‘La Reina del Pacífico’: la historia personal de Sandra Ávila Beltrán fuera del mundo criminal

El memorándum de sentencia que fue presentado como parte del proceso judicial que enfrentó en Estados Unidos revela el lado más íntimo de quien, en su momento, fue considerada como una importante operadora logística del Cártel de Sinaloa.

Sandra Ávila Beltrán fue mejor conocida como la 'Reina del Pacífico' | Cuartoscuro
Ciudad de México /
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El mundo la conoció como la Reina del Pacífico. Durante la primera década de los 2000, que una mujer destacara en un entorno dominado en su mayoría por hombres como lo era el narcotráfico hizo de la historia de Sandra Ávila Beltrán un mito que acaparó titulares, portadas y hasta productos de entretenimiento como una serie televisiva que, si bien no está inspirada en su vida, vio en su imagen una oportunidad de promoción comercial.

Nota tras nota e investigación tras investigación, aquella mujer de cabellera negra fue señalada de ser una operadora de alto nivel del Cártel de Sinaloa, la organización delictiva que en aquellos años se consolidaba como la mayor traficante de drogas no sólo en México sino en el mundo.

Tras su arresto en 2007, Sandra Ávila Beltrán enfrentó un proceso judicial en México, sin embargo, para entonces su nombre ya se encontraba plasmado en una acusación formal presentada ante el Distrito Sur de Florida por delitos relacionados al tráfico de cocaína.

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Los cargos resultaron suficientes para que en 2012 su extradición a Estados Unidos fuera concedida. Del otro lado de la frontera, una llamada telefónica intervenida en donde se negociaba una operación de tráfico de drogas era la evidencia que, de acuerdo con los agentes, vinculaba a la llamada Reina del Pacífico con dos eventos clave: el aseguramiento de 9 toneladas de cocaína en altamar y un cargamento de 100 kilogramos más que habría llegado a Chicago.

La complejidad del caso y la gravedad de los cargos llevaron a su defensa legal primero a intentar desarticular la acusación de la fiscalía y posteriormente a negociar un acuerdo de culpabilidad para su representada en miras de obtener una sentencia reducida. 

 En abril de 2013 Sandra Ávila Beltrán se declaró culpable de haber sido cómplice de un entramado de tráfico de cocaína que operó entre 1999 y 2004. Con dicha rendición, su equipo legal solicitó que fuera sentenciada a tiempo cumplido, sin embargo y para terminar de persuadir al juez al frente de su cargo, la defensa presentó también un memorándum de sentencia que expuso la historia personal detrás de aquel mito que se construyó en torno a la Reina del Pacífico.

El pasado familiar de Sandra Ávila Beltrán

Sandra Ávila Beltrán es originaria de Mexicali, Baja California | Especial.

Contrario a los capos de la vieja guardia que se involucraron en actividades delictivas para salir de la pobreza que se arraigaba en sus comunidades, Sandra Ávila Beltrán nació en un entorno próspero en Mexicali, Baja California. La tercera de ocho hermanos, la familia se mudó a Tijuana donde su padre se convirtió en dueño y director de una empresa de materiales de construcción.

Su madre, dedicada al cuidado del hogar, se encargaba de organizar cenas para los socios comerciales de su esposo. Entre barbacoas al pie de una piscina, eventos deportivos, escolares y fiestas navideñas con decoraciones y regalos, la infancia de Sandra transcurrió con normalidad hasta que un inesperado suceso terminaría por marcar para siempre su vida.

Con tan solo cuatro años de edad su hermana, Lupita, falleció por una meningitis espinal. El documento judicial consultado por MILENIO describe dicho episodio como el primer gran golpe en la vida de Sandra toda vez que las dos niñas solían ser muy unidas. Para la familia, el deceso de la pequeña también cambió dinámicas: su madre cayó en depresión y las tardes de juegos y reuniones se esfumaron.

