'Nearshoring': lo que no va a gustar

  • No es normal
  • Viri Ríos

Ciudad de México /

La expectativa del 'nearshoring' ha llevado a algunos analistas a concluir que en los próximos años México tendrá un boom manufacturero mayúsculo. Esta lectura optimista se ha reforzado por la visita de Biden.

Sin embargo, basta poner atención a los cambios de paradigma económico que están sucediendo rápidamente en EEUU para comprender que el 'nearshoring' no es lo que los analistas mexicanos están anhelando y por el contrario, puede suponer un riesgo importante en el mediano plazo para México. Un riesgo para el que hay que prepararnos.

Para los estadounidenses, el objetivo último del 'nearshoring' no es integrarse con México, sino transitar en el mediano plazo hacia una economía estadounidense mucho más cerrada, donde la mayoría de los bienes y servicios que consume nuestro vecino, se produzcan dentro de sus fronteras. Es decir, el 'nearshoring' es un paso intermedio que mata dos pájaros de un tiro: sustituye a China (el menos deseable de los proveedores) en lo que se transita a producir en EEUU (el más deseable).

El objetivo de EEUU es claro para quien quiera abrir los ojos. Desde la primera semana de su presidencia firmó una orden ejecutiva para promover lo “Hecho en Estados Unidos” y así lograr “traer trabajos manufactureros bien pagados de regreso [a EEUU]”.

La narrativa actual en Estados Unidos es que la globalización debe dar marcha atrás para atraer oportunidades a sus pobres y sus pequeños negocios. Este discurso no es exclusivo de Trumpistas o xenófobos, es prevalente en ambos partidos y es apoyado por editores de los principales medios, analistas políticos de izquierda y derecha, y economistas prestigiados. Es decir, la intención última es el 'reshoring'.

Los analistas mexicanos piensan que EEUU está bromeando y dimitirá del 'reshoring' porque su mano de obra es más cara. Yo no estoy tan segura. Muchos emprendedores ya hablan de usar manufactura aditiva (i.e. impresión 3D) para crear trabajos de manufactura bien pagados y mantenerse competitivos. Por supuesto, se crearían menos trabajos, pero eso no importa: cada uno de ellos sería muy redituable políticamente y contribuiría con el cierre y diversificación interna de la economía de EEUU. En este nuevo paradigma, los trabajos menos deseados no irán a México, sino a migrantes mexicanos viviendo en EEUU con visas temporales, que beneficiarían a empresas de EEUU y pagarían impuestos en EEUU. En este ideal México será un país de remesa no de empresa.

Además, dos terceras partes de los estadounidenses están dispuestos a pagar más por bienes producidos en EEUU y hay toda una nueva generación que no desea que se produzca en países que dependen de energías fósiles, como México.

Por todo lo anterior, si México quiere salir avante de este nuevo orden económico global tendrá que desarrollar una política de mediano plazo para producir bienes finales, con miras a proveer el mercado doméstico y exportar a economías menos desarrolladas que nosotros. Europa ya lo está haciendo y ha detonado de inmediato una política desarrollista para circunscribir las políticas de EEUU. En México, sin embargo, seguimos soñando con que lo que dice EEUU que va a pasar, simplemente no pase.

La pregunta es si México logrará cambiar su modelo de desarrollo a tiempo, o si nos engolosinaremos soñando con el 'nearshoring', pretendiendo que el mundo no cambiará.

viridiana.rios@milenio.com

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