A un año del asqueroso nido de ratas en Tecámac que MILENIO exhibió: la plaga desapareció, pero invasores llegaron

Una de las vecinas del fraccionamiento contó que días después de la publicación, la familia abandonó la casa y las autoridades envenenaron a las ratas.

La plaga de ratas se propagó en el fraccionamiento Sierra Hermosa | Diseño. Rafael Mejía Fernández de Lara creada con IA
Estado de México /
Únete al canal de Milenio

M+.- Lo que comenzó como un acto aparentemente inofensivo, como alimentar aves, con el paso de los días, los meses y los años se convirtió en una plaga de ratas en un fraccionamiento del Estado de México. Así lo relataron dos mujeres que denunciaron a sus vecinos por propiciar esta problemática de salud.

El 10 de julio del 2025, MILENIO dio a conocer la denuncia de Sarahí y Valeria, dos habitantes del fraccionamiento Sierra Hermosa, ubicado en el municipio de Tecámac, quienes exhibieron cómo una familia del condominio trataba como mascotas a un nido de ratas que, con el tiempo, se extendió a varias casas.

Las denunciantes recordaron que, antes de hacer público su caso, vivieron casi cinco años rodeadas de ratas, mientras que las autoridades municipales no atendían sus escritos; sin embargo, la presión social hizo que los vecinos señalados se fueran del condominio y, como efecto dominó, las ratas desaparecieran.

MILENIO contactó a una de las denunciantes, quien explicó cómo fue el proceso para sanitizar el lugar y cuáles han sido las dificultades a las que se han enfrentado. Aquí te contamos todo lo que nos dijo.

Te recomendamos leer...
Plaga de ratas invade fraccionamiento en Tecámac por familia que las alimenta: “Hasta les puso nombres”

Sin vecinos, no hay ratas

Valeria contó que no pasó ni una semana desde que se publicó el artículo de MILENIO para que las autoridades de Salubridad, Ecología y del ayuntamiento de Tecámac atendieran la situación.

Cuando las autoridades arribaron al fraccionamiento, se llevaron a la adulta mayor, aunque por la noche la regresaron a su hogar, donde permaneció entre cuatro y cinco días más antes de irse para siempre.

“Ese día sólo escuchamos gritos de la señora. Después derribaron la puerta y se la llevaron”, contó.

La entrevistada recordó que una camioneta particular pasó por ella y sus hijos, incluido el hombre que amenazaba con un cuchillo a los vecinos del fraccionamiento y la mujer que decía que ella era la mamá de las ratas.

Días después regresó la misma camioneta para llevarse, en bolsas negras y cajas de cartón, algunos de los objetos de la familia; aunque, según el vecino de atrás de la casa, quedó mucha basura en el lugar.


Un mes después, la familia regresó para tirar toda la basura en un camión que incluso se estacionó en el patio donde antes habitaban las ratas. Ese fue el último día que Valeria y sus vecinos vieron a los denunciados.

“Se fueron por su cuenta. Fue una camioneta particular la que vino por ellos. Y esa misma camioneta regresó por sus cosas (...) Nos han dicho que han visto a estas personas en el tianguis de Tecámac los domingos”.

Desde entonces, la plaga de ratas comenzó a desaparecer.

—¿Cómo fue el proceso para sanitizar el fraccionamiento?—se le preguntó a la entrevistada.

“El día que vinieron los de Salubridad, uno de ellos levantó un pedazo de adoquín grande del jardín, afuera de la casa donde encontraron el nido de ratas (...) Un señor metió su pie y las ratas le llegaban hasta la rodilla, por lo que ese mismo día echaron veneno”.

A pesar de esto, los vecinos del fraccionamiento también tomaron sus propias medidas para sanitizar el lugar y evitar que la plaga de ratas regresara, ya que para ese momento se había extendido a varias casas.

“Se estaban regando para todos lados. Estaban buscando quién les diera de comer; buscaban en la basura y en las casas de los vecinos que dejaban agua para sus perros. Ya no le tenían miedo a los humanos”.
Hace un año, las denunciantes dijeron: “En lugar de que las ratas nos tengan miedo a nosotros, nosotros les tenemos miedo a ellas, porque pasan al lado de nosotros como si nada. Nos da miedo que se propague la rabia”.

—¿Cuánto tiempo duró la plaga después de que se fueron los vecinos?

“Muy poco tiempo, si acaso dos semanas, cuando mucho. Se les echó veneno atrás, donde estaban todas las bolsas de basura. Obviamente, avisamos a los vecinos y tuvimos cuidado con los perros y los niños”.

La entrevistada recordó que, durante ese tiempo, las familias del fraccionamiento cuidaron y alimentaron a los perros de la calle para evitar que se acercaran a la casa y se envenenaran.

Se van las ratas, pero hay nuevos invasores

Desde que la familia se fue de la casa, han intentado invadir el predio en varias ocasiones. La primera fue dos meses después de que desalojaran el lugar.

“El vecino de enfrente paró una patrulla porque ya había personas dentro. No sabemos cómo, pero se les notificó a la familia que vivía ahí que su casa estaba abierta. Posteriormente, ellos vinieron a cerrarla y la casa permaneció sola unos seis meses.
“Sin embargo, hace como tres meses empezamos a ver que poco a poco abrían más la puerta, hasta que un día amaneció con cortinas. No sabíamos quién era, hasta que una noche nos dimos cuenta de que eran unos chicos de aquí cerca, de la privada de atrás de la casa, quienes intentaron invadirla”.