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Los años transcurrieron y Sandra Ávila Beltrán se enfocó en una cuestión imprescindible para su padre: la educación. Ingresó a estudiar comunicación y periodismo en la Universidad de Guadalajara, Jalisco, sin embargo, sería el constante acoso de uno de sus compañeros el que terminaría por obligarla a abandonar su carrera.

Según se narra en el citado memorándum de sentencia, aquel joven fue incapaz de lidiar con el rechazo de Sandra al punto de amenazarla e incluso privarla de la libertad en una ocasión en un rancho a las afueras de la ciudad. Tras ser liberada por el propio padre de su acosador, regresó a vivir con su familia.

Bajo la protección de sus padres y junto a sus hermanos Sandra vio la oportunidad de involucrarse en el negocio familiar. Hasta entonces no imaginaba que dichos obstáculos serían tan sólo el inicio de una serie de tragedias que vendrían después.

El asesinato de sus parejas

Sandra Ávila Beltrán se casó en 1986 | Facebook.

Su primer amor la Reina del Pacífico lo encontró en las filas de la Policía Federal. Su nombre era José Luis Fuentes, era un comandante para entonces retirado que se dedicaba a la administración de un rancho ganadero y varias propiedades a su nombre. Tras varios años de noviazgo, la pareja se casó en 1986 y poco después tuvieron a su primer hijo: Silvestre Fuentes Ávila.

Con una familia unida y sin carencias económicas todo parecía en calma, al menos durante los siguientes dos años. En 1988 Sandra no sólo tuvo un embarazo fallido sino que días después de haber perdido a su bebé enfrentó la inesperada y violenta muerte de su esposo.

José Luis había ido al rancho a trabajar y despejarse. Pernoctaba cuando en medio de la noche un comando armado arribó y rafagueó el lugar terminando no sólo con su vida sino también con la de un medio hermano de Sandra y varios trabajadores del lugar.

El asesinato de su esposo sacudió su vida. El duelo orilló a la mujer a intentar investigar quién había estado detrás del ataque, sin embargo y pese a los esfuerzos, la respuesta nunca llegó. Con el tiempo, Sandra se hizo cargo de los negocios que su esposo le dejó para mantener a su hijo y se desenvolvió también como prestamista. Pese a que el tiempo transcurrió, la sensación de estar en peligro nunca se esfumó.

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En 1993 Sandra Ávila Beltrán conoció a un agente que trabajaba en el Instituto Nacional de Combate a las Drogas. Su nombre era Rodolfo López y aunque el luto por su ex esposo persistía, años después iniciaron una relación sentimental.

La pareja se mudó a Hermosillo, Sonora junto con Silvestre, a quien Rodolfo crio como si fuera su propio hijo. La vida transcurrió en calma hasta que una complicación médica orilló a aquel agente a someterse a una cirugía que, pese a que era de bajo riesgo, terminaría por dejarlo más días de lo esperado en el hospital. Nuevamente la vida de Sandra daría un giro de 180 grados.

"Al final del decimoquinto día, Rodolfo insistió en que Sandra se fuera a casa a pasar la noche. Agotada de dormir en un sillón incómodo junto a la cama de Rodolfo, y creyendo que él estaba fuera de peligro, Sandra accedió. En mitad de la noche, las enfermeras le hicieron una revisión rutinaria a Rodolfo y lo encontraron muerto en su cama de hospital, cubierto de sangre. Había sido apuñalado repetidamente en el pecho", describe el memorándum de sentencia consultado por MILENIO.

En búsqueda de explicaciones, Sandra Ávila Beltrán consideró que tanto para José Luis como para Rodolfo, el haber trabajado dentro de corporaciones policiales los puso en riesgo y en la mira de diversos enemigos. Pese a que el documento judicial no revela los hallazgos de la investigación realizada por ambos casos, lo que sí narra es cómo la violencia continuó trastocando la vida de la protagonista.

