• Gobernanza del CJNG: las claves detrás del imperio criminal de ‘El Mencho’ en México

  • Bajo el liderazgo de Nemesio Oseguera Cervantes, el Cártel Jalisco Nueva Generación se convirtió en la única organización delictiva en marcar presencia en cada uno de los 32 estados, de acuerdo con la DEA.
Ciudad de México /

Nemesio Oseguera Cervantes cayó. No obstante, antes de que su deceso fuera confirmado por fuerzas federales, El Mencho se encargó de que cuatro letras cambiaran el hampa de México para siempre. Las siglas del Cártel Jalisco Nueva Generación se arraigaron, de forma violenta y abrupta, en la cotidianidad de decenas de comunidades que han quedado atrapadas en sus dinámicas de expansión, de control territorial e incluso de imposición de reglas o restricciones que se han englobado en un solo concepto: gobernanza criminal.

En mayo de 2025, la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) plasmó en su informe anual un mapa para indicar las zonas en donde se documentó la presencia de la organización criminal fundada y encabezada hasta el pasado domingo 22 de febrero por el también llamado Señor de los Gallos. En mayor o menor intensidad, un tono azul coloreó cada uno de los 32 estados que componen la República Mexicana.

Presencia del CJNG en México | DEA

Si bien la existencia de otras organizaciones delictivas en México ha impedido que el Cártel Jalisco Nueva Generación consolide un dominio absoluto, este sí se convirtió en la primera empresa criminal en expandir sus tentáculos y operaciones a lo largo y ancho del país, un suceso que tiene múltiples explicaciones.

"El posicionamiento de este cártel lo podemos visualizar en un contexto de una transformación del poder de grupos criminales en México, la diversificación de actividades criminales y de drogas [...] Estamos hablando de una capacidad de despliegue de poder que se magnificó en el transcurso de 12, 14 o 15 años, a lo que se sumó la fragilidad institucional que priva en México", razonó Isaac Enríquez Pérez, Doctor en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid en entrevista con MILENIO.

El también sociólogo por la UNAM precisó que la existencia del también llamado cártel de las cuatro letras es resultado de una dinámica de reconfiguración de las organizaciones criminales en México dada desde el debilitamiento que se extiende desde finales de los años noventa de la llamada Federación que narcotraficantes sinaloenses intentaron conformar.

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El origen del CJNG se ubicó en el Cártel del Milenio, pasó por los llamados Matazetas, y posteriormente se convirtió en una empresa criminal que se posicionó no solo en el país, sino que también tiene una proyección internacional en los cinco continentes. Alcanzar ese nivel de macrocriminalidad les fue posible por características que, en conjunto, los diferencian de cualquier otra organización delictiva que haya operado en el país.

El modelo de franquicia

'El Mencho', líder del CJNG | Especial

Para comprender las dimensiones operativas del Cártel Jalisco Nueva Generación resulta necesario observarlo con una mirada financiera y situarlo como lo que es: una empresa criminal, pero empresa. La agencia antidrogas estadounidense describe su estructura como la de un modelo de franquicias que, aunque operan bajo un mando único, tienen apertura a tomar decisiones independientes.

En palabras del Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Isaac Enríquez Pérez, la desconcentración de operaciones en la logística criminal tiene implicaciones en cuanto al control más extendido del territorio ya que las actividades delictivas o los mismos integrantes de la organización se incorporan a las poblaciones en donde, incluso, generan mecanismos de legitimidad.

"En términos operativos es una organización criminal que trabaja a partir de ese régimen de franquicias, pero finalmente para que toda organización criminal funcione requiere de una centralización de las decisiones", precisó el académico en entrevista con MILENIO.
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En el caso específico del Cártel Jalisco Nueva Generación dichas decisiones yacen en la cúpula de la organización, un espacio en su organigrama que ocupó Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, seguido de líderes de muy alto rango entre los que incluso se encuentran miembros de su familia.

Entre los que destacan se encuentran su hijastro Juan Carlos Valencia González, alias El 03; su yerno Julio Alberto Castillo Rodríguez, mejor conocido como El Chorro; o su principal jefe de seguridad identificado como Audias Flores Silva, El Jardinero.

A su vez, debajo de dichos liderazgos se ubican líderes regionales o lugartenientes que, aunque responden a órdenes directas, también son capaces de coordinar a miembros de mediano y bajo rango como jefes de plaza o tropas de sicarios. Es precisamente en esta parte de la estructura del CJNG, donde se percibe la desconcentración de actividades, la cual dota a sus franquicias de cierto grado de independencia para operar en miras de distintos objetivos como, por ejemplo, combatir a organizaciones criminales, hacer negocios o confrontar a las autoridades que les persigan.

