100 de José Alfredo, 83 del IMSS

Ciudad de México /

El 19 de enero de 1943 nació el Instituto Mexicano del Seguro Social. Para entonces, un joven guanajuatense llamado José Alfredo Jiménez, que también nació un 19 de enero, había dejado, allá nomás tras lomita, Dolores Hidalgo; tenía 17 años y, en un cuarto de la colonia Santa María la Ribera, aún no sabía que iba a escribir algunas de las canciones que mejor explicarían lo que somos como país.

Uno nació como institución. El otro desde la intuición.

José Alfredo no estudió música ni conocía la métrica clásica pero tenía algo igual de poderoso: oído. Escuchó cómo hablaba el país, cómo respiraban sus penas, cómo se decía lo importante. Por eso sus versos entran sin esfuerzo en la memoria y se quedan para siempre.

El IMSS nació de otra vocación igual de profunda, y también del diseño de otro guanajuatense, Ignacio García Téllez, convocado por el presidente Cárdenas. Estaban convencidos de que la enfermedad, los accidentes de trabajo o la vejez no podían seguir siendo un destino individual. Que había que convertir la fragilidad personal en responsabilidad colectiva. Pasar del “cada quien como pueda” al “que nadie se quede solo”.

A 83 años de su fundación, vale la pena recordar que el IMSS no nació de golpe ni de manera homogénea.

Nació muchas veces. En 1945 en Puebla; en 1947 en Veracruz; en 1948 en el Estado de México; en 1956 en Chiapas; por citar solo algunos casos. Ciudad por ciudad, pueblo por pueblo, se fue extendiendo por todo el país para acortar distancias.

José Alfredo escribió con una claridad que duele: las distancias apartan las ciudades, las ciudades destruyen las costumbres. Esa frase no habla solo de amor o abandono. Es imposible no pensar en un país en el que, durante mucho tiempo, enfermarse significó irse lejos: dejar la casa, el trabajo, la familia, la lengua, la comunidad. Migrar hacia donde estaba la atención médica.

El IMSS nació, precisamente, para combatir esas distancias: las físicas pero también las sociales. Para acercar los servicios de salud a las personas y no obligar a las personas a ir detrás de ellos. Para que ninguna ciudad tuviera que destruir las costumbres de nadie.

Por eso, en el centenario de José Alfredo y en el 83 aniversario del Seguro Social, hemos asumido un compromiso muy concreto y profundamente humano: Cero Traslado. Que nadie tenga que desplazarse de donde vive para recibir atención médica. Que la salud llegue a todas y todos los mexicanos. Nos mueve una convicción de la presidenta Claudia Sheinbaum: la prosperidad y el bienestar deben ser compartidos.

Durante décadas nos dijeron que lo público no funcionaba, que era caro, lento, ineficiente. Que el Seguro Social no tenía futuro. Pero el país real nunca dejó de creer en lo que es común a todos. Por eso sobrevivieron las canciones de José Alfredo. Por eso sobrevivió el IMSS. Porque son del pueblo de México, le dan identidad y sentido de pertenencia.

José Alfredo le puso palabras al dolor compartido. El IMSS le puso estructura, derechos y acompañamiento. Y por eso hoy podemos decir que el Seguro Social vive su mejor momento, porque sigue siendo una manera de afirmar, desde el Estado, que la vida importa más allá del código postal de cada mexicana o mexicano. Que la salud es un derecho. Y que hay distancias que no deben existir.

Hay cosas que los mexicanos sabemos de memoria: que nadie como José Alfredo para acompañarnos en las buenas y en las malas; y que nadie como el IMSS para darnos la certeza de que, cuando más se necesita, está ahí; el águila, una madre y su regazo.


  • Zoé Robledo
  • Director general del IMSS, escribe todos los martes su columna "¿Qué hicimos?" en Milenio diario
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