El secuestro de su hijo

Durante los primeros años de los 2000, Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Pacífico, enfrentó el secuestro de su hijo | Captura de pantalla

Tras el asesinato de Rodolfo, Sandra y su hijo Silvestre regresaron a Guadalajara. Mientras la mujer continuaba operando sus negocios y acumulando propiedades, su madre cuidaba de Silvestre quien para 2002 ya era un adolescente. Fue entonces cuando, nuevamente, el infortunio llegó.

Con tan solo 15 años, el hijo de Sandra Ávila Beltrán fue secuestrado por hombres no identificados que exigieron el pago de cinco millones de dólares para liberarlo. Pese a que la madre del joven trabajaba, no contaba con la exuberante cantidad de dinero que le fue exigida para salvar a Silvestre.

Cuentas vacías, joyas empeñadas y hasta préstamos, los días se le iban a Sandra intentando juntar el dinero necesario para pagar el rescate de su hijo al tiempo que los secuestradores amenazaban con torturar, mutilar e incluso decapitar al adolescente.

"Finalmente, Sandra logró reunir un total de 1,5 millones de dólares gracias a la generosidad de sus amigos y seres queridos, y negoció la liberación de Silvestre. Silvestre fue rescatado aterrorizado pero ileso. Sandra nunca supo la identidad de los secuestradores, ni se ha recuperado jamás del trauma emocional que sufrió durante esas dos semanas", detalla su memorándum de sentencia.

Juan Diego Espinoza Ramírez

Sandra Ávila Beltrán, 'La Reina del Pacífico'. (Captura)

Dos años antes del secuestro de su hijo, Sandra Ávila Beltrán conoció a quien se convertiría en parte crucial de su caso judicial: Juan Diego Espinoza Ramírez, alias El Tigre.

La narración de los hechos apunta a que se conocieron en una fiesta de cumpleaños en la capital jalisciense. Aunque Sandra aseguró no sentirse tan enamorada como de José Luis o Rodolfo, iniciaron una relación sentimental. Dos años más tarde la pareja viajó a la Ciudad de México, lugar en donde supuestamente Sandra había descubierto que su pareja era buscado por autoridades mexicanas y estadunidenses por su involucramiento en actividades relacionadas al tráfico de drogas.

El argumento de su defensa señaló que haber perdido a dos de sus parejas sentimentales en trágicas circunstancias en el pasado y el secuestro de su hijo desataron en Sandra Ávila Beltrán la necesidad de sentirse protegida, pero también de proteger a Juan Diego, quien se escondió en la capital mexicana durante cinco años. En septiembre de 2007 ambos fueron arrestados.

En agosto de 2013, Sandra Ávila Beltrán fue deportada a México | ICE.gov

El memorándum de sentencia de la Reina del Pacífico relata que ella no pensó que también fuera acusada de cargos relacionados al narcotráfico, sin embargo, enfrentó sus respectivos procesos judiciales en penosas condiciones en prisiones mexicanas hasta su extradición.

Las pérdidas personales y el secuestro de su hijo forman parte del contexto que el memorándum de sentencia expone para explicar la relación de Sandra Ávila Beltrán con Juan Diego Espinosa Ramírez. El documento sostiene que esas experiencias influyeron en su decisión de ayudar a su pareja a evadir el arresto, una conducta por la que enfrentó cargos en Estados Unidos.

En abril de 2013, tras declararse culpable de su participación en una trama de tráfico de cocaína, fue sentenciada a 70 meses de prisión con reconocimiento del tiempo que ya había cumplido. Deportada a México en agosto de ese año, su caso dejó un registro documental que permite observar cómo su historia personal fue presentada ante la justicia estadounidense, sin que esas experiencias eliminen la responsabilidad por los delitos que reconoció.

ATJ

  • Anel Tello
  • Periodista egresada de la FCPyS, UNAM. Amo los ositos cariñositos pero cubro temas de narcotráfico, justicia y seguridad. Aprendiz de realidades.

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