M+.– Smith es un apellido bastante común, pero si va antecedido del nombre Patti, las cosas cambian, pues corresponde a una de las glorias de la música popular del siglo XX y lo que va de éste. En tres ocasiones hemos constatado su fuerte presencia escénica. En 2012 presentó un volcánico concierto en el Museo Anahuacalli. En 2017 fue acompañada por el guitarrista Lenny Kaye en una trepidante lectura de poesía en la Casa del Lago Juan José Arreola. El año pasado, con el grupo Soundwalk Collectiva ofreció el performance de atmósferas alucinantes Correspondences en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. En las tres ocasiones las expectativas de sus seguidores y, por supuesto seguidoras, fueron plenamente cumplidas.
En su presentación en el Anahuacalli volvió a hacer suya “Gloria”, la canción de Van Morrison, que tan famosa se volvió en la voz de Jim Morrison, para crear uno de los momentos más emotivos de su primera presentación en México. En el momento indicado, un coro multitudinario coreaba, una tras otra, las letras del nombre: G, L, O, R, I, A, para luego estallar en un grito colectivo, como de guerra: “¡Gloooria!”. Fue una noche de gloria en la que se vivió un sentimiento colectivo de hermandad que la música puede lograr cuando hay una entrega como la del ejército de la comandante Smith y su lugarteniente de tantos años, Lenny Kaye, y su guitarra solidaria.
Quienes pensaban encontrarse con un espectáculo conservador, cumplidor, dado que su época de éxito masivo había sido en los 70, se maravillaron al toparse con esta mujer indoblegable, capaz de sostener la emoción durante casi dos horas y llevar al público a cimas de paroxismo. Con 65 años a cuestas, profusamente vividos, con sus pérdidas y ganancias, con sus miserias y grandezas, Patti Smith se mostró real y reales fueron su música y su poesía. “Sí, va a aguantar la hora y media, pinche energía”, dijo alguien en el espacio destinado a los fotógrafos.
Patti Smith forma parte de una estirpe que proviene de muchas fuentes, pues como declaró en la conferencia previa a su concierto en el Anahuacalli, “somos como un río que empezó, quien sabe, podría ser con Raffaello, Mozart, Arthur Rimbaud... El punk es un estado mental, es un sentido de libertad y abrazar lo nuevo sin fronteras: The MC5, The Stoodges, todos somos parte de una corriente continua. Creo que ahora las nuevas generaciones la redefinirán. Para mí no pertenece a nadie, es de la gente; este movimiento fue una reacción contra la corporativización de la voz cultural. La gente que toca en las calles o en sus garajes, gente que no conocemos, son la esencia –para mí– del llamado movimiento punk que seguirá su curso, como el río”.
Si en el museo el público fue intergeneracional, cinco años después la Casa del Lago lució abarrotada por jóvenes, algunos de los cuales habían llegado a las seis de la mañana para alcanzar lugar para el espectáculo Hecatomb. Sesiones del Café La Habana. Poesía en Voz Alta. Comenzó su ritual de música y poesía con la letra, recitada, de “People Have the Power”, canción emblemática, escrita con su segundo esposo, Fred Sonic Smith, ya fallecido, a quien recordó con afecto. Luego vino una hermosa remembranza de su primera pareja, el fotógrafo Robert Mapplethorpe, también fallecido, con la lectura de un fragmento de Just Kids, su libro de memorias.
Luego de “Dancing Barefoot”, otro sus éxitos, y “Grateful”, dedicó “My Blakean Year” a los Detectives salvajes, en alusión a la novela de Roberto Bolaño que tiene como escenario la Ciudad de México y lugares como la Casa del Lago. Después de una sentida versión de “Can’t Help Falling In Love”, anunció: “Esta pequeña canción es para todos”, para entonar, coro colectivo incluido, “People Have the Power”. Terminó el concierto y todos contentos: pensando, con Patti Smith, septuagenaria vital a la cabeza, que todavía hay gente con el poder de imaginar.
Más sosegada fue su tercera visita, cuando leyó algunos textos y poemas, acompañada por la desafiante propuesta sonora de Soundwalk Collective y una serie de experimentos visuales en donde lo mismo abordó la problemática mundial, como la hambruna y el cambio climático, que el duelo por la pérdida de los seres queridos o el esplendor de la naturaleza. Sabedora de que hay que satisfacer a quienes han seguido su carrera en la música, acompañado por Lenny Kaye cerró el espectáculo con una conmovedora versión de “Because the Night”, canción que escribió con Bruce Springsteen.
Y además
Un poema para el Museo Anahuacalli
Cuando se presentó en el Museo Anahuacalli, Patti Smith regaló un poema al espacio que tanto le conmovió, así como en reconocimiento a Frida Kahlo y Diego Rivera, artistas que ha adorado desde que era joven.
Las mariposas de Noguchi
No puedo caminar
No puedo ver
Más allá de lo que está enfrente de mí
Me recuesto aunque no lloro
Me transporto en el espacio por las mariposas.
Sobre mi cama
Otro cielo
Con las alas que enviaste
A mi vista
Todo el dolor se disuelve en otra luz
Transportada a través del tiempo por la mariposa
Me llegó esta cancioncita
Como un pequeño regalo,
Mientras estaba parada junto a la cama de Frida.
Se las regalo con mucho amor.