Audias Flores Silva es uno de los líderes de alto rango del CJNG | DEA

Dicha flexibilidad en las células que conforman al cártel de las cuatro letras quedó exhibida con el testimonio que José Antonio Torres Marrufo, alias El Jaguar, rindió en el marco del juicio que Rubén Oseguera González -hijo de El Mencho- enfrentó en Estados Unidos. La declaración del ex jefe de sicarios del Cártel de Sinaloa, recuperada por el periodista Angel Hernández para MILENIO, describió una serie de negociaciones entre células de ambas organizaciones criminales que, pese a ser consideradas como rivales, hicieron negocios en Ciudad Juárez, Chihuahua.

El contacto directo con las poblaciones donde infunden mecanismos de miedo es otra de las ventajas que le supone una presencia diseminada al Cártel Jalisco Nueva Generación:

"Esa desconcentración de las operaciones y la logística de las organizaciones criminales lleva a que los liderazgos sean de más bajo perfil y muchas veces que sean imperceptibles al análisis, a la investigación, incluso judicial", abundó Isaac Enríquez Pérez, Doctor en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid.

La diversificación de actividades criminales y el sistema financiero

Evidencia del tráfico de armas vinculado a 'Chayo' del CJNG | DOJ

Parte del amplio portafolio criminal con el que cuenta el Cártel Jalisco Nueva Generación tomó rostro y nombre en una de sus operadoras que recientemente se convirtió en la primera mexicana acusada en Estados Unidos de brindar apoyo material a una organización terrorista: María del Rosario Navarro Sánchez.

Sobre Chayo -como es mejor conocida- pesan cargos relacionados con el tráfico de drogas, pero también con el de armas de fuego y migrantes, así como con el contrabando de grandes cantidades de dinero en efectivo, según da cuenta la acusación formal presentada en su contra en una corte del Distrito Oeste de Texas consultada por MILENIO.

Además de haberla consolidado como una operadora logística de alto rango en el cártel de las cuatro letras, casos como el de María del Rosario Navarro Sánchez exhiben cómo la organización delictiva no solo diversificó desde años atrás su catálogo de narcóticos al sumarse a la producción de drogas sintéticas como las metanfetaminas y los opioides como el fentanilo, sino que también extendió su influencia a otras economías ilegales, aunque también a las legales.

"Organizaciones como esta de Jalisco Nueva Generación extienden sus tentáculos al tráfico de migrantes, extorsión, el robo de combustibles fósiles [...] hacen presencia en jaripeos, en rodeos controlando la comercialización de alcoholes, de boletaje [...] Hay una infinidad de ramificaciones de estas actividades ilícitas que se pueden usar también con la finalidad de blanquear recursos de procedencia ilícita en niveles pequeños en las comunidades, en las regiones pero que se puede magnificar en múltiples actividades del ramo legal y a escala nacional", explicó el especialista.
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Las operaciones financieras del Cártel Jalisco Nueva Generación han sido su clave desde el origen. Mientras que Nemesio Oseguera Cervantes se encargó de encabezar el músculo de la organización, fueron sus cuñados -conocidos como Los Cuinis- quienes jugaron un rol indispensable en la administración de sus recursos de procedencia ilícita.

De acuerdo con investigaciones del Departamento del Tesoro, a través de meticulosos esquemas de lavado de dinero, Los Cuinis y el Cártel Jalisco Nueva Generación lograron inyectar capital de procedencia ilícita a múltiples negocios de giros legales en México como, por ejemplo, inmobiliarias, gasolineras, constructoras, casas de cambio, servicios turísticos, casinos y, en casos más recientes, hasta en carteras de criptomonedas.

Los alcances financieros del cártel de las cuatro letras les permiten costear sus actividades criminales. Desde la compra de cargamentos, armas o precursores químicos hasta el pago de nóminas de sus integrantes o de actores políticos cooptados.

La debilidad institucional

Diego Rivera Navarro, alcalde de Tequila, fue detenido por vínculos con el CJNG. | Especial

Ninguna organización criminal puede crecer y operar a los niveles que ha alcanzado el Cártel Jalisco Nueva Generación sin la complicidad de actores que desde el gobierno han construido su poder. Según explicó a MILENIO el Doctor en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid, Isaac Enríquez Pérez, a lo largo de los años ha sido el mismo Estado el que ha tenido la capacidad de organizar la criminalidad.

