• ‘El Bukanas’, la caída del último Zeta: el expolicía más buscado de Veracruz

  • ‘El Bukanas’ operó entre Veracruz y Puebla. Desde un rancho, entrenó a sicarios de Los Zetas frente a una primaria rural. Su caída cierra una cuantiosa cacería en México.
Cumbres de Maltrata, Veracruz /

DOMINGA.– Desde la cárcel de Tepexi de Rodríguez, en Puebla, Roberto de los Santos de Jesús, El Bukanas, podrá presumir a sus vecinos de celda que en Veracruz las autoridades habían estado tan desesperadas por su captura que desde el año de 2014 tapizaron fiscalías y oficinas policiacas con su rostro ofreciendo recompensas millonarias a quienes coadyuvaran a su captura, hasta parecía que se habían olvidado de él. Pero ahora, el último líder de Los Zetas ya está recluido en prisión.

Desde su celda, Roberto de los Santos de Jesús, de 47 años, mediano de estatura –apenas rebasa el 1.70–, también podrá vanagloriarse de que obligó a los gobernadores panistas, Antonio Gali Fayad de Puebla y a Miguel Ángel Yunes Linares de Veracruz, a tener “reuniones urgentes” de seguridad en donde consideraron “prioritaria su detención” y blindar sus fronteras montañosas.

Ambos mandatarios establecieron sistemas de recompensa. Sin tapujos y emulando los usos y costumbres del Viejo Oeste, Yunes tapizó los muros de ofertas de recompensa con la leyenda de “Se busca”. Los mandatarios concluyeron sus períodos constitucionales y De los Santos de Jesús continuó delinquiendo en libertad.

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El Bukanas
 y sus células criminales utilizaron armas de alto calibre: rifles R15 y M50, pistolas de nueve milímetros y granadas de fragmentación. Manejaban explosivos para dinamitar vías ferroviarias o tomas clandestinas de combustible y tejían complejas relaciones con autoridades municipales y policiales locales. El secuestro de sicarios de bandas contrarias o empresarios que no pagaran “derecho de piso” también era otra de sus actividades recurrentes.

Tuvieron que pasar doce años para que El Bukanas por fin haya visto derrumbado su imperio criminal. El último líder de Los Zetas en Veracruz y Puebla fue detenido –junto con seis de sus sicarios– el fin de semana pasado en el municipio de Chignahuapan. Fue el grupo élite de los UNO, la Unidad Nacional de Operaciones, integrado por marinos, elementos castrenses, la Guardia Nacional y la Fiscalía General, el organismo que logró su detención.

De los Santos de Jesús fundó su propia organización Sangre Nueva Zeta, a finales de 2018, una vez que se vino la debacle de Los Zetas; lo mismo amenazaba a alcaldes de Puebla, Veracruz y Tlaxcala, o los metía en su nómina criminal. Situación similar ocurría con las corporaciones policíacas locales. Antes de eso, en 2010, fue policía municipal de Maltrata y Acultzingo, un guardián del orden y de la prevención del delito que, en las grandes paradojas de este país, también era responsable del centro de adiestramiento en el rancho San Pedro, en Sierra de Agua, Acultzingo.

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Un rancho criminal oculto entre frondosas montañas, humildes viviendas hechas con troncos de madera, carreteras con curvas sinuosas, densa neblina y una población que prefería hablar náhuatl que español y que en su mayoría vive de la siembra de girasoles y del comercio a orillas de la carretera, además de fonditas de comida, vulcanizadoras y parqueaderos de traileros.

Ahí en esta humilde comunidad de Acultzingo, de poco más de mil habitantes, policías municipales en activo dirigidos por Bukanas entrenaron a futuros “estacas” de Los Zetas durante los años de 2013 y 2014 –en el sexenio del gobernador priista Javier Duarte de Ochoa–; eran jóvenes de entre 17 y 25 años a quienes les enseñaban a “tablear” víctimas, torturarlos en fosas de aguas residuales, utilizar armas, sembrar miedo para cobrar derecho de piso y lesionar a sus víctimas en celdas de castigo. Por este personaje, Yunes elevó la recompensa de uno a cinco millones de pesos.

La escuela del Bukanas

El predio, ubicado entre las montañas que separan a Puebla de Veracruz, era utilizado como campo de entrenamiento | Especial


Lo recuerdo como si fuera ayer, fue mi primera incursión periodística en un narcorancho. San Pedro, el centro que operaba El Bukanas, se encontraba enfrente de la escuela primaria rural Leona Vicario, sobre una angosta calle empedrada de viviendas de madera y frondosos árboles. Fue el primero de septiembre de 2014 cuando fuerzas federales “reventaron” este sitio, abatieron a tres sicarios –dos de ellos menores de edad– y detuvieron a 33 futuros estacas de Los Zetas en Veracruz.