Afortunadamente, las autoridades sí respondieron al llamado de los vecinos y sacaron a los presuntos invasores. Lo último que ha pasado con la casa es que un herrero llegó a arreglar la chapa de la puerta para que pueda ser habitada de nuevo.

Para la mujer, la situación con la plaga de ratas quedó solucionada; sin embargo, también es importante cuidar quién será el nuevo inquilino de la casa, porque podrían tratarse de vecinos mucho peores.

Por ejemplo —explicó la entrevistada—, los primeros invasores son personas que no trabajan, por lo que temen volver a tener una problemática, sobre todo el vecino de atrás de la casa, quien es un adulto mayor. El objetivo del fraccionamiento es que la casa se mantenga cerrada.

La plaga de ratas se propagó a otras casas del fraccionamiento.

Dos pájaros de un tiro: fumigaron las amenazas

En el artículo original, Sarahí, una de las vecinas que vive más cerca de la casa donde se originó el nido de ratas, contó para MILENIO que la familia tenía alrededor de 25 años viviendo en el fraccionamiento, donde siempre tuvieron problemas.

La mujer relató que, desde que tiene memoria, esos vecinos espían a las otras familias. Por ejemplo, si alguien va a la tienda o sale de su casa, comienzan a seguirlo sin siquiera hablarle.

“La gente dice que están locos, pero a mí no me consta porque yo no he visto un documento que lo avale o un diagnóstico, pero sí tienen acciones muy raras”.

Según la entrevistada, los hijos que conforman esa familia no solo son violentos con otros vecinos, sino también con su propia madre, a quien Sarahí ha visto golpear e insultar en plena calle.

Desde pequeña, recordó la afectada, veía cómo el hijo de la señora (el hombre que amenazaba con cuchillos a los vecinos) salía a la calle desnudo cuando se daba cuenta de que una mujer iba a pasar.

“Salía como con gabardinas negras y largas. Posteriormente, se las abría frente a las mujeres. Yo, que mi ventana queda de frente a la de ellos, recuerdo que posaba desnudo para que lo viéramos mi mamá y yo. También lo vi así cuando era niña y salía al fraccionamiento a jugar con mis amigas (...) Se me hace una grosería muy fea. Él es una persona muy fea y estuvo muy mal lo que hizo (sic)”, acusó.

Por ello, uno de los principales temores de las denunciantes era que, tras exhibir el caso, el hombre o la adulta mayor las amenazaran; sin embargo, eso no ocurrió gracias a que siempre cuidaron su identidad.

“La publicación en Facebook la hicimos de forma anónima, porque aunque mostramos las fotos de nuestras cámaras y presentamos nuestros testimonios, no queríamos que apareciera nuestro nombre completo, ya que la adulta mayor tenía el antecedente de denunciar y difamar a las personas.
“A un amigo cercano le fue a poner una denuncia por acoso sexual. Su nombre justamente lo sacó de Facebook”, narró la entrevistada.

Desde que se difundió el artículo, Valeria señaló que no volvió a tener contacto con la familia ni fue amenazada.

—¿Cómo fue convivir con estos vecinos?—

“Todo bien. Nuestra única inquietud realmente eran ellos (los vecinos que cuidaban las ratas). Para Sarahí, la verdad era muy feo vivir enfrente de ellos porque venían a buscarla y no paraban de gritarle cosas (...) Al señor lo veías sin ropa en la ventana (...) Para mí era un pesar, porque es mi paso hacia la escuela de mi hijo. Me daba miedo pasar con mi hijo y que el señor saliera con un cuchillo”.

Vecinos amenazando con un cuchillo.

Nido de ratas: así comenzó la plaga

Hace un año, MILENIO recuperó el testimonio de Valeria y Sarahí, cuyas versiones coinciden al señalar a la familia como un grupo de personas violentas que, en el pasado, realizaron acciones que las hacen dudar de sus facultades mentales.

Una de las afectadas explicó que se trata de una familia conformada por una adulta mayor y sus tres hijos —dos mujeres y un hombre—, con quienes la mayoría de los vecinos del fraccionamiento tiene algún tipo de problema.

Aunque la convivencia con esta familia nunca fue buena, no fue hasta que comenzó la plaga de ratas cuando conocieron una faceta que les preocupa. Se trata de un lado violento que, según acusan las afectadas, pone en riesgo a los habitantes del fraccionamiento.

Valeria relató que el problema con las ratas comenzó hace casi dos años, cuando los vecinos se dieron cuenta de que en la banqueta de la casa de la familia acusada había cemento desprendido y varios hoyos en la tierra.

“Nosotros, como fraccionamiento, tenemos una pequeña jardinera en la parte de afuera de cada casa, donde las ratas han hecho todos sus hoyos. Ya no hay tierra firme en esa avenida principal”, dijo.

A decir de las afectadas, la culpa era de una de las hijas de la adulta mayor, quien supuestamente no trabajaba y pasaba todo el tiempo en la calle. Según las entrevistadas, la mujer comenzó a alimentar de forma exagerada a los pájaros con alpiste, pero cuando se le acababa, les dejaba migajas de pan, galletas y otros alimentos que, con el tiempo, atrajeron a las ratas.

Sin embargo, a diferencia de lo que la mayoría puede pensar, a la familia no le molestó que llegaran los roedores. Todo lo contrario: comenzaron a alimentarlos, cuidarlos, ponerles nombres e incluso tratarlos como sus hijos.

“Una de las hijas se la pasa todo el día en la banqueta, gritándoles a los pájaros y a las ratas. Hasta les puso nombres