"Cuando decimos que existe una debilidad institucional, no queremos decir que las organizaciones criminales se impongan al Estado, que sean más poderosas que el Estado; no es así. Es el Estado, sus distintos agentes, coludidos con estos macro intereses que van más de las escalas nacionales, que se vinculan a los mercados financieros, que se vinculan a los grandes bancos dedicados al lavado de activos [...]Esos agentes del Estado son los que le dan vida a estas organizaciones criminales", precisó el académico.

Aunque no es el único caso, dicha colusión de actores políticos con la organización de El Mencho quedó recientemente expuesta luego de que personal del Gabinete de Seguridad arrestara a Diego Rivera, otrora alcalde de Tequila, Jalisco, luego de haber sido vinculado a las operaciones de extorsión en nombre del cártel de las cuatro letras.

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Según informó el titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, el arresto del ahora expresidente municipal derivó del seguimiento dado a una serie de denuncias ciudadanas por presuntos actos de extorsión y corrupción que, a su vez, estaban vinculados a su cercanía con una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que opera en el municipio.

Si bien Diego Rivera encarnó dicha colusión entre un gobierno local con la organización delictiva, diversos episodios dan cuenta de que sus tentáculos se han extendido también a corporaciones como secretarías de seguridad municipales o, incluso, a representantes del poder judicial que han otorgado la libertad de miembros de alto rango.

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En ese mismo sentido, de acuerdo con el sociólogo de la UNAM, Isaac Enríquez Pérez, desde la narrativa institucional se suele inflar de forma artificial la figura de líderes criminales -como por ejemplo la de Nemesio Oseguera Cervantes- para responsabilizarlos del debacle institucional que existe en un país como México.

Ligado a dicho panorama de fragilidad en el Estado, se suma otro de los factores que el Cártel Jalisco Nueva Generación ha utilizado como herramienta no solo de expansión, sino también de control territorial: la violencia.

El terror de las cuatro letras y su “disciplinamiento”

El CJNG suele mostrar su poder armamentístico con frecuencia. | Cuartoscuro

El campo de adiestramiento del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco; el hallazgo de los cuerpos desmembrados de al menos ocho trabajadores de un call center en Zapopan; el derribe de un helicóptero de las Fuerzas Armadas en Villa Purificación y hasta el atentado con el que intentaron asesinar a Omar García Harfuch en la Ciudad de México forman parte de los múltiples episodios de violencia suscitados ligados al Cártel Jalisco Nueva Generación.

Con plomo y sangre, la organización criminal se ha creado una brutal reputación que a lo largo de al menos una década les ha permitido combatir a cualquier organización rival que se interponga en su dinámica de expansión, así como usar el miedo como un mecanismo de control.

"Hay una lógica de crear el desorden, de crear caos en medio de un orden [...] las organizaciones criminales funcionan precisamente como entidades de corte paramilitar que ayudan a estandarizar el miedo en las poblaciones con miras al control, y esa fragilidad institucional también se corresponde con los mecanismos de pobreza, de desigualdad que existen en las comunidades", apuntó el sociólogo de la UNAM.
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Es en el ejercicio de la violencia donde se arraigan una serie de restricciones que, de alguna u otra forma, terminan por impactar no solo en el comportamiento de sus integrantes, sino también en la cotidianidad de las comunidades donde se arraigan.

Testimonios de sobrevivientes del Rancho Izaguirre recuperados por el periodista Víctor Hugo Ornelas para MILENIO refieren que, durante el adiestramiento que los nuevos reclutas recibían en la organización, los golpes eran una constante diaria. "Así nos mantenían con miedo. Desde que llegamos, lo primero que te hacen -luego de que te desnudan- es agarrarte a tablazos", describió un testigo al citado periodista.

Respecto a sus operaciones, trascienden diversas investigaciones periodísticas que han documentado cómo en ciudades como Guadalajara o municipios aledaños secuestran a consumidores de drogas que le compran los narcóticos a organizaciones rivales. El destino de dichas víctimas en más de una ocasión se materializa en un boletín de búsqueda compartido por la fiscalía estatal.

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No solo las personas vinculadas a la organización delictiva padecen los estragos del terror que esparcen; su dominio también termina por modificar los hábitos y, en algunos casos, también el desarrollo de comunidades donde se arraigan.

