La madrugada del 16 de diciembre de 2009 cuando fue abatido Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca, Morelos, todo cambió. La caída del líder del Cártel de los Beltrán Leyva redibujó el mapa criminal de México pero sobre todo el de un estado: Guerrero.
A lo largo de más de una década, la entidad de se ha convertido en epicentro de múltiples episodios de violencia que han desatado indignación a nivel nacional pero también internacional, tal y como ocurrió en 2014 con la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa.
Adicionalmente, algunos municipios han padecido los estragos de la violencia que han esparcido diversos grupos delictivos en su afán de controlar tanto territorios como diversas economías criminales. Si bien en el estado también se ha documentado la presencia de organizaciones delictivas foráneas y de mayor alcance, son remanentes de lo que un día fue conocido como el Cártel de los Beltrán Leyva los que han conformado, en su mayoría, la presencia criminal en Guerrero.
La influencia de los Beltrán Leyva en Guerrero
Guerrero se consolida como un estado clave de la tan codiciada Ruta del Pacífico. Tanto su costa como la fertilidad de su tierra para la siembra de amapola despertaron en algunas organizaciones del narcotráfico el interés por marcar presencia en la entidad. Y lo lograron.
Durante el auge del Cártel de Sinaloa, en la primera década de los 2000, la ambición de Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada por dominar el lucrativo negocio en el país los llevó a conformar el primer gran conglomerado de cárteles de la droga, el cual fue conocido como La Federación.
Bajo amparo de los sinaloenses, algunos de sus delegados “alinearon” a agrupaciones locales. Por ejemplo, en Colima, Jalisco y Michoacán, fue Ignacio Nacho Coronel el encargado de coordinar a agrupaciones locales como el Cártel del Milenio o el de los hermanos Amezcua.
En el caso específico de Guerrero, los encargados de controlar el negocio fueron quienes, hasta entonces se consolidaron como unos de los socios estratégicos más importantes del Cártel de Sinaloa: los hermanos Beltrán Leyva. Información difunda por InSight Crime apunta que, para 2005, la organización delictiva encabezada por Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, había consolidado su influencia en Morelos, Guerrero, Chiapas, Querétaro, Sinaloa, Jalisco, Quintana Roo, Tamaulipas, Nuevo León, Estado de México y el entonces llamado Distrito Federal.
"Las ganancias exorbitantes (del narcotráfico) pronto llamaron la atención de otras organizaciones delictivas rivales: la intromisión del Cártel del Golfo y su brazo armado Los Zetas tenía que ser repelida y para ello se creó el grupo de contraataque Los Pelones, comandado por el después famoso Édgar Valdés Villarreal, alias la Barbie. Ésta fue la primera ola de violencia que sufrió el estado entre los años 2004-2006", precisa un artículo publicado por los académicos Carlos Illades y Teresa Santiado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Aunque los Beltrán Leyva lograron hacerle frente al avance de Los Zetas en Guerrero, fue cuestión de tiempo para que la violencia repuntara derivado de la ruptura que tuvieron con sus viejos socios del Cártel de Sinaloa. Era 2008 cuando la captura de Alfredo Beltrán Leyva alias El Mochomo terminó por detonar una disputa en contra de El Chapo, El Mayo y sus subordinados.
La fragmentación entre el Cártel de Sinaloa y el de los Beltrán Leyva orilló a otros miembros de La Federación a tomar partido por alguno de los dos grupos en conflicto. Mientras que la mayoría de los grupos del Pacífico permanecieron de lado de los sinaloenses, Arturo Beltrán Leyva buscó en Los Zetas el respaldo necesario para combatirlos y, de este modo, mantener bajo su influencia los estados que hasta ese momento se habían convertido en su bastión: Guerrero y Morelos.
A la disputa con la organización delictiva de El Chapo y El Mayo se sumó el asedio de autoridades que poco a poco buscaba neutralizar al Cártel de los Beltrán Leyva. El golpe definitivo llegó aquel 16 de diciembre de 2009 cuando un operativo encabezado por la Secretaría de Marina (Semar) en un fraccionamiento de lujo en Cuernavaca culminó con el abatimiento de Arturo Beltrán Leyva.
Con El Barbas neutralizado y la eventual caída del resto de sus hermanos, fue cuestión de tiempo para que el imperio criminal que habían conformado implosionara y dejara a su paso una serie de células delictivas que adoptaron nuevos nombres para hacerse del control de territorios y rutas clave, así como de economía criminales.
La implosión del Cártel de los Beltrán Leyva
"El desmembramiento del Cártel de los hermanos Beltrán Leyva modificó el panorama del crimen en el territorio guerrerense a partir de 2009 esparciéndose bandas delincuenciales pequeñas y violentas sin las conexiones políticas y la amplia red de negocios de los cárteles de donde procedían", explica el citado artículo académico de la UAM publicado en la revista Relaciones Estudios de Historia y Sociedad (2025) del Colegio de Michoacán.
