Han pasado dos años desde que Ismael El Mayo Zambada fue llevado a Estados Unidos. Desde entonces, hay una cifra que resume mejor que cualquier otra el costo de la guerra que se desató en Sinaloa: 3 mil 45 personas asesinadas.
Entre julio de 2024 y junio de 2026, la Fiscalía General del Estado (FGE) de Sinaloa abrió ese mismo número de carpetas de investigación por homicidio doloso. Traducido a la vida diaria, significa que durante los últimos 24 meses fueron asesinadas, en promedio, más de cuatro personas cada día.
La captura del histórico líder del Cártel de Sinaloa, ocurrida el 25 de julio de 2024, marcó el inicio de una confrontación entre grupos rivales que cambió por completo el panorama de seguridad en la entidad. Desde entonces, los asesinatos comenzaron a multiplicarse y dejaron de ser hechos aislados para convertirse en una constante.
Las cifras muestran que el momento más violento llegó en junio de 2025, cuando la Fiscalía contabilizó 207 homicidios dolosos. Antes, octubre de 2024 había cerrado con 182 casos y noviembre del mismo año con 175, meses que marcaron el inicio de la escalada.
Lejos de disminuir, la violencia se prolongó durante los meses siguientes. Los homicidios siguieron acumulándose y el estado no volvió a los niveles que registraba antes del rompimiento entre las facciones criminales.
Detrás de las estadísticas hay historias de personas localizadas sin vida en calles, carreteras y comunidades, víctimas que permanecieron desaparecidas durante días antes de ser encontradas, elementos de distintas corporaciones asesinados y personas que quedaron atrapadas en medio de enfrentamientos armados.
En ese mismo periodo, el gobierno federal reforzó la presencia de fuerzas de seguridad en Sinaloa con miles de elementos del Ejército, Marina, Guardia Nacional y corporaciones federales.
También reportó cientos de detenciones, aseguramientos de armas, vehículos y laboratorios clandestinos. Sin embargo, esos operativos no han impedido que el número de homicidios continúe creciendo.
AG