hora de la verdad, cuando Trump presiona, las Delcys responden y le dan lo que busca.

Se engaña quien piensa que un tratado de seguridad permitiría a México mantener su soberanía. Los tratados multilaterales, por definición, son una limitación a la soberanía de los países firmantes.

Es por ello que, la pregunta que debemos hacernos es qué gana México cediendo su soberanía en materia de seguridad ante un Trump que no desea pacificar nuestro territorio, sino solamente demostrar, por motivos electorales, que está golpeando muy duro al crimen organizado.

La respuesta es poco, sobre todo porque, como ha mostrado la historia reciente de México, cuando se golpea muy duro y muy frecuentemente al crimen organizado, este no reacciona pacificándose, sino volviéndose aún más violento. O peor aún, diversificando sus actividades criminales hacia la extorsión o el cobro de piso.

Esto no significa, por supuesto, que México no deba librar una batalla contra el crimen organizado. Debe hacerlo, pero con una estrategia que convenga a nuestro país. Cuyo objetivo sea terminar verdaderamente con el poder del crimen y no solo golpearlo para salir en la foto.

Termino diciendo una cosa: las mejores “Delcys” de todas son las que no saben que son Delcys. Las que piensan que seguir la voluntad de Trump les conviene o las que no pueden imaginar una política distinta a la que Trump propone. Ese es el escenario que, a toda costa, debemos evitar como país.

Y tener algo claro: México no tiene, ni nunca tendrá, el mismo objetivo que Trump en seguridad pública por el simple hecho de que a Trump la seguridad de México lo tiene sin cuidado.


  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
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