"Créeme, Estrellita es una mujer malvada": el desgarrador relato de una nueva víctima de la Academia Doenitz

Una madre relata cómo su hija pasó de perseguir el sueño de estudiar medicina en la Naval a permanecer durante meses prácticamente incomunicada.

Graciela Rosas relató el caso de su hija tras su paso por Doenitz. | Sergio Sánchez
Tampico /
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M+.- La hija de Graciela, como ya se le conoce, quería vestir un uniforme, estudiar bajo disciplina militar y algún día convertirse en médica cirujana de la Secretaría de Marina. Su madre quería, sobre todo, que la menor estuviera segura.

Por eso aceptó enviarla a una academia militarizada de Tamaulipas, después de recibir garantías sobre la institución, sus protocolos de seguridad y la posibilidad de mantener comunicación diaria con ella.

Pero las llamadas comenzaron a desaparecer.

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Primero fueron castigos. Después, periodos cada vez más largos sin poder hablar con su hija. Hasta que el silencio se convirtió en meses.

Ahora, la adolescente es una de las jóvenes que han relatado a su familia situaciones ocurridas dentro de la Academia Militarizada de Marina Doenitz, donde Juan Jesús ''M'', trabajador de la institución, enfrenta acusaciones por presuntos delitos sexuales contra la joven.

La historia que Graciela decide contar en exclusiva a MILENIO comenzó mucho antes, cuando su hija todavía soñaba con llegar a la Naval.

Graciela Rosas recordó el proyecto militar que su hija quería seguir. | Sergio Sánchez

La niña que quería llegar a la Naval

''Mi hija fue una niña muy alegre, muy sana. Le encantaba jugar, como todos los niños. Llevaba buenas calificaciones en primaria y secundaria, practicaba basquetbol''.
''Radicó aquí conmigo, en la Ciudad de México, desde pequeña. Ya una vez que creció, estaba checando opciones para cursar la preparatoria con una educación militarizada, ya que desde que tiene nueve años me ha comentado que le llama mucho la atención poder concluir una carrera con una educación militar. Mientras estaba en la secundaria me comentaba que quería estudiar medicina, como médico cirujano, en la Naval'', describe Graciela, al aceptar romper el silencio.

La familia comenzó a buscar opciones para cumplir ese proyecto. Fue la abuela paterna quien encontró la Academia Militarizada de Marina Doenitz, en Ciudad Madero, Tamaulipas, luego de buscar un campamento de verano para la adolescente durante 2024.

Graciela, sin embargo, no estaba convencida de enviarla lejos de casa.

''La verdad, yo me veía muy, muy negativa en cuanto a que se fuera, porque siempre había vivido conmigo desde pequeña y no me parecía que tan pequeñita se fuera a estudiar a otro lado''.
''Pero ellos me comentaron que habían ido a ver las instalaciones, que habían pedido referencias, que la escuela tenía más de treinta años funcionando y que tenía su registro''.
''Me comunicaron a mí, bueno, más bien me enlazó ahí Estrellita, y me hizo referencia de las cámaras que había dentro de las instalaciones, en cada recámara; todo lo que manejaban en cuanto a seguridad, cuál era el itinerario de los estudiantes, a qué hora despertaban, se acostaban, a qué hora comían. O sea, todo lo que a mí me dijo sonaba coherente y de acuerdo con una institución que realmente lleva muchos años funcionando''.
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Su hija insistió.

''La niña me insistía que eso era lo que ella quería estudiar, que le permitiera, que no le truncara su sueño, porque nosotros sabemos que por parte del gobierno no existen las escuelas, o bueno, a nivel de medio superior no existe ninguna preparatoria por parte del gobierno y todo sería de paga''.
''Por otra parte, a mí no me gustan las instituciones privadas. Yo siempre he sido a favor de la institución pública''.

Finalmente, aceptó.

''Con todo el dolor de mi corazón le dije 'bueno', pero el condicionante era que todos los días tenía que estar comunicada conmigo''.
''Esta parte la había hablado con Estrellita y todos los días tenía que estar comunicada conmigo, ya que yo le traje un celular con una línea prepagada; por lo tanto, no habría ningún motivo por el cual no pudiera recibir o hacer llamadas''.

Graciela Rosas narró cómo el contacto con su hija comenzó a desaparecer. | Sergio Sánchez

Una condición: hablar todos los días

Al principio, la comunicación funcionó. Después comenzaron las interrupciones. La explicación que recibía Graciela era que su hija se había portado mal y que, como castigo, le retiraban el teléfono.

