• Casa Frida, el refugio donde más de mil mexicanos LGBTQ+ escapan cada año de la violencia

  • La Casa Frida ha aumentado la captación de víctimas de desplazamiento de origen extranjero.
México /

M+.- Cuando regresó a México, con escasos recursos y después de vivir algunos años en Canadá, Carlos Medina, de 42 años, sabía que no podría reconstruir los vínculos con su familia. El rechazo que enfrentó desde joven por ser gay seguía presente. Sin una red de apoyo y en medio de conflictos familiares que se agudizaron tras la muerte de su madre, terminó viviendo una situación de vulnerabilidad que lo llevó a buscar ayuda.

Fue así como llegó a Casa Frida Refugio LGBTQ+ hace menos de dos semanas. Esta organización brinda refugio y acompañamiento integral a personas de la diversidad sexual y de género que han tenido que abandonar sus hogares por distintas formas de violencia.

El caso de Carlos no es aislado. Entre mayo de 2020 y febrero de 2026, esta red de apoyo ha atendido al menos a 7 mil 700 personas, un promedio de mil 200 casos al año.

Aunque Casa Frida surgió en respuesta a las violencias que sufrió la comunidad LGBTQ+ durante la pandemia de covid-19, seis años después el flujo de personas que requieren protección no ha disminuido.

Con sedes en Ciudad de México, Monterrey y Tapachula, la organización documenta historias marcadas por el rechazo familiar, la discriminación, la violencia institucional y la exclusión social.

Casa Sofía brinda refugio temporal y acompañamiento a personas LGBT+ | Foto: Especial
“En estos seis años hemos atendido a más de 7 mil 700 personas. El dato más importante es que las causas que originaron la creación de Casa Frida no sólo permanecen, sino que se han complejizado. Seguimos viendo a personas que se ven obligadas a salir de sus hogares o de sus comunidades para salvaguardar su integridad y su vida”, explica a MILENIO Mariana de la Cruz, directora de Desarrollo Institucional de Casa Frida.

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La historia de Casa Frida

La organización ha identificado un cambio en la dinámica de movilidad. Si en sus primeros años la mayoría de las personas atendidas eran mexicanas, víctimas de desplazamiento forzado interno por rechazo y violencia, actualmente una proporción importante corresponde a extranjeros que han sido desplazados de sus países por contextos semejantes.

“La pandemia evidenció muchas desigualdades, pero las personas LGBTQ+ ya enfrentaban estas violencias antes. Lo que hizo [la crisis sanitaria] fue profundizarlas. Y hoy seguimos observando que persisten las mismas causas estructurales que obligan a las personas a huir”, señala.

Carlos conoce esa realidad. Desde la adolescencia sufrió rechazo por parte de su familia debido a su orientación sexual. Durante años mantuvo distancia con algunos de sus familiares y, cuando regresó a México, las tensiones reaparecieron. Sin un entorno seguro y con una situación económica precaria, encontró en Casa Frida un espacio de acompañamiento y una alternativa para comenzar de nuevo.


Comunidad LGBTQ+ sufre en dos frentes 

La experiencia de Carlos forma parte de un fenómeno que continúa afectando a miles de personas de la diversidad sexual y de género. De acuerdo con los registros de Casa Frida, la principal causa de desplazamiento corresponde a las violencias sistémicas o estatales, que representan 31.2 por ciento de los casos atendidos.

Le siguen las violencias familiares asociadas al rechazo, con 23.7 por ciento, y la violencia social vinculada a la discriminación, con 19.9 por ciento.

También figuran factores como la inaccesibilidad a derechos, la persecución política y dinámicas del crimen organizado, la inseguridad alimentaria, las llamadas terapias de conversión y la violencia ejercida por parejas o exparejas.

“Cuando hablamos de desplazamiento de personas LGBTQ+, muchas veces pensamos únicamente en quienes cruzan fronteras, pero existe una movilidad forzada interna que sigue siendo invisibilizada. Hay personas que tienen que abandonar sus estados, sus municipios e incluso sus propias casas porque permanecer ahí representa un riesgo para su integridad”, apunta De la Cruz.

En el caso de Carlos, el rechazo comenzó desde años atrás. Incluso fue sometido a prácticas que buscaban modificar su orientación sexual. Con el tiempo decidió alejarse y construir una vida fuera del país, pero al volver a México se encontró nuevamente con un entorno hostil y sin redes de apoyo que le permitieran enfrentar la crisis que atravesaba.

El refugio Casa Sofía recibe a personas mexicanas y extranjeras que han tenido que abandonar sus hogares | Foto: Especial

Para la directora de Casa Frida, el contexto actual también ha contribuido a recrudecer estas expresiones de violencia.

“Estamos viendo cómo ciertos discursos de odio se han legitimado. Hay una narrativa que cuestiona la existencia y los derechos de las personas LGBTQ+, y eso termina permeando en las familias, en las instituciones y en distintos espacios sociales. El rechazo familiar sigue siendo una de las principales razones por las que muchas personas llegan con nosotros”, insiste.
Detrás de cada caso, existe una historia de exclusión que generalmente comienza mucho antes del desplazamiento. “No es que las personas decidan irse por voluntad propia. Lo hacen porque quedarse implica exponerse a más violencia. Nadie tendría que elegir entre permanecer en su hogar o proteger su vida”, confirma la especialista.