Hace casi doce años sólo unos cuantos reporteros entramos ahí; eran tiempos convulsos del duartismo y el peñanietismo. La entrada era por demás lúgubre. Una pileta de aguas negras con olores fétidos y tres inmuebles en su interior. El predio sigue abandonado hasta ahora, El Bukanas lo consiguió por la buena o por la mala.

Había primero una vivienda azul de tres piezas con ventanas polarizadas con una puerta de fina madera y una leyenda en letras negras que presumía el nombre del rancho: “San Pedro”; en seguida un inmueble en obra negra con una fosa séptica en condiciones insalubres que utilizaban como celda de castigo o para el resguardo de personas víctimas de secuestro; ahí mismo, las autoridades rescataron a una persona que estaba con esposas y el rostro vendado, cuya identidad nunca fue dada a conocer.

El rancho San Pedro se ubicaba en frente de una escuela primaria rural | Especial


La última edificación era un enorme galerón, recubierto con una malla ciclónica y alambre de púas. Una pila de lavaderos con abundantes manchas de sangre eran la última decoración del inmueble. Y como fotogramas en mi cabeza: había sangre coagulada por todos lados, enormes costras rojas sembradas en el pasto; manchas en los lavabos, como si hubieran descuartizado gallinas, y decenas de impactos de bala en el galerón y en el inmueble azul.

Militares platicaron a este reportero que con la policía de Acultzingo y Maltrata al servicio de Los Zetas y Bukanas, la única forma de descubrir este rancho era por obra de la casualidad y los excesos de confianza de la organización criminal. Y el día menos pensado ocurrió. Fuerzas castrenses descubrieron halcones y sicarios de la organización comprando abundante comida –carnitas, caldos de res, milanesas de pollo– en un comedor de la carretera federal Orizaba-Veracruz en dirección a Tehuacán, Puebla. Los jóvenes eran “cuidados de cerca” por policías municipales. Las bateas de las camionetas de las patrullas sirvieron para trasladar la comida. Los militares y marinos optaron por seguirlos hasta la entrada del rancho.

Ese primero de septiembre, tres jóvenes sicarios decidieron abrir fuego contra los extraños y fueron abatidos en menos de un minuto. Además, 31 futuros delincuentes fueron detenidos, así como cinco policías municipales. Casualidad o causalidad, El Bukanas y otros oficiales policíacos lograron escapar por un pitazo. En ese entonces, casi un tercio de los detenidos eran menores de edad y varios de ellos confesaron que habían sido secuestrados y reclutados “a la fuerza” por Los Zetas. Al día de hoy, nadie ha reclamado la propiedad del rancho San Pedro.

Desde 2014 operaba un esquema de reclutamiento forzado de jóvenes de bajos recursos, que seis años después perfeccionará el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en los estados de Jalisco, Nayarit, Colima y Zacatecas.

Lo llamaban El comandante, por su pasado policial

Antes de convertirse en líder de Los Zetas, El Bukanas formó parte de diversas policías municipales de Veracruz (Cortesía)


Días después de esta irrupción militar de 2014, el entonces alcalde perredista de Acultzingo, Salomón Cid Villa, pidió licencia al cargo y un mes después, su antecesor, Cándido Morales –perredista también– sería ejecutado y su cuerpo tirado a orillas de un río. Fuerzas federales tuvieron que sitiar la región durante un par de meses.

Entre empleados municipales de Acultzingo, los pocos policías que se quedaron al servicio del Ayuntamiento y entre reporteros de la región se comentó, que entre las torturas aplicadas al exalcalde Morales, le fue “cortada” la lengua en claro mensaje criminal. Está versión nunca fue confirmada, ni desmentida por el gobierno de Javier Duarte. El edil Salomón Cid volvería dos meses después a terminar su encargo como presidente municipal pero regido bajo la máxima de “ni los veo, ni los oigo”. Junto con él, las autoridades federales le asignaron escoltas de tiempo completo.

De la veintena de policías municipales de Acultzingo, apenas cuatro elementos se presentaron a trabajar al día siguiente. Los otros dieciséis huirían junto con El Bukanas. Una situación similar ocurrió en el municipio vecino de Maltrata. En ese entonces, el secretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez –quien después estaría en prisión acusado de desaparición forzada– enviaría policías estatales de Xalapa a sitiar la región. Una vez pasada la efervescencia, los retiraría y Los Zetas volverían a establecer su propia ley, según relatan vecinos de las Cumbres de Maltrata.

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De 2014 a 2026, en las montañas de Veracruz y en sus puntos limítrofes con Puebla, siempre fue vox populi que El Bukanas y su gente se paseaban impunemente en carros y camionetas con los vidrios polarizados, parando a orillas de carretera a sitiar restaurantes o bares de la localidad. En municipios como Nogales, Río Blanco, Maltrata, Acultzingo, Córdoba y Orizaba, hasta funcionarios municipales, policías, empresarios y periodistas evitaban pronunciar la palabra “Zetas” o el alias de Bukanas; preferían ocupar los sustitutos “Los de la última letra” y El comandante, apodo referido por sus tiempos de jefe policíaco.