El resultado de la implosión del Cártel de los Beltrán Leyva en Guerrero no sólo desató una nueva ola de violencia sino también una diversificación del negocio ilícito toda vez que los grupos criminales emergentes, además del narcotráfico, buscaron obtener ganancias de otras actividades como el secuestro, la extorsión, el narcomenudeo y el cobro de derecho de piso.
De acuerdo con un mapeo realizado por la consultora Lantia Intelligence, del Cártel de los Beltrán Leyva surgieron al menos siete escisiones en Guerrero: Los Ardillos, Los Rojos, el Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), La Barredora, Los Granados, el Cártel del Pacífico Sur y Guerreros Unidos. Eventualmente, de la fragmentación de algunos de esos grupos surgieron células como el Cártel del Sur y de forma más reciente Los Rusos quienes, según reportó el periodista Xavier Jiménez para MILENIO, estarían relacionados a Los Mayos del Cártel de Sinaloa.
El reacomodo criminal del hampa guerrerense llevó a los remanentes de los Beltrán Leyva a repartirse territorios. El Cártel Independiente de Acapulco se atrincheró en el codiciado puerto turístico mientras que Los Rojos se arraigaron en la zona centro, norte y de la Montaña. Guerreros Unidos, por su parte, se concentraron en municipios del norte y de Tierra Caliente mientras que Los Ardillos hicieron de Quechultenango, Mochitlán y Tixtla su bastión.
Aquella distribución no fue estática, al contrario, en su afán de consolidar su hegemonía, poderío y control territorial, las disputas comenzaron. Guerreros Unidos combatió en Taxco e Iguala a Los Rojos por el trasiego de la goma de opio proveniente de la sierra. A su vez, Los Rojos pelearon a muerte con Los Ardillos en Tixtla, Chilapa y Tlapa mientras que caminos que conectan zonas de producción de amapola como Filo Mayor, Leonardo Bravo y Eduardo Neri también se convirtieron en campo de guerra.
Al panorama de escisiones de los Beltrán Leyva luchando entre sí se sumaron otros actores criminales que, al igual que las células locales, buscan mantener su presencia en dicha entidad clave para la Ruta del Pacífico.
Los grupos criminales que operan en Guerrero
Una de las mayor relevancia han cobrado en la entidad es La Nueva Familia Michoacana. Bajo el liderazgo de los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga -ambos originarios del municipio de Arcelia- la organización delictiva ha buscado consolidar su influencia en la región de Tierra Caliente a través de extorsiones.
Tal y como documentó el periodista Rogelio Agustín Esteban para MILENIO, El Pez y La Fresa -como son mejor conocidos los líderes de la organización delictiva- tienen bajo su control los precios de productos de la canasta básica y materiales de construcción, así como también cobran un impuesto criminal a las fiestas patronales, los festejos particulares, a las bebidas alcohólicas y a servicios como el transporte público.
En su afán de mantener el control también se han enfrentado a otros grupos criminales que operan en el estado como Los Rojos, Guerreros Unidos y Los Tequileros, una célula delictiva que se presume surgió de Los Granados, también escisión de los Beltrán Leyva.
Al igual que en Michoacán, Guerrero también vio nacer a grupos de autodefensas que, aunque en un inicio prometieron combatir a grupos criminales que buscaban apoderarse de sus comunidades, terminaron por convertirse en un actor criminal, tal y como ocurrió con la Policía Comunitaria General Heliodoro Castillo, mejor conocida en la actualidad como Los Tlacos.
Con Tlacotepec como bastión, desde 2017 dicho grupo criminal se ha involucrado en secuestros, extorsiones, asesinatos, narcomenudeo, minería ilegal y tala clandestina en la zona centro de Guerrero, al tiempo que también se han convertido en aguerridos rivales de Los Ardillos. La disputa entre ambas células delictivas ha desatado jornadas de violencia en Chilpancingo de los Bravo en los últimos años.
Del mismo modo, otro actor criminal que ha influido en el reacomodo del hampa guerrerense es el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) apunta que el modelo de franquicias con el que opera el también llamado cártel de las cuatro letras ha permitido su expansión a cada uno de los 32 estados que componen a la República Mexicana.
En ese sentido, diversos reportes sugieren que el encargado de encabezar la expansión del CJNG en Guerreo es Francisco Jaramillo Valdovinos, mejor conocido como El Serio, y su brazo armado autodenominado como Gente del Serio o La Seriesada. Información obtenida por el periodista Angel Hernández para MILENIO da cuenta de que dicha célula del cártel jalisciense también ha estado detrás del combate a la Nueva Familia Michoacana en la región.
La presencia criminal en Guerrero ha evolucionado a través de los años. Si bien organizaciones foráneas siguen intentando consolidar su influencia, por cada rincón del estado aún sobrevive parte del legado criminal que los hermanos Beltrán Leyva edificaron y que, tras su caída, se fragmentó en células más violentas y diversas.
ATJ