¡Le ganamos a Musk! Lo dije hace unas semanas en Nuevo León, porque a diferencia de su Gigafactory, concluimos en menos de un año la estructura del Hospital Regional de Especialidades del IMSS en Santa Catarina: 50 mil 635 metros cuadrados.
Pero hay otra competencia más importante que construir rápido: atender igual. Empresas como Tesla estandarizan procesos para garantizar la misma calidad en cualquier parte del mundo. En salud pública, ese es el verdadero desafío.
Y le volveremos a ganar. En 2025, el sector salud homologó y adoptó los Protocolos Nacionales de Atención Médica (Pronam) para que la atención sea la misma en cualquier parte de México.
Son 12: diabetes tipo 2 y síndrome metabólico; enfermedad renal crónica; obesidad y sobrepeso; hipertensión arterial; los primeros mil días de vida; vacunación; diagnóstico temprano de cáncer infantil; retinoblastoma; linfoma de Hodgkin en niñas, niños y adolescentes; leucemia linfoblástica aguda en las infancias; cáncer de mama, y dengue.
Doce prioridades y una pregunta: ¿pueden prevenirse, diagnosticarse y tratarse con el mismo estándar en todo el país? La respuesta es sí.
Durante décadas, el sistema de salud no sólo estuvo fragmentado entre instituciones, sino en la forma de atender. Protocolos, criterios y decisiones distintas. Dependiendo de dónde te atendías era como te atendían.
Los Pronam corrigen eso. Son generales, basados en evidencia científica y resultado del trabajo de todo el sector. Para su elaboración, el IMSS aportó su experiencia clínica —la más grande del país—, sus Guías de Práctica Clínica y un grupo de expertos, médicos investigadores de primer nivel. Con un objetivo: que una persona reciba la misma atención, con los mismos criterios clínicos, sin importar su derechohabiencia o lugar de residencia.
Y cambian el enfoque. Durante mucho tiempo la atención se concentró en el hospital, cuando la enfermedad ya había avanzado. Hoy el acento está en el primer nivel, donde una decisión a tiempo cambia el curso: una diabetes mal atendida termina en insuficiencia renal; una hipertensión no controlada, en un evento cardiovascular; un diagnóstico tardío en hospitalización o discapacidad. Eso que hoy satura al sistema.
Atender bien desde el inicio evita el sufrimiento y ordena la operación. Por eso los Pronam no son sólo una política clínica. También son una decisión financiera. Un ejemplo: antes, el tratamiento de la diabetes iniciaba de forma casi automática con el mismo medicamento para todas las personas. Hoy las médicas y médicos pueden indicar terapias más adecuadas, incluyendo fármacos de la familia GLP-1, como la semaglutida, que no sólo controlan la glucosa, también ayudan a reducir el apetito y protegen otros órganos como el corazón y el riñón. Puede parecer más costoso en el corto plazo, pero evita complicaciones graves en el futuro.
En el IMSS iniciamos la prescripción razonada. Redujimos las claves del catálogo de medicamentos —de 7 mil 764 a 6 mil 665— para incorporar mejores tratamientos. Y optimizamos consumos con inteligencia artificial. Esto se traduce en eficiencias en el gasto para invertir donde más se necesita.
Si en la primera entrega hablamos de integrar instituciones y en la segunda de integrar información, hoy hablamos de integrar decisiones. Ese es el paso decisivo hacia el Servicio Universal de Salud. Porque universal no es sólo que te atiendan en cualquier lugar. Universal es que te atiendan igual. Con el mismo estándar de calidad. Ese es el sentido de los Pronam. Y ese es el camino para que el derecho a la salud deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad efectiva para todas y todos.