En Puebla, fuerzas federales se llevaron todo el sexenio de Enrique Peña Nieto y de Andrés Manuel López Obrador enfocados en su captura por las quejas en contra de Sangre Nueva Zeta, a quienes adjudican la ordeña y distribución de hidrocarburo en los ductos de Pemex. Testimonios civiles siempre apuntaban a que El Bukanas se movía entre los municipios del triángulo rojo poblano: Vicente Guerrero, Moyotepec y Chignahuapan, donde finalmente El Bukanas fue detenido la tarde del sábado 18 de abril de 2026.

Operativos de las fuerzas armadas a lo largo del "Triángulo Rojo" contra el robo de hidrocarburo.


El triángulo rojo en Puebla es una zona geográfica montañosa conocida por su inseguridad y por lo fértil que es para el robo de hidrocarburos. Autoridades federales enlistan los municipios de Tepeaca, Amozoc, San Martín Texmelucan, Quecholac, Acatzingo, Palmar de Bravo, Palmarito, Chignahuapan y Tecamachalco. Del lado veracruzano, bien se podría incluir a Maltrata, Acultzingo y Nogales.

Apenas el 15 de febrero pasado, en un aparatoso operativo en la localidad de El Paredón, municipio de Chignahuapan, El Bukanas había logrado escabullirse una vez más. Las autoridades le fincan la autoría intelectual y material de la ejecución de tres agentes ministeriales secuestrados en marzo de 2017 en el municipio de La Esperanza, Puebla y hallados días después tirados en puntos limítrofes de Veracruz.

De acuerdo con autoridades federales, al Bukanas y sus células se le atribuyen su participación material e intelectual en más de 200 homicidios en los estados de Veracruz y Puebla. Así como ataques a fuerzas armadas en zonas montañosas de ambas entidades.

Lo descubrieron Los Zetas a los 30 años

El Bukanas vio en el robo de combustible y de transporte de carga la oportunidad para consolidar su organización delictiva | Redes sociales


Desde los 30 años, Roberto de los Santos de Jesús comenzó a alternar carrera policial en los municipios de Acultzingo y Maltrata. En ambos fue comandante policiaco. En el ya lejano 2007, la organización de Los Zetas de la mano de Efraín Teodoro Torres, Z-14, Ciro González Pérez, El Puchini, y Raúl Hernández Lechuga, Z-16, se metieron en todas las regiones de Veracruz: Huasteca, Totonacapan, corredor industrial Córdoba-Orizaba, zona conurbada Veracruz-Boca del Río y Xalapa.

En la región de Orizaba y Cumbres de Maltrata, los mandamás siempre fueron El Puchini, Felipe Santana Hernández El Felino y Joel Márquez Balderas El Chichi; uno de ellos vio en El Bukanas a un operador nato con conocimiento de toda la geografía montañosa, liderazgos sobre oficiales policiacos locales y más aún contactos con autoridades y empresarios. Lo fueron cooptando de a poco, hasta integrarlo de lleno a la organización como encargo del centro de adiestramiento que era el rancho de San Pedro.

El ascenso criminal de El Bukanas (ya sin la moda de la numerología) dentro de Los Zetas, y luego la subsecuente creación de su propia célula delincuencial, vino de la mano de la neutralización de sus dos jefes: El Felino, abatido por la organización contraria Ántrax, el 13 de agosto del 2015 en el bar La Taberna, en pleno centro de Orizaba, donde se tomaba unos tragos de Etiqueta Roja; y la detención de El Chichi, el 2 de febrero de 2016.


​A raíz de este golpe certero a las últimas cabezas Zetas, vino un reacomodo de estructuras. En las zonas urbanas de Córdoba y Orizaba entró Antrax –en una extraña alianza del CJNG con el Cártel de Sinaloa– y hubo una limpia de ”narcomenudistas” en ambos municipios. El Bukanas se replegó a las cumbres y con su gente comenzó a fortalecer su propia organización y a diversificar las actividades criminales en el asalto a trenes y transportistas, así como en el robo del huachicol.

En esa misma tesitura, Sangre Nueva Zeta logró expandirse hacía municipios de Puebla hasta que su buena fortuna llegó a su fin. Oficialmente Los Zetas han quedado extintos en las montañas de Veracruz y Puebla, sea bueno o malo porque vendrá una nueva organización criminal a asentar sus reales. Sólo el tiempo podrá decirlo.


GSC/ATJ

  • Noé Zavaleta
  • Reportero desde hace 23 años. Corresponsal una década de la revista Proceso en Veracruz. Fue director, subdirector, cronista, reportero y talachero de Crónica de Xalapa. Colaborador de Milenio y también del Instituto de Medios de Al Jazeera.

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