• Un perro rastreador, un intento de escape y 14 marinos muertos: la historia detrás de la captura de Caro Quintero

  • El éxito táctico del despliegue, consolidado gracias al rastreo de la perra Max, se vio ensombrecido apenas una hora después por el desplome de un helicóptero Black Hawk en Topolobampo, donde murieron 14 marinos.
Víctor Hugo Michel
Ciudad de México /
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M+.- La decisión táctica tuvo que tomarse en cuestión de segundos. Rafael Caro Quintero no estaba.

El inmueble en el que se presumía que el llamado capo de capos se había escondido estaba vacío y la operación para capturarle pendía de un hilo. 

No había mucho tiempo que perder porque difícilmente habría otra oportunidad tan clara para atrapar a uno de los hombres más buscados por México y Estados Unidos: un narcotraficante que marcó la historia moderna del país por su participación en el secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEAEnrique Kiki Camarena, un hecho cuya herencia todavía pesa en la relación entre ambos países.

El olfato de Max: la decisión táctica en la sierra de Choix

Aquella tarde del 15 de julio de 2022, hace cuatro años, un mando naval de fuerzas especiales pensó rápido y tomó una decisión que cambió el rumbo de la búsqueda. Rescató la operación de lo que podría haber sido un fracaso.

Ese mando ordenó emplear a Max, una perra bloodhound de la Armada de México especializada en rastreo de personas extraviadas en grandes áreas. Aquí estaba el reto de una vida para la perrita, acostumbrada a trabajos en desastres naturales, pero, a final de cuentas, un sabueso: encontrar a un hombre en una sierra de acceso complicado, con los riesgos que ello implicaba.

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Afortunadamente, con los objetos encontrados en el inmueble ya se contaba con el aroma de Caro Quintero. Max comenzó a rastrearlo. Y no falló.

Los ladridos de Max anunciaron el éxito. Había localizado a Rafael Caro Quintero, escondido a la perfección entre matorrales. De no haber usado al sabueso, bien podría haber pasado desapercibido. La decisión táctica, tomada bajo presión, bajo las dudas propias del terreno, permitió encontrarlo.

A la distancia de los años, hay un elemento de esta historia que vale la pena revisar. No es Max, que se retiró con honores en enero de 2024. No es Caro Quintero, que se halla en Estados Unidos e irá a juicio en los próximos meses y enfrenta la posibilidad de una cadena perpetua.

Lo que vale revisar en particular es el papel y mentalidad de las Fuerzas Especiales de la Armada de México ese día, cuando vivieron una de sus más grandes victorias y, también, una de sus peores tragedias.

Vale la pena para analizar lo que esta operación dice sobre algunas de las virtudes de sus integrantes y los riesgos mortales a los que se enfrentan como condición de vida.


Liderazgo en la incertidumbre y la 'niebla de la guerra'

“Siempre tengo un plan A, B, C y D”, dijo a MILENIO un comando de fuerzas especiales cuando se le preguntó sobre cómo se preparan para una misión. La planeación que se requiere es extensa: se analiza el terreno, las fuerzas del enemigo, las condiciones climatológicas, la psicología del blanco, etcétera. Toda una serie de elementos para tratar de pintar la escena más completa y reducir el riesgo.

Pero no todo puede tomarse en consideración ni la realidad es perfectamente medible, por supuesto. Fuera de los parámetros de una misión, siempre hay imprevistos. Como un túnel, una falla mecánica o que el narco al que se va a capturar haya escuchado los rotores de los helicópteros y, con buenos reflejos, haya logrado salir sin ser detectado.

Caro Quintero fue detenido en Choix, Sinaloa. | Foto: Especial

¿Dónde estaba Caro, entonces? Una veintena de comandos de la Marina estaba en el corazón de terreno hostil tratando de responder a esa pregunta. Todo se reduce a un hombre: el oficial a cargo. ¿Seguimos o abortamos?

A la espera de la decisión de ese mando, ahí había un ejemplo de libro de texto de la máxima clásica de la planeación militar: ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo. Bueno, pues el plan A de capturar a Caro no había sobrevivido a sus minutos iniciales.

Ante esto, el general estadunidense David Petraeus plantea como parte de sus cursos de liderazgo una pregunta adicional: más allá de repetir la máxima, ¿qué se hace para preparar a un comandante para ese momento en el que lo que se analizó y planificó colapsa?