"Pongámoslo, por ejemplo, en la lógica de las extorsiones. Este miedo, la violencia generalizada, puede llegar a inhibir el establecimiento o la expansión de actividades o negocios lícitos que, cuando se desatan olas de violencia, cambian los hábitos, los estilos de vida de los pobladores, de los pequeños empresarios, de gente que tiene tiendas, establecimientos como restaurantes, taquerías, etc. Se repliegan ante esa violencia, cierran temprano o definitivamente ante amenazas de extorsión o el cumplimiento de las mismas o incluso asesinatos cuando no se satisfacen los deseos del grupo criminal", explicó a MILENIO el sociólogo Isaac Enríquez Pérez.

En ese sentido, el también Doctor en Economía Internacional y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid consideró que el ejercicio de la violencia de la organización criminal puede también llegar a ser un inhibidor de la actividad económica que, en muchos casos, lleva incluso al desplazamiento forzado de miembros de las comunidades que no están dispuestos a entrar en esa dinámica de extorsión, de miedo.

Por irónico que parezca, lo multifacético que es el fenómeno ha derivado también en que, pese al terror que esparce, el Cártel Jalisco Nueva Generación cuente también con una amplia y sólida base social, la cual se consolida como otra de las claves para preservar y amplificar su dominio en México.

La base social del CJNG

Un video exhibió el momento donde, incluso con una manta, "los niños" de Coalcomán agradecen al líder del CJNG (Especial)
"Muchas gracias al señor Nemesio Oseguera Cervantes, a su hijo El 02, a su hijo El 03 y al comandante Delta 1 por colocar de nuevo una sonrisa y damos las gracias por estos regalos", se le escucha mencionar a un hombre en un video que circuló en vísperas de Navidad en 2024.

De acuerdo con los reportes, dicha escena se suscitó en una plaza de Coalcomán, Michoacán, bajo el amparo de autoridades municipales. El episodio exhibió el grado de influencia que el cártel de las cuatro letras tiene en la zona a través de una vieja práctica a la que durante décadas organizaciones criminales han recurrido para legitimar su presencia y actividades.

La construcción de una base social en las comunidades que buscan controlar se presenta como un síntoma de la fragilidad institucional, es decir, cuando el Estado es cooptado y la falta de oportunidades o la pobreza desdibujan a sus miembros como criminales y los posicionan como falsos justicieros o válvulas de escape.

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"No solamente se constituyen como generadores de empleos ya sea por la vía lícita o ilícita, sino que también se erigen como una especie de parainstitucionalidad [...] se posicionan ante las poblaciones donde interactúan como garantes de cierta justicia, el cobro de deudas, por ejemplo, el forzamiento a padres de familia que no dan apoyo a sus hijos, en la participación de venganzas o disciplinamiento etc.", describió sobre el facto el doctor en sociología por la UNAM.

Así como ha ocurrido con otras organizaciones criminales, el Cártel Jalisco Nueva Generación se infiltró en las ausencias que han dejado instituciones formales, lo que se traduce en una legitimidad que, además, han aprendido a reforzar a través del control de narrativas que en la actualidad se amplifican fácilmente a través de redes sociales.

En palabras del sociólogo de la UNAM, la propaganda mediática convierte a la figura de estos criminales en una especie de ídolos populares o de referentes para las comunidades, en los que, más allá de la violencia se posicionan como mecanismos de aparente bondad o de supuesta defensa de las poblaciones.

"Hay toda una serie de simbolismos, todo un ambiente simbólico que se crea con la presencia de estas organizaciones criminales en las que en las comunidades les genera un sentido de arraigo entre aquellas poblaciones que, por supuesto, se ven beneficiadas de la incorporación en cadenas logísticas y operativas de estas organizaciones criminales", precisó el Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, Isaac Enríquez Pérez.

La suerte no es la misma para aquellas comunidades que se resisten a ceder su territorio, hábitos, recursos naturales e incluso mano de obra al Cártel Jalisco Nueva Generación. En dichos casos, es el terror que esparcen el que termina por doblegarlas o desplazarlas.

Desde su estructura descentralizada, pasando por el ejercicio de múltiples dinámicas que trastocan el ámbito judicial, financiero, político y hasta regulatorio, la anatomía de la gobernanza criminal del Cártel Jalisco Nueva Generación encarna años de políticas públicas fallidas, de omisiones y de raíces podridas. La esperanza, entonces, se mantiene viva en un solo lugar: la voluntad del Estado.

ATJ

  • Anel Tello
  • Periodista egresada de la FCPyS, UNAM. Amo los ositos cariñositos pero cubro temas de narcotráfico, justicia y seguridad. Aprendiz de realidades.

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