''Al ser recurrente no poder hablar con mi hija, trataba de comunicarme con Estrellita porque realmente no me contestaba, por lo general ni las llamadas ni los mensajes. Solo podía dejarle mensajes de texto''.
''Habíamos quedado en un acuerdo. Ella me refería que la niña se portaba mal y que por eso se le retiraba el teléfono. Entonces, esa parte llegó a un punto donde sí me molesté y le dije: 'A mí no me interesa si la niña se porta mal, eso no fue el acuerdo. El acuerdo fue que no podía, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia. O sea, si ella se porta mal o si no se porta mal, ese ya no es mi asunto. Tú debes saber gestionar tu orden y dinámica dentro de la escuela y no tienes por qué estar condicionando que yo hable con mi hija' ''.
''Por supuesto, eso es a lo que yo me refería con ella, pero seguía insistiendo que si se portaba mal tenía un correctivo. Pues no, no me parecía''.
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La madre insistió en que el contacto con su hija no debía utilizarse como mecanismo disciplinario.

''No me importa si se porta mal. Ella no está ahí por mala conducta o porque tenga mala actitud. Simplemente estaba buscando una educación militarizada para poder pasar a la Naval''.

Los periodos sin comunicación, sin embargo, continuaron. El teléfono fue retirado durante las vacaciones de diciembre. Después volvió a ocurrir durante Semana Santa. Más tarde, los periodos sin contacto se hicieron todavía más largos.

Graciela Rosas acudió acompañada de su abogado durante el proceso. | Sergio Sánchez

El día que comenzaron las preguntas

La preocupación de Graciela aumentó cuando su hermana, quien trabaja para la Secretaría de la Defensa Nacional, tuvo contacto con la responsable de la academia durante los Intermilitares realizados en Campo Marte, en la Ciudad de México.

La hermana comenzó a hacer preguntas sobre los permisos de la institución, el uso de uniformes y las insignias militares.

''Yo ya estaba muy molesta, pero para eso fueron los Intermilitares aquí en la Ciudad de México, en Campo Marte.
''Le comenté a una de mis hermanas: '¿Sabes qué? Pasa esto y esto, y no me parece que esté incomunicada mi hija. La tal oficial Estrellita me refiere que tienen permisos por parte de la Sedena', y le digo: 'Pero hasta donde yo sé, no tiene permiso de la Sedena' ''.

Según el relato de Graciela, su hermana solicitó a Estrellita que mostrara sus credenciales.

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''Mi hermana se presentó con sus credenciales y le solicitó que ella se presentara con su credencial, refiriendo que también era parte de la Sedena. A lo que, pues no, no se pudo presentar con ningún tipo de credencial porque no lo era''.
''Labiosa, la señorita, empezó a cambiar la conversación, pero mi hermana le dijo que estaba maltratando a los alumnos: '¿Cómo que la jalaste del brazo? Eso no se puede hacer. Eres una escuela y no tienes por qué… Por otro lado, la Sedena no te da permiso en nivel medio superior' ''.
''Fue donde le refirió: 'Dame tus registros'. A lo que ella le dijo: 'No, es que nosotros tenemos permiso de utilizar y portar el uniforme y las insignias' ''.
''Y mi hermana le dijo: 'No, no tienes permiso de hacer algo así por parte de la Sedena'. Ella se empezó a poner muy nerviosa y le cambió la conversación''.

Las dos intercambiaron números telefónicos con la intención de que posteriormente fueran enviados los documentos que acreditaran esos permisos.

Graciela afirma que esos documentos nunca llegaron. ''Y a partir de ese momento es que ella empezó a cortar las líneas de comunicación con mi hija, porque decía que mi hija estaba muy contenta y feliz de estar ahí''.

Graciela Rosas habló ante medios sobre el caso de su hija. | Sergio Sánchez

De llamadas escasas a meses de silencio

Para entonces, la adolescente había permanecido en la academia durante el campamento de verano de 2025 y, por petición de Estrellita, continuó ahí para cursar el siguiente ciclo escolar de bachillerato.

El contacto con su madre, mientras tanto, se volvió cada vez más escaso.

''A partir de ahí, estamos hablando de mayo de 2025. Se queda, por solicitud de Estrellita, justamente para quedarse al campamento de verano nuevamente. Ella se queda, ya no sale de la escuela y continúa para el siguiente ciclo escolar, para el bachillerato''.
''Ya de ahí se empieza a cortar, a cortar. Ya no hablo con ella. Como tres, cuatro veces, cuatro veces, en el lapso de agosto a diciembre, y la última vez fue en enero. De ahí hasta mayo y junio, que es cuando pasa el suceso''.

Durante esos meses, Graciela intentaba convencerse de que su hija estaba bien porque las pocas veces que lograba hablar con ella eso era lo que escuchaba.