La respuesta está en formar mandos capaces de manejar y hasta prosperar en la incertidumbre. La literatura naval mexicana explica la importancia de enseñarles a tomar decisiones trascendentales, de vida o muerte, en segundos, a sabiendas de que la opción puede implicar no solo la muerte propia, sino la de las personas bajo su liderazgo.

En el estudio La ventaja adaptativa: introducción de técnicas de habilidades adaptativas en las Fuerzas Especiales del Ejército, elaborado en la Naval Postgraduate School de Estados Unidos, los mayores Michael Bandy, Steven Clay y Matthew Washburn sostienen que un operador de Fuerzas Especiales debe ser capaz de analizar rápidamente sus opciones, conservar el control emocional y tomar decisiones en fracciones de segundo con un pensamiento claro y enfocado. En otras palabras: no paralizarse pese a que la vida puede estar en riesgo.

Con la caída de Caro Quintero, 14 marinos murieron. | Foto: Especial

Para los generales de escritorio suena sencillo. Pero con balas alrededor, con peligro enfrente, ¿cómo mantener la cabeza centrada? Y más aún, ¿cómo tomar la decisión adecuada?

De manera similar a Petraeus, un texto académico mexicano de un paracaidista de Fuerzas Especiales de la Armada —se le identificará como JEFM— advierte que la captura de objetivos estratégicos depende de la capacidad del comandante para “reaccionar ante situaciones inesperadas y resolver problemas o circunstancias inesperadas”.

Por la información que tenemos disponible, eso fue lo que ocurrió aquella tarde en San Simón.

La inteligencia indicaba que Rafael Caro Quintero estaba ahí. Pero el inmueble estaba vacío. Ergo, había que ajustar.

Pero hacerlo no es fácil. Ahí, cuando las previsiones iniciales fallaron, es cuando aparece lo que se conoce como la niebla de la guerra —concepto que describe la incertidumbre que se gesta durante operaciones militares. Quienes participan en este tipo de misiones describen la niebla como un súbito alud de preguntas. Algunas de las que pudieron hacerse ese día:

¿Se había escapado Caro?

¿Había abandonado el lugar días antes?

¿Seguía escondido en la zona?

¿Había sido alertado de la presencia de las fuerzas federales?

Los marinos murieron en un accidente aéreo. | Foto: AP

Psicología del éxito y el arresto del capo

Debe tomarse en consideración que, mientras se hacían esas preguntas, pasaba el tiempo. Cada minuto reducía las probabilidades de encontrarlo y elevaba la de que refuerzos arribaran para un posible contraataque.

¿Qué se hace ante ese momento, ante variables de esa naturaleza? Los textos marcan dos cosas: no perder la cabeza e improvisar. Ahí, cuando el plan choca con la realidad, es cuando entran el entrenamiento y la materia gris.

De ahí la trascendencia de la decisión de un mando naval —cuya identidad se mantendrá reservada— que cambió el enfoque de la operación. En lugar de continuar buscando al hombre, decidió buscar su rastro.

Había objetos con el aroma de Caro, a final de cuentas, y había un perro entrenado para seguirlo. El mando unió los puntos y tomó una decisión. Max hizo el resto.

El estudio Una exploración de los rasgos psicológicos considerados cruciales para el éxito de los operadores de las Fuerzas Especiales del Reino Unido, de Shane Breen y Stewart Cotterill, da una idea de los elementos que sustentan decisiones de este tipo. Ambos investigadores entrevistaron a 20 veteranos de fuerzas especiales británicas y encontraron que la adaptabilidad y la humildad son rasgos relevantes para el éxito operativo. Uno de los entrevistados lo resumió de forma directa: aferrarse a una manera de hacer las cosas puede ser perjudicial.

Hay que ser flexibles, pues. En Choix, el mando que tomó la decisión lo fue: no se congeló bajo presión y tuvo la sangre fría para tomar una decisión razonada. A la distancia, suena fácil. En el momento, sus tropas se hallaban en una zona de alto riesgo, territorio netamente hostil.

