Solo grabó un disco como líder, Melba Liston and Her ‘Bones, editado en 1959, cuando tenía 33 años, aunque si se publicara una antología con algunas de sus participaciones en las grabaciones de otros artistas, debería incluir varios volúmenes en los que destacarían, entre muchos, los nombres de Art Blakey y sus Jazz Messengers, los cantantes Dinah Washington, Ray Charles y Betty Carter, el trompetista Dizzy Gillespie, el director de orquesta Quincy Jones, el organista Jimmy Smith y el pianista Randy Weston.
El 13 de enero se cumplirá el centenario de Melba Liston, mujer pionera en el trombón solista de jazz, así como soberbia arreglista y compositora. En un artículo publicado en 2019, David Johnson relata que cuando llegó en los años 40 del siglo pasado a California, “el camino para una mujer que quisiera convertirse en arreglista, compositora e instrumentista en el mundo del jazz no sólo no era fácil, sino que prácticamente era inexistente. Liston perseveró durante una larga vida de logros, convirtiéndose en la primera gran solista femenina en el trombón y en una arreglista de primer orden”.
Como afroamericana tuvo que luchar por encontrar su lugar en una sociedad que, escribe David Johnson: “Trataba a las mujeres con desdén, exclusión y, con frecuencia, abuso sexual”. De ahí que Liston declarara en alguna ocasión: “Tuve que probarme a mí misma como Jack Robinson. La única manera en la que pude sobrevivir fue porque era joven, fuerte y autosuficiente”.
Liston adquirió tal dominio de su instrumento que se convirtió en una figura que llamó la atención de músicos de primera línea. Su gran oportunidad surgió cuando Dizzy Gillespie la llamó para acompañarlo en una gira por el Medio Oriente. Con Randy Weston trabajó a lo largo de cuatro décadas. “Melba es increíble —diría el pianista—. Escucha lo que hago y luego lo expande. Crea una melodía que suena como si yo la hubiera hecho. Es simplemente una gran arreglista”.
Activa como trombonista hasta 1986, cuando sufrió varios derrames cerebrales, tuvo que dejar de tocar. Confinada en una silla de ruedas siguió componiendo y realizando arreglos hasta su muerte en 1999.
Con el trombón, su mejor relación
Varias veces Melba Liston trató de dejar las giras porque no quería dedicar su vida a andar corriendo de un lado a otro con su trombón, pero regresaba. Casada en tres ocasiones, volvía a la música cuando sus relaciones se deterioraban. “Cada vez que intentaba estar casada, dejaba el trombón y sólo era la esposa; cuando regresaba a los escenarios, los cuates decían: ‘Oh, oh, ahí está Melba con su instrumento. Está soltera otra vez’”.