Un tal Lucas, libro de Julio Cortázar que ha sido descrito como un manual contra la solemnidad, también tiene sus momentos solemnes. “Más allá de los cincuenta años empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes. Los grandes magos, los shamanes de la juventud parten sucesivamente”, escribió el alter ego del autor en referencia a las muertes de Louis Armstrong, Pablo Picasso, Igor Stravinski, Duke Ellington y Charles Chaplin.
La desaparición de nuestros ídolos, nuestros guías, nuestros faros nos afecta, nos quita parte de nuestra existencia. Algo así ocurrió con quienes tuvimos la fortuna de convivir con el violinista Alex Fernández Figueroa, quien falleció hace algunos días. La noticia me tomó por sorpresa, me dejó frío, sin habla. Se cortaba sin aviso, una comunicación musical que aunque no fue larga en el tiempo, sí fue muy intensa, productiva, única. Conocí a Alex en casa de la contrabajista Adriana Camacho, cuando se integró a Sociedad Acústica de Capital Variable, grupo fundado por Marcos Miranda. Su impronta quedó marcada en los dos volúmenes de Ecos de un sonido colectivo, en el que rendimos homenaje a nuestros grandes magos, como John Coltrane, Miles Davis, Sam Rivers o Albert Ayler. No sólo fue su musicalidad lo que contribuyó a que se integrara de inmediato a la química del grupo, sino también su siempre imparable sentido del humor, casi siempre ácido.
También en casa de Adriana surgió Ethnic After Jazz Trio, conformado por Marcos, Alex y yo, con el que creamos una música sin fronteras, sin definiciones, libre de ataduras. A las flautas tradicionales, kalimbas, saxofones y otros instrumentos de viento de Marcos se unieron los violines
de cuatro y cinco cuerdas de Alex, así como el ukulele, el bajo eléctrico y el guitarrón de quien esto escribe. Las geografías sonoras fueron continuamente rebasadas en nuestros ensayos y en las grabaciones inéditas que dan fe del paso de un género a otro, de una época a otra. Escuchar a Alex en este contexto me da una profunda tristeza y un gran orgullo por haber sido su cómplice, sensación que comparte Marcos Miranda.
Un hombre sin ataduras
Lo mismo recuerdo a Alex conx un trío tocando música judía que con la cantante Jaramar, en La Forja, grupo de flamenco de Daniel Rivadeneyra, o en una sesión de free jazz, para más adelante escucharlo con un concierto de música contemporánea. Sin duda fue un músico sin ataduras.