La historia de los dos policías federales que lograron la tercera y definitiva captura de Joaquín El Chapo Guzmán volvió a ser reconocida tras el estreno de La Captura (2026), un thriller policiaco que narra como los agentes Arturo Carmona y Héctor Rosales se mantuvieron fieles a sus principios y eludieron el efecto corruptor a través del cual el líder del Cártel de Sinaloa buscaba intentar recuperar su libertad.
Basada en una crónica del periodista Héctor de Mauleón, el desenlace de dicho episodio del narcotráfico en México salió como se esperaba: El Chapo fue arrestado, extraditado y sentenciado a pasar el resto de sus días en una prisión de supermáxima seguridad estadounidense. Los agentes, por su parte, fueron reconocidos por su valentía e integridad y se les brindó la protección necesaria para que tanto ellos como sus familias no fueran objetivo de ningún tipo de represalia.
Arturo y Héctor no son sus nombres verdaderos. Ambos policías federales pagaron con el anonimato el haber logrado la caída de quien para entonces se consolidaba como el narcotraficante más buscado del mundo, un precio que no es alto si se compara con el riesgo que su labor implicó. No era para menos, en dicha ocasión no había lugar para equivocaciones pues años antes, en 2009, la historia de un marino ya había marcado un precedente.
Su nombre era Melquisedec Angulo, Tercer Maestre de la Secretaría de Marina (Semar) que participó en el quirúrgico operativo para neutralizar a Arturo Beltrán Leyva, líder del mismo cártel que llevaba sus apellidos.
El día que abatieron a El Barbas
El 16 de diciembre de 2009 es una fecha que quedó grabada con sangre y plomo en la historia del narcotráfico en México. Aquel día, Cuernavaca, Morelos se convirtió en escenario de uno de los operativos federales más feroces orquestados en contra de organizaciones delictivas que operan en México. El objetivo era claro: un poderoso y peligroso capo que respondía al nombre de Arturo Beltrán Leyva.
La diligencia fue encabezada por la Secretaría de Marina. Desde meses atrás, autoridades federales seguían de cerca los movimientos del también llamado Barbas quien, además del cerco institucional, también sostenía una aguerrida disputa en contra de Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada, líderes del Cártel de Sinaloa.
Arturo Beltrán Leyva buscaba conformar su propia hegemonía en la zona centro y occidente del país. Con Guerrero y Morelos bajo el yugo de su organización delictiva, El Barbas buscó aliarse con Los Zetas del este del país para combatir a sus antiguos socios de Sinaloa… hasta que su destino lo alcanzó.
Un operativo desplegado en un exclusivo fraccionamiento de Cuernavaca desató una intensa confrontación entre elementos del cuerpo de seguridad del capo y personal naval. Además de múltiples daños materiales, el saldo de aquel enfrentamiento fue de seis pistoleros muertos, así como el abatimiento de El Barbas y la muerte de un solo marino: Melquisedec Angulo.
La despedida de Melquisedec y la filtración que desató la tragedia
La vida de Arturo Beltrán Leyva y la de Melquisedec Angulo fueron tan distintas como su despedida. Mientras que la fotografía del cadáver del Barbas cubierto de sangre y billetes era compartida entre sus rivales y desataba el morbo de la opinión pública, el Tercer Maestre de la Secretaría de Marina fue despedido con honores.
Tanto la institución como el resto de entes gubernamentales expresaron su reconocimiento al marino caído de tan solo 30 años de edad, según narran reportes de prensa de la época. Para el 20 de diciembre se le rindió un homenaje de cuerpo presente al cual asistieron tanto sus familiares como compañeros, mandos navales y representantes de medios de comunicación. Fue entonces cuando un error lo cambió todo.
Melquisedec Angulo fue despedido con nombre y apellido. Se honró su valentía y sus orígenes en Paraíso, Tabasco desde donde su seres queridos habían viajado para reclamar su cuerpo. Nadie dimensionó en ese momento que lo que parecía protocolario era, en realidad, un riesgo latente que no tardaría en manifestarse.
Tras llegar a su estado natal, el Tercer Maestre de la Secretaría de Marina fue velado durante día y medio para posteriormente ser sepultado en el panteón municipal de Paraíso. Hasta ese momento, las miradas de autoridades y de la opinión pública se mantuvieron en su familia, sin embargo, tras el sepelio, la vulnerabilidad llegó.
