El silencio que hoy rodea la vivienda número 358, en la calle Hunter, de la colonia Potrero del Pozo, en León, Guanajuato, contrasta con los gritos de auxilio que rompieron la tarde del jueves. Melesia Rodríguez Castro luchaba por su vida al ser golpeada brutalmente en la cabeza con un martillo por su propio hijo.
De acuerdo con información recabada por MILENIO, el ataque ocurrió poco antes de 18:00 horas. Ella preparaba todo para instalar su puesto de elotes —actividad con la que se gana la vida— y que todos los días atendía afuera de su domicilio. Christian, su hijo de 35 años, con quien vive, llegó a casa y, sin mediar palabra, la atacó.
Él la golpeó en repetidas ocasiones en la cabeza con un martillo, mientras ella, con gritos, pedía ayuda. Esto alertó a los vecinos, quienes de inmediato realizaron el reporte al 911 y, al mismo tiempo, llamaron a Rogelio Rafa Pérez, pareja sentimental de Melesia, quien llegó 10 minutos después de lo sucedido.
“Vi todo lleno de sangre”
“Entré corriendo a la cocina, vi todo lleno de sangre (...) no sabía qué estaba pasando”, sin contener el llanto, Rogelio apenas pudo responder un par de preguntas.
MILENIO le insistió: "¿pudo ver a Melesia después del ataque?"
Anonadado, dice: “Tenía la cabeza destrozada… todo se le estaba saliendo (...) sus ojos estaban botados”, respondió y luego guardó una pausa de silencio prolongada.
Esto no fue nuevo para Rogelio. Él decidió separarse de Melesia desde hace un año, luego de que Christian lo agredió con un marro en la cabeza. Esos golpes le dejaron una marca del lado derecho, la cual se puede ver: su cráneo quedó hundido, como un hoyo de unos siete centímetros.
“Yo lo denuncié, pero no procedió nada. Ella siempre lo defendía, decía que iba a cambiar”, cuenta Rogelio, con la voz entrecortada, y agrega sorprendido: “nunca pensamos que fuera capaz de hacerle esto a su propia madre”.
Agresor confesó el crimen; fue detenido
Tras el ataque, la zona fue asegurada por policías, y hasta este viernes el área seguía restringida.
Después de la agresión con el martillo, Christian trató de huir, pero solo avanzó unos metros fuera del domicilio y, al ver la presencia de policías, confesó: “Maté a mi mamá”.
“Empezó a gritar: ‘Maté a mi mamá, fui yo, ya maté a mi mamá’. Lo tuvieron que agarrar varios policías, estaba muy inquieto, y después lo subieron a la patrulla”, relató Rogelio, quien aseguró que todo ocurrió en segundos.
Martina, hermana de Melesia, también llegó al lugar. Ahí, varios vecinos le comentaron:
“Tu sobrino confesó, gritaba: ‘Ya maté a mi mamá, fui yo’”, confirmó a MILENIO mientras esperaba noticias afuera del hospital.
Por su parte, Rogelio confirmó que el martillo sí se encontró en la cocina. Él ayudó a buscarlo y lo localizaron.
“Los policías se lo llevaron”, dijo.
Una madre trabajadora y un hijo con adicciones
Melesia ingresó directamente al área de urgencias, donde médicos informaron a la familia que presentaba un traumatismo craneoencefálico severo, por lo que fue intervenida quirúrgicamente para intentar salvarle la vida.
“Le destrozó todo el cráneo, la reportan como grave y no ha reaccionado”, relató su pareja, visiblemente afectado, después de casi nueve horas de que Melesia fue intervenida y diagnosticada en estado de coma.
Para vecinos y familiares, Melesia Rodríguez Castro, de 52 años, es una mujer tranquila, amable y trabajadora. Todos los días, desde temprana hora, preparaba su puesto de elotes afuera de su vivienda; de ahí obtenía el sustento para su hogar. Ella tiene dos hijos.
“Ella es una mujer muy luchona, nunca le negó nada a sus hijos, siempre veía por ellos antes que por ella misma”, expresó Rogelio entre lágrimas.
