Xóchitl versión 2.0

Ciudad de México /

En varias ocasiones la semana pasada pensé en Xóchitl. La imaginé preocupada, preparándose intensamente para un debate que debía ganar. La presión era enorme. La candidata prometió que en este debate veríamos una segunda versión de ella, la de verdad.

En el primer debate, según declaró Xóchitl, no pudo ser ella misma. Se sintió demasiado presionada por los comentarios de sus asesores y el INE cambió el formato. El mismo INE desmintió que el formato hubiera cambiado, pero no importa. Lo que importa es que Xóchitl nos prometió su versión 2.0.

Xóchitl anunció que tendría un nuevo equipo, que se vestiría como ella deseara (aun en contra de lo que dicen los focus groups) y que no sería “tan educada”.  

Xóchitl versión 2.0 se vio pronta en el segundo debate. Xóchitl llegó en huipil dorado y joyas, con actitud confrontacional, poniendo apodos, llamándole mentirosa a Claudia y violando las reglas acordadas del debate.

Lo que vimos fue una Xóchitl que le habló a su electorado ya no al obradorismo, sino a los suyos. Habló de reducir impuestos, apoyar con dinero público a los empresarios, habló bien de Fox, contó su historia personal y centró todo su tiempo, ya no en contestar las preguntas, sino en hablar de la inflación, la extorsión y la corrupción. La meta era animar a los suyos, ya no cruzar puentes. 

La pregunta es si Xóchitl 2.0 es capaz de darle la vuelta a un marcador donde todas las encuestas le dan a Claudia al menos dos dígitos de victoria.  

Yo pienso que no. De hecho, me parece que argumentar que un “buen debate” hará que la gente cambie de parecer para darle su voto al PRI-PAN es simplemente no entender qué motiva al votante mexicano.  

El votante mexicano está refrendando a Morena, no porque le guste cómo habla Claudia Sheinbaum en los debates, sino porque aprueba la gestión de López Obrador (66 por ciento) y ha visto mejoras sensibles en sus ingresos (i.e. salarios, programas sociales, prestaciones laborales). No importa qué tan buen debate de Xóchitl eso no cambia. 

Hay algo aun más importante. Como ha mostrado el trabajo de Christopher H. Achen, profesor emérito de la Universidad de Princeton, los votantes no deciden su voto por las propuestas, sino por sus lealtades partidistas e identidad social. Llevando esto al terreno de México, lo que importa no es lo que diga Xóchitl, sino si la gente cree en sus partidos y se identifica con ellos. Evidentemente, no es el caso.  

En México ya casi nadie cree en el PRI ni se identifica con ellos. No importa qué diga Xóchitl, la etiqueta del PRI neoliberal que la acompaña es veneno puro. En México, 49 por ciento de la población dice que nunca votaría por el PRI. El rechazo al PRI ha sido absorbido por Xóchitl casi por completo. El 48 por ciento de la población dice que nunca votaría por ella. Esto es enorme. Consideren la otra oposición, Movimiento Ciudadano. En ese caso, solo 7 por ciento nunca votaría por el partido y solo 23 por ciento nunca lo haría por Máynez.

Es por eso que el primer debate no cambió las preferencias en nada. Y es por eso que ni la mejor versión de Xóchitl podría mover la aguja mucho hacia ella. 


Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.


  • Viri Ríos
  • viridiana.rios@milenio.com
  • Política pública con datos. Autora de @NoEsNormalLibro. Podcast #PoliticaYOtrosDatos. Enseño en @HarvardSummer. Harvard Ph.D. / Escribe todos los lunes su columna No es normal
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