Actualmente, 34.9 por ciento de los casos corresponde a población mexicana en situación de movilidad | Foto: Ariel Ojeda

Casa Sofía recibe en su mayoría a mexicanos 

Durante los primeros años de operación, únicamente en la Ciudad de México, la mayoría de las personas atendidas por Casa Frida eran del país. 

Actualmente, 34.9 por ciento de los casos corresponde a población mexicana en situación de movilidad, siguiendo la misma tendencia que la organización relaciona con dinámicas de desplazamiento forzado interno provocadas por contextos de violencia y exclusión.

“Gracias a las sedes en Monterrey y Tapachula, ahora atendemos a personas que vienen de Centroamérica o del Caribe, pero cada vez más mexicanas y mexicanos que se ven obligados a salir de sus comunidades o de sus estados porque ya no cuentan con condiciones mínimas para vivir con seguridad”, informa Mariana de la Cruz.

Del total de personas atendidas, las comunidades más representadas corresponden a gays, con 63.5 por ciento de los casos; lesbianas, con 21.8 por ciento; y mujeres trans, con 17.3 por ciento. Asimismo, entre las nacionalidades extranjeras más atendidas destacan Honduras, Cuba, Venezuela y El Salvador.

“México se ha convertido en un país de origen, de tránsito y también de acogida. Pero eso implica enormes retos porque las personas llegan después de haber vivido experiencias muy complejas, muchas veces con afectaciones emocionales, económicas y con una ruptura total de sus redes de apoyo”, dice la directora.

Carlos forma parte de esa población mexicana que tuvo que empezar prácticamente desde cero. Tras regresar al país, vivió en hostales, pero en algún momento se quedó sin un centavo, sin ningún amigo que le echara la mano. Ve su llegada a Casa Frida, donde tiene un techo y acompañamiento psicológico, como una posibilidad de recuperar cierta estabilidad.

“Yo me sentía completamente perdido. Llegó un momento en el que ya no sabía qué hacer ni con quién acudir”, admite.

Para Casa Frida, uno de los principales desafíos consiste en combatir la idea de que estas violencias son hechos aislados.

“Lo que vemos son patrones que se repiten. Hay personas que fueron expulsadas de sus hogares, otras que sufrieron violencia en las escuelas, en sus centros de trabajo o en instituciones públicas. Son experiencias acumuladas que terminan empujándolas al desplazamiento”, indica De la Cruz.

En Casa Sofía, dan refugios a migrantes que buscan iniciar una nueva vida en un país diferente | Foto: Octavio Hoyos

Desplazados buscan reconstruir su vida

A seis años de su creación, Casa Frida reporta que, más allá del refugio temporal, el objetivo es generar condiciones para que las personas recuperen su autonomía. 

De acuerdo con sus registros, 61.1 por ciento de quienes concluyen sus procesos egresan con estabilidad habitacional; 46.7 por ciento logra fortalecer sus redes de apoyo y 34.1 por ciento reporta una mayor percepción de seguridad.

En los refugios algunas decenas de usuarios pueden vivir y dormir el tiempo necesario, pero a la mayoría se da acompañamiento de manera externa. 

“Lo importante es que las personas puedan recuperar un proyecto de vida. Nadie debería verse obligado a abandonar su hogar por ser quien es, pero cuando eso ocurre buscamos que tengan herramientas para reconstruirse y ejercer sus derechos”, precisa De la Cruz.

La directora sostiene que, pese a los avances en materia de reconocimiento legal, persisten expresiones de violencia y exclusión que siguen afectando a la población LGBTQ+.

“Todavía tenemos una deuda enorme como sociedad. Los derechos existen en muchos ámbitos, pero eso no significa que las personas vivan libres de violencia. Seguimos viendo expulsiones de los hogares, discriminación y barreras para acceder a oportunidades”.
Casa Sofía les da a una segunda oportunidad a las personas de la comunidad LGBTQ+ víctimas del desplazamiento  | Especial

En medio de ese panorama, Carlos tiene entre sus planes inmediatos encontrar empleo y recuperar la independencia que perdió en los últimos años. Aunque el camino no ha sido sencillo, asegura que el acompañamiento recibido le permitió volver a mirar hacia adelante.

“Sentía que todo estaba perdido, pero llegar aquí fue como encontrar un rayito de luz. Me ayudó a entender que todavía podía empezar otra vez”, expresa.

Para Mariana de la Cruz, esa posibilidad de comenzar de nuevo es precisamente lo que está en juego detrás de cada historia.

“Cuando una persona LGBTQ+ se ve obligada a huir, no sólo pierde una casa. Muchas veces pierde a su familia, a sus amistades, sus ingresos y su comunidad. Por eso es tan importante entender que detrás de las cifras hay personas que están tratando de recuperar algo tan básico como vivir con dignidad”, concluye

RM

  • Guillermo Rivera
  • Guionista y periodista. Autor de investigaciones y crónicas que se han publicado en diversos medios, como 'Milenio' y Televisa. Reconocido dos veces con el Premio Nacional de Periodismo (2016 y 2023) y nominado al Premio Gabo.

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