Varios ejemplos de doctrina y literatura sobre Fuerzas Especiales describen precisamente ese tipo de escenario: una situación inesperada, información incompleta y la necesidad de encontrar, casi de inmediato, una solución a un problema que no se resuelve solo con la fuerza física y que requiere creatividad para alterar el curso de una operación cuando el plan original deja de funcionar.

Breen y Cotterill, en su investigación con 20 exoperadores de fuerzas especiales británicas, identificaron nueve rasgos que los veteranos consideraron cruciales para el éxito: resiliencia, adaptabilidad, confianza en uno mismo, perseverancia, regulación emocional, autocontrol, impulso, humildad y obstinación. Uno de ellos definió parte de esa mentalidad como la capacidad de no permitir que “el estrés o el miedo dicten tus acciones”.

Los datos disponibles apuntan a que la localización de Rafael Caro Quintero ocurrió exactamente a las 13:40 en San Simón, municipio de Choix, en la sierra de Sinaloa: una pequeña comunidad enclavada en la Sierra Madre Occidental, en una zona de acceso complicado y próxima a la entrada del llamado Triángulo Dorado. A las 13:46 se tenía confirmada la identidad del detenido con su ADN.

Las fotografías del día lo muestran esposado, flanqueado por dos ministeriales. Lleva dos papeles en la mano y tiene el pelo teñido de negro, vestido con un rompevientos color café y jeans.

El capo fue localizado entre matorrales. | Foto: Especial

Los tres caminan rumbo al helicóptero que tenía la misión de sacarlo, como blanco de alto nivel, para llevarlo a un aeropuerto y, de ahí, a la Ciudad de México.

Misión cumplida: minutos después de su hallazgo en los matorrales despegaban las aeronaves. Parte del personal del despliegue tomó un helicóptero separado. Max, puede intuirse, voló en la aeronave que trasladó al capo.

El desplome del Black Hawk: la dolorosa extracción en Topolobampo

Desafortunadamente, como ya se dijo, hay imprevistos.

Hay otro aspecto de la historia de ese día que vale la pena contar. Uno que quedó sepultado bajo el ruido político y mediático provocado por la caída de uno de los narcotraficantes más famosos de México: los marinos que participaron en aquella misión morirían en un accidente de helicóptero solo una hora después.

Entre ellos había integrantes de Fuerzas Especiales, Batallones de Comandos y la tripulación del helicóptero ANX-2307, un UH-60M Black Hawk de primera línea. Los registros muestran edades de entre 26 y 39 años.

En total, 14 de ellos murieron ese día, dejando un hueco profundo en las Fuerzas Especiales. Ese día se perdió personal especializado de la Marina, aunque con el tiempo habría de ser reemplazado, como compete a una institución. Pero el valor de los marinos fallecidos ese día es indudable: a la pérdida humana se sumaba la de especialistas con capacidades afinadas a lo largo de años de entrenamiento y experiencia. Cursos en el extranjero, condecoraciones, misiones: borrado de un momento a otro.

A las 14:35 horas, menos de una hora después de haber sido encontrado por Max en los arbustos, Caro Quintero llegaba a un aeropuerto, fuera de su zona de influencia y al inicio de un camino que, eventualmente, lo llevaría a Estados Unidos.

Fue trasladado de Sinaloa a la Ciudad de México. Pero no muy lejos del aeródromo, el helicóptero ANX-2307 caía al quedarse sin combustible. La aeronave, que llevaba a 15 marinos y formaba parte del despliegue de la operación, se estrelló en un campo cerca de Topolobampo.

Solo una persona sobrevivió y, por respeto a su experiencia y a lo que aún vive, no se cuenta su historia. El accidente confirmó también que en este tipo de operaciones, la inserción y la extracción suelen ser de alta peligrosidad. No basta sobrevivir a las balas. También hay otros factores. Todo pesa.

Caro Quintero fue localizado por una perrita llamada Max. | Especial

En la Armada se recuerda con respeto a los comandos que cayeron ese día, sentimiento que se sintetiza en una idea sencilla pero poderosa: las grandes operaciones no terminan cuando se coloca un par de esposas. Terminan cuando cada integrante regresa a casa.

Por ello, podría decirse que la operación Búfalo nunca terminó. El 15 de julio de 2022, 14 marinos no volvieron. Y como me contó un mando naval: México recuerda la captura. La Armada recuerda a quienes no regresaron.

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