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''En ese lapso, de enero, que fue la última vez que hablé con ella, hasta mayo fue cuando sucedieron muchas cosas''.
''Todo esto ha sido muy doloroso, muy impactante, porque pues el primer año yo estaba muy contenta, muy feliz, aunque la verdad siempre tuve mis reservas. Pero mi hija me decía: 'Mamá, pero es que yo estoy muy feliz y todo me gusta' ''.
''Entonces, de alguna manera, yo me dije: 'O sea, tampoco te pongas tan grave si la niña está bien' ''.
''Y cuando me cortaron las líneas de comunicación, de 2025 a 2026, pues sí, ya estaba muy enojada, pero llegué a hablar cuatro veces, de agosto a diciembre, y ya me comentaba que estaba bien''.
''La última fue en enero y la escuchaba regularmente bien, pero me dijo: 'Mamá, tengo mucha tarea, no puedo hablar'. Y ya de ahí no pude hablar con ella hasta mayo. Ahí ya no me comentó nada, pero yo ya no la escuché bien''.

Familiares mostraron apoyo a jóvenes vinculadas con el caso Doenitz. | Sergio Sánchez

Entonces apareció el nombre de Danna

Con el paso del tiempo, la hija comenzó a contarle a su madre algunas cosas de lo que había ocurrido dentro de la institución.

Lo hacía con reservas. Parte de esas conversaciones ocurrieron cuando la adolescente se encontraba con su padre en Veracruz.

''Ella me cuenta, con sus reservas, muchas cosas, porque por teléfono no se podía y porque ella no se encontraba en la Ciudad de México, se encontraba allá en Veracruz con su papá''.

Entre lo que relató estaba lo que, según la adolescente, había ocurrido con Danna Yanina dentro de la institución y situaciones que ella misma habría experimentado.

Graciela decidió entonces acudir personalmente para hablar con su hija. La adolescente estaba particularmente preocupada por Danna.

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''Ya que platicamos, ella me dio a entender todo y ya fue que levanté la denuncia el 4 de agosto (de 2026)''.
''Ya había pasado lo de Dafne (Zapata Quintos). Ella me había referido que estaba muy ansiosa, muy desesperada. Me comentaba que ya habían entregado a todos los niños, pero a Danna Yanina no. Temía que le hicieran algo''.
''Finalmente supimos por las noticias de Danna, pero mi hija me dijo: 'Pero mamá, ella no tiene nada que ver, ella no es culpable de nada. Yo estoy segura que no. La tenían muy mal, ahí la está inculpando Estrellita' ''.
''Yo le dije: 'Ay, no, pero ¿Cómo me puedes decir esto?'. Y ella me respondió: 'De verdad, créeme, esa mujer es malvada' ''.
''Uno, cuando empieza a saber ese tipo de cosas, pues ya le empieza a doler la cabeza. ¿Cuántas cosas no sucedieron ahí?''.

Las madres de Danna y otra adolescente se acompañaron durante el proceso. | Sergio Sánchez

Dos mujeres entre los internos

De acuerdo con Graciela, su hija y Danna eran las únicas dos mujeres que permanecían como internas en la academia.

La convivencia entre ambas habría generado una relación de apoyo mutuo frente a los castigos que, según el testimonio, recibían.

''Entre ellas tuvieron una relación de que se estaban cuidando las espaldas, aunque a veces no podían evitar los castigos. A las dos les tocaban castigos: las mandaban a dormir a la perrera a las dos juntas toda la noche''.

Para la madre, esa relación explica también la preocupación de su hija cuando Danna permanecía dentro de la institución mientras otros estudiantes ya habían salido.

No era únicamente la historia de otra adolescente. Era, desde la perspectiva de la joven, la historia de alguien que había vivido las mismas dinámicas que ella.

Graciela Rosas estuvo acompañada por sus asesores legales durante el proceso. | Sergio Sánchez

Ya no es la misma niña

Graciela asegura que su hija cambió.

La niña alegre que jugaba basquetbol, que tenía buenas calificaciones y que hablaba con entusiasmo de su futuro dejó de ser la misma después de su experiencia en la academia.

Ahora habla menos. Está más seria. Hay tristeza y preocupación. Pero conserva un objetivo: terminar la preparatoria y continuar con sus estudios.

Su familia, mientras tanto, busca que se esclarezca lo ocurrido y que las autoridades determinen las responsabilidades correspondientes.


RCEH

  • Sergio Sánchez
  • Periodista de información general y deportes. Escribe historias de personajes de la ciudad y crónicas deportivas. Maderense de nacimiento, pero tampiqueño de corazón.

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