El 20 de febrero de 2025, al cumplirse un mes desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, el gobierno estadunidense designó a seis grupos criminales mexicanos como organizaciones terroristas, bajo el argumento de prevenir posibles atentados contra la población de aquel país.
Al anunciar el decreto presidencial, el gobierno norteamericano señaló a estructuras como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como los responsables de producir y exportar fentanilo hacia dicho territorio, en sintonía con la narrativa que durante años ha mantenido la Administración para el Control de Drogas (DEA).
No obstante, la investigadora Guadalupe Correa-Cabrera, especializada en crimen organizado, seguridad fronteriza y energía, considera que los planteamientos de las agencias estadunidenses pueden resultar insuficientes para entender el funcionamiento actual de los grupos delictivos en México.
En su más reciente libro, titulado Cárteles Inc., la especialista explica el panorama criminal mexicano a partir de un análisis que no se enfoca en los grandes capos que acaparan la atención internacional, sino en las redes de complicidades que han permitido la proliferación de actores criminales en rubros que, en ocasiones, no tienen relación alguna con el tráfico de drogas.
De estructura jerárquica a fragmentación: la evolución de los cárteles
Cárteles Inc. puede entenderse como una actualización de Los Zetas Inc., obra escrita por Correa-Cabrera en 2017 que describe cómo la organización emanada del Cártel del Golfo adoptó el modelo de una corporación transnacional y lo combinó con operaciones de corte paramilitar para expandir su influencia.
En entrevista con MILENIO, la autora explicó que su más reciente texto surgió de la necesidad de contar con herramientas para comprender los cambios en la dinámica de las organizaciones delictivas durante los años recientes.
"Grupos que antes lo hacían todo en un territorio o una región se empezaron a fragmentar y a especializar. Esto, aunado a una red de protección política, lo convirtió en un sistema muy complejo de células criminales que a veces se juntan y utilizan los mismos métodos o rutas de transporte", señaló.
Desde la perspectiva de la investigadora y doctora en Ciencias Políticas, quedaron atrás los tiempos en los que los cárteles operaban uniformemente bajo un modelo de jerarquías estrictas. "Ya no podemos entender la delincuencia organizada a través de los paradigmas tradicionales", sostuvo en entrevista.
En Cárteles Inc., Guadalupe Correa subraya que uno de los aspectos más distintivos del panorama delictivo actual es la adaptabilidad de las células para apegarse a las necesidades y demandas del mercado, así como de otros agentes que administran los negocios criminales.
Ya no es sólo droga: la diversificación de los grupos criminales
La más reciente obra de Correa-Cabrera plantea múltiples dudas respecto a la manera en que ciertas células delictivas son vinculadas con organizaciones como el CJNG y el Cártel de Sinaloa.
"Tenemos un ecosistema muy complejo, en donde por un lado hay células que se dedican a la extorsión o la extracción de rentas y a veces se entiende que estos son grupos del Cártel de Sinaloa o de Jalisco Nueva Generación, con liderazgos muy concretos, pero así no son las cosas", expresó la investigadora.
Como ejemplo de ello, señaló en entrevista que las bandas involucradas con actos como secuestro y desaparición en el sur del país pueden no tener una relación directa con figuras como el exlíder del CJNG, Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, sino que, más bien, son reflejo de la fragmentación y proliferación de organizaciones a lo largo del territorio.
"[Se trata de ] sistemas complejos adaptativos, organizaciones criminales que se van fragmentando y se adaptan para que, mediante la protección política en distintos niveles, puedan defender cierto territorio. Hay gente que secuestra en nombre del CJNG, pero la delincuencia organizada en cada región tiene diferentes dinámicas, grupos y lógicas de operación", agregó.
Bajo la misma narrativa, Cárteles Inc. cuestiona quiénes son las personas que realmente resultan beneficiadas de la violencia desatada por estas agrupaciones y de su cada vez mayor grado de especialización.
"Los espacios más violentos son espacios en donde hay reservas de recursos [...] Los grupos criminales siempre afectan a las comunidades, es una guerra contra los pueblos, contra la gente pobre, porque afectan a las pequeñas y medianas empresas", apuntó Correa-Cabrera sobre las dinámicas delictivas en regiones con presencia de recursos como gas, petróleo, tierras raras, minerales estratégicos y agua.
A través de su obra, la investigadora sugiere que la incursión de células criminales en cada vez más negocios ilícitos que pueden o no estar relacionados con el tráfico de drogas sólo puede entenderse si se exploran las redes de corrupción y protección que les permiten, entre otras cosas, "controlar concesiones, extorsionar empresas y dominar rutas de exportación".
BM.