La venganza de Los Zetas
Reportes periodísticos del medio local Noroeste narran que halcones de Los Zetas vigilaron desde las sombras la despedida de Melquisedec Angulo. El duelo de su familia, el resguardo de las autoridades durante la ceremonia fúnebre y cada movimiento fue reportado a los mandos de la célula de dicho grupo criminal que operaba en Tabasco.
Una vez que se disipó la presencia de autoridades, su operación arrancó. El silencio de la madrugada del 22 de diciembre de 2009 fue interrumpido por la detonación de armas de fuego dentro de una casa ubicada en la comunidad de Quintín de Arauz. El ataque armado dejó como saldo cuatro personas sin vida: la madre, dos hermanos y la tía de Melquisedec Angulo.
La familia del Tercer Maestre de la Secretaría de Marina fue atacada con rifles AR15 y AK47, de acuerdo con las diligencias periciales que recabaron los casquillos de la escena. El mensaje era claro. Los colaboradores de Cártel de los Beltrán Leyva tomaron represalias por el abatimiento de El Barbas, según confirmó la Procuraduría General de la República (PGR) al confirmar el vínculo entre dicho multihomicidio y el abatimiento de Arturo Beltrán Leyva.
"El gobierno federal expresa sus más profundas condolencias a familiares y seres queridos de la familia Angulo, sin duda, este atentado contra civiles inocentes refleja el grado de violencia irracional con la que operan las bandas del crimen organizado. Los actos perpetrados ayer por la noche en Paraíso, Tabasco demuestran el grave daño que sus actividades generan a la sociedad y por tanto ejemplifican también el retroceso que representaría frenar el ímpetu del gobierno federal en su combate", sentenció en conferencia de prensa el entonces secretario de gobernación, Fernando Gómez Mont.
La investigación del caso fue atraída por la Procuraduría General de la República (PGR), la cual llegó a ofrecer una recompensa de hasta 5 millones de pesos por información que condujera al arresto de los responsables del multihomicidio de la familia de Melquisedec Angulo. Fue cuestión de tiempo para que las detenciones comenzaran a reportarse.
En diciembre del mismo 2009 la Procuraduría de Tabasco informó sobre el arresto de cuatro presuntos involucrados en el ataque armado. Aunque ya se tenían indicios de que el Cártel de los Beltrán Leyva colaboraba con Los Zetas, dichas detenciones lo confirmaron.
En conferencia de prensa el entonces procurador del estado, Rafael González, detalló que los tres hombres y la mujer se desempeñaban como halcones del grupo criminal que en aquellos años aún era considerado como un brazo armado del Cártel del Golfo. Los detenidos fueron identificados como Yesenia Hernández Valencia alias Ximena, Azael Jesús García Reyes, Julio Acosta Saucedo, El Compadre y Julio Arturo Acosta Vargas, El Junior.
La versión sugirió que El Compadre fue el encargado de pagarle a los autores materiales del ataque armado un día antes de los hechos. Tiempo después autoridades federales y estatales de Chiapas detuvieron a otros cinco miembros de Los Zetas vinculados al multihomicidio de la familia del Tercer Maestre de la Secretaría de Marina.
Tal y como informan reportes del medio local Noroeste, entre los arrestados se encontraba Geudiel Iván Sánchez Valdez alias El Chito o El Poblano quien colaboró en la logística de la ruta de escape de los autores materiales. Junto a él también fueron detenidos Iván Herrera de la Cruz, El Iván; Xavier Alexis Rivera, El Cachetón; Isaías Hidalgo Sánchez, El Chay; Carlos Domínguez Ramos y Eduardo López Tecpin, El Tiburón.
Si bien el arresto de varios integrantes de Los Zetas se presentó como un paso para acceder a la justicia, lo cierto es que el multihomicidio exhibió el costo humano de la llamada Guerra contra el Narcotráfico y la letal consecuencia de la falta de protección a la identidad de aquellos agentes que combaten a grupos del crimen organizado en México. La historia de Melquisedec Angulo marcó un precedente para implementar protocolos institucionales para que el honor de un marino, un policía o un soldado no sea nunca más una sentencia para sus seres queridos.
ATJ