Una de sus hermanas, Martina Castro, de 62 años, la recordó como el pilar de la familia.
“Mi hermana era tranquila, noble, siempre estaba para todos. Vendía elotes para ayudar en la casa y jamás buscó problemas con nadie. Era de las que daban todo por sus hijos, aunque a veces eso significara aguantar cosas que no debía”.
Recordó que en al menos tres ocasiones Christian había sido internado en centros de rehabilitación por consumo de drogas e incluso dijo que, desde hace una semana, había dejado de trabajar sin que se supiera el motivo.
“Hace exactamente un mes fue la última vez que estuvo internado”, confirmó Martina, quien asegura que su sobrino tiene unos cinco años metido en las drogas.
Por ello, afirma que Melesia vivía entre la preocupación constante por su hijo y la esperanza de que lograra rehabilitarse definitivamente.
Hoy, esa esperanza se transformó en una tragedia que mantiene a la mujer en coma, sin pronóstico favorable, y a toda una familia enfrentando el dolor, la impotencia y la pregunta que nadie logra responder: cómo la violencia que parecía contenida terminó por estallar dentro del propio hogar.
“Ella se quitaba el pan de la boca para dárselo a su hijo”.
Rogelio Rafa Pérez, pareja de Melesia Rodríguez Castro desde hace 16 años, permanece día y noche afuera del Hospital General Regional de León, aferrado a la esperanza de que la mujer con la que comparte su vida logre sobrevivir.
Se conocieron trabajando en una cocina y desde entonces formaron un hogar marcado por el esfuerzo diario, el trabajo constante y el deseo de salir adelante. Con la voz quebrada, Rogelio la describe como una mujer incansable, dedicada por completo a su familia y a sus hijos, a quienes nunca dejó desamparados.
“Ella es una persona muy trabajadora, siempre veía primero por su casa, por sus hijos, por todos, antes que por ella misma. Nunca se metía con nadie, nunca buscó problemas; todo el mundo la conocía por su puesto de elotes y por su forma de ser”.
Recordó que todos los días se levantaba desde temprano para preparar su carrito, hervir el maíz y salir a vender, sin importar el frío, la lluvia o el cansancio.
“Así era ella, siempre de pie, siempre trabajando”, dijo.
Con profunda tristeza, Rogelio señaló que Melesia era una madre protectora, incluso con el hijo que hoy es señalado como su agresor.
“Ella siempre lo defendió, siempre lo apoyó, aunque él tuviera problemas. Decía que iba a cambiar, que necesitaba ayuda, que era su hijo y no podía darle la espalda”, relató.
Jamás imaginó que esa misma persona pudiera atentar contra su vida.
“Ya había tenido arranques, pero nunca pensamos que fuera capaz de hacer algo así. Es una pesadilla de la que no despertamos”, agregó.
Al recordar que él mismo fue atacado por Christian con un marro, señaló que Melesia siempre trató de protegerlo y evitar que se metiera en más problemas. Hoy, esa protección se transforma en dolor e impotencia al verla debatirse entre la vida y la muerte.
El hijo menor de Melesia es Jonathan, tiene 29 años y radica en Estados Unidos. Apenas llegó esta semana para visitarla y permanece en el hospital junto con sus tíos, en una vigilia constante marcada por la angustia y la alternancia de turnos entre los familiares.
La familia enfrenta no solo la incertidumbre médica, sino también el destino legal que Christian tendrá que enfrentar tras atacar a su madre.
“Lo único que queremos es que despierte, que siga viva. Es una mujer buena, trabajadora, una madre que dio todo por sus hijos. No merece estar pasando por esto”, expresó mientras observa la entrada del área de terapia intensiva.
Para él, la escena es difícil de asimilar: “Nunca pensé que la violencia iba a nacer dentro de nuestra propia casa (...) y mucho menos que ella, que siempre dio amor, fuera a terminar así”.
Tras la detención, Christian fue puesto a disposición del Ministerio Público para determinar su situación legal.
ksh