Totó la Momposina

Ciudad de México /

De Totó la Momposina, gloria de la música popular colombiana fallecida el 17 de mayo a los 85 años, me queda el recuerdo de una entrevista tan fascinante como su canto, cálida como su sonrisa y cadenciosa como sus canciones. En 2011, antes de su presentación en el Auditorio Nacional, declaró que toda su vida había sido una “estudiante de la música” y que, aunque había recibido reconocimientos en todo el mundo, seguía “en la búsqueda de un espacio en el infinito”.  La cantante revigorizó la música popular de herencias indígena y africana con una propuesta que arrancaba sonrisas lo mismo al niño que apenas tenía contacto con la vida, que a un escritor como Gabriel García Márquez, quien no dudó en llevársela a Oslo para que lo acompañara a recibir el Premio Nobel de Literatura. 

Con toda seriedad, en aquella entrevista declaró: “Primero que nada, canto para Dios. Le canto al Universo, pero también a todos los habitantes del Universo, a los que estamos aquí en la Tierra. Para eso canto, porque vine al mundo a hacer eso. Tú sabes que uno canta no para ser famoso, no para ser estrella; solamente uno se prepara para que esa música salga, en lo posible, lo más perfecta que se pueda”. 

También se declaró defensora de la cualidad multiétnica de la música de América. “En estos tiempos de globalización —advirtió— debe conservarse esa parte multiétnica, cada cultura con su propio sentimiento y con tolerancia por el otro. Por ejemplo, nosotros tenemos la boca grande, así que también pronunciamos las vocales grandes. Por eso, cuando un negro no habla fuerte decimos: a ese negro le falta algo, le está fallando algo”, aseguró entre carcajadas. 

Y por supuesto, pregonó el poder curativo de la música, pues con ella, aseguró, “cuida a las personas, porque les entrega salud, alegría y estabilidad, que es lo más importante. La música limpia el alma y limpia los corazones a todos los pueblos, porque la música no tiene color político ni distingos de raza social. Los pajaritos cantan en todas partes del mundo, aunque cantan de acuerdo con su región”. 

CODA

Sin derecho a desafinar

Totó refería que al ser vulnerables como seres humanos, en el escenario podrían ocurrir percances. “La gracia es que cuando uno hace música de la identidad puede improvisar de acuerdo con las circunstancias. A lo que uno no tiene derecho es a cantar desafinado, porque estos dones de la armonía musical son algo físico y tienen que estar, en lo posible, perfectos”. 


  • Xavier Quirarte
  • xavierquirartenuevo@gmail.com
  • Es autor de Ensayos de jazz y literatura (Editorial Doble A), es coautor de Por amor al sax y John Coltrane. Periodista especializado en jazz, rock y música contemporánea, sus textos han aparecido en los periódicos El Nacional, La Crónica y Milenio, y en revistas como Casa del Tiempo, Rock y Pop, Sólo Jazz & Blues, Círculo Mixup, La Mosca en la Pared, Cine Premier, Dos Filos, Sacbé y otras
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