MILENIO comprobó el rastro químico que los narcolaboratorios clandestinos dejan en la tierra aun tiempo después de ser asegurados y desmantelados. Sin un sistema de remediación ambienta, investigadores y científicos consideran los daños prácticamente irreparables.
Diversas muestras de tierra tomadas de un narcolaboratorio ubicado en Sinaloa, y otro en Tamazula, Durango, fueron sometidas a pruebas de laboratorio, lo que reveló el impacto ambiental real de estos centros de producción de droga que se ubican en la Sierra, envenenando el bosque y poniendo en riesgo las cuencas y corredores hidrológicos.
El análisis detectó compuestos que representan alteraciones profundas de la tierra. Entre estos se encuentran la efedrina, piperidina y fenilamina, muestras del ecocidio silencioso del narco, y es que los precursores de metanfetamina no se degradan con facilidad: quedan atrapados en la matriz del suelo.
“Los investigadores quisiéramos estudiar todo eso, pero no tenemos autorización para irnos… ni la capacidad de irnos a meter en un bosque, en una selva, en una montaña donde además se conoce que hubo actividad de laboratorios clandestinos y todo lo que conlleva", destaca Jorge Alberto Mendoza Pérez, profesor de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, al reconocer la complejidad de estudiar el terreno.
Un informe de la DEA estima que por cada kilo de metanfetamina se generan seis kilos de residuos tóxicos... y tras 23 años de narcolaboratorios en México, ningún ‘cocinero’ ha sido procesado penalmente por delitos ambientales