En 2009 hablar de narcotráfico en México remontaba a una sola persona: Joaquín El Chapo Guzmán. El Cártel de Sinaloa se encontraba en la cúpula del hampa mexicano y mientras los reflectores apuntaban a aquel escurridizo capo que había logrado fugarse años atrás del penal de Puente Grande, desde las sombras un grupo de hermanos michoacanos tejía una red millonaria de tráfico de cocaína colombiana que terminaría por ser clave para financiar a otra gran organización delictiva mexicana: el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El mundo los conoció como Los Cuinis y, aunque son más de una decena de hermanos los que conforman el clan familiar, la cúpula la integraron tres: Abigael, Gerardo y José González Valencia. Discretos, diplomáticos y calculadores, mientras en México su cuñado Nemesio Oseguera Cervantes se encargaba de consolidar al cártel jalisciense, los hermanos expandieron sus tentáculos no sólo a distintos países de Sudamérica sino también a Europa.
Las ganancias que generaron y que sirvieron para que el CJNG adquiriera armamento y potenciara sus propias actividades de tráfico de drogas llevaron a analistas y periodistas como Jesús Esquivel a nombrar a Los Cuinis como el cártel más rico del mundo, no obstante, fue precisamente una peculiar operación de tráfico de cocaína la que terminaría por costarles no sólo millones de dólares sino algo más valioso: su anonimato.
La cocaína en tiburones congelados
El ingenio que diversas organizaciones dedicadas al tráfico de drogas han tenido para evitar que sus cargamentos sean detectados no tiene límites. Desde lo más simple como camiones o maletas con fondos falsos y hasta frutas, verduras, bebidas e, incluso, personas. La droga se ha colado por las fronteras escondida en los lugares más impensables.
Los casos previamente detectados ya habían hecho que las alertas de autoridades aduaneras se encendieran, sin embargo, aquel 17 de junio de 2009 la Secretaría de Marina (Semar) informó el aseguramiento de algo nunca antes visto: casi una tonelada de cocaína oculta en cadáveres de tiburones congelados.
De acuerdo con el comunicado emitido por personal naval se trató de 893.925 kilogramos de la droga distribuidos en 870 tabiques escondidos en los vientres de los animales. El cargamento era transportado al interior de un contenedor con el número MSWU1022700 en el buque DOVER STRAIT que había sido embarcado en Costa Rica.
El destino de la embarcación era Yucatán donde la Administración General de Aduanas, integrantes del Centro Unificado para la Atención de Incidentes Marítimos y Portuarios (CUMAR) de Puerto Progreso y personal de la Armada de México comenzaron a inspeccionar con rayos X siete de los contenedores que transportaba la embarcación.
Del total de los vagones, uno transportaba quesos, dos, vino; dos más, desechos de fibras textiles, y otros dos tiburón entero congelado. Según precisó la Marina fue en uno de los últimos contenedores en donde se detectaron irregularidades en la imagen obtenida así como en el patrón de estiba, por lo que procedieron a realizar un barrido y un detector molecular GT-200, así como un binomio canino que terminaron por revelar el cargamento de cocaína oculto.
La descripción señala que dentro de los cadáveres de al menos una decena de tiburones se encontraban bolsas negras que, a su vez, contenían tabiques embalados con cinta canela. Al realizarle el testeo pertinente a la sustancia que contenía, el resultado dio positivo a la droga.
Todo lo asegurado quedó a disposición de las autoridades correspondientes en la Terminal de Contenedores de Yucatán y, menos de un mes después, a través de los canales de comunicación oficiales del entonces presidente Felipe Calderón se informó sobre el incineración de la casi tonelada de cocaína asegurada en aquellos cadáveres de tiburones en la novena zona naval de Yucalpetén.
Entonces, el golpe económico que representó la incautación de dicho cargamento era de 11 millones 200 mil dólares por lo que autoridades aseguraron que se investigaría quién era el destinatario de dicho cargamento. Aunque entonces la única organización que creían que tenía la capacidad de operar una de red de tráfico de drogas así era el Cártel de Sinaloa, la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) no tardaría en identificar a los verdaderos responsables de dicho cargamento: Los Cuinis.
Los detalles revelados en EU
La historia de aquel cargamento de cocaína oculto en cadáveres de tiburones congelados no se completó sino hasta que fueron arrestados los hermanos Abigael, Gerardo y José González Valencia. Si bien dicho episodio fue clave en la investigación en su contra, lo cierto es que los tres contaban con una amplia trayectoria criminal que los llevó a radar de autoridades de ambos lados de la frontera.
- ¿Reconoces esta fotografía?
- Sí, la reconozco.
-¿Qué es?
- Es el contenedor donde enviamos cocaína de San José, Costa Rica a Puerto Progreso, Yucatán
La interacción es entre la fiscal Kate Naseef y Óscar Orlando Nava Valencia alias El Lobo, líder del Cártel del Milenio que fue presentado como testigo de la fiscalía en una audiencia que formó parte del proceso judicial que enfrentó Gerardo González Valencia, alias Lalo, en una corte federal de Washington.
En esa misma audiencia quien dijo recordar aquel método de transporte de cocaína de Sudamérica a México fue Elpidio Mojarro Ramírez, alias El Pilo, un ex miembro del Cártel del Milenio y aguerrido enemigo del cuñado de Los Cuinis, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho.
De acuerdo con la transcripción de la comparecencia consultada por MILENIO, El Pilo dijo ser el encargado de transportar la droga que llegaba de Puerto Progreso a Guadalajara, Jalisco bajo las instrucciones de Abigael y Gerardo González Valencia.
Elpidio Mojarro Ramírez recordó que la primera vez lo logró con un ligero retraso debido a un retén, y dijo estar dispuesto a realizar el traslado de un segundo cargamento, sin embargo, fue incautado antes de que eso pasara. Se trataba de aquel de los cadáveres de tiburones congelados.
-¿Te contó Abigael cómo estaba empaquetada la cocaína incautada?
- Sí, que venía en carne de tiburón
-¿Y te contó Abigael sobre la ruta que siguió la cocaína antes de ser incautada?
-Sí. Fue en un barco, en una embarcación, que tenía bandera de las Islas Marshall. Y me pareció ilógico que un barco hubiera hecho escala en puertos de Estados Unidos, y luego hubiera ido de puertos estadounidenses a Puerto Progreso. Nunca olvidé ese nombre, las Islas Marshall, porque me buscaban allí desde 1993. Así que nunca olvidé el nombre.
Tanto los testimonios de El Pilo como de El Lobo, sumado a las diligencias de la agencia antinarcóticos hicieron imposible deslindar a Los Cuinis de aquel peculiar aseguramiento. El episodio, incluso, se repite en cada uno de los perfiles que el Departamento de Justicia ha creado sobre ellos:
"González-Valencia invirtió y coordinó personalmente cargamentos de varias toneladas de cocaína para su importación a los Estados Unidos. Algunos de estos cargamentos fueron interceptados por las fuerzas del orden público, incluida [...] la incautación de 750 kilogramos de cocaína oculta en cadáveres de tiburones congelados con destino a los Estados Unidos incautados por las fuerzas mexicanas del orden público", se lee en la ficha de Gerardo González Valencia.
Si bien algunos reportes dan cuenta de que el utilizar cadáveres de tiburones congelados para ocultar cargamentos de drogas era un método frecuente entre organizaciones narcotraficantes mexicanas, aquel incautado en Puerto Progreso, Yucatán en 2009 fue la clave para ponerle nombre y rostro a aquellos hombres que desde las sombras acumularon ganancias millonarias que terminaron por financiar al Cártel Jalisco Nueva Generación, la organización delictiva que con cuatro letras y violencia modificó el hampa mexicano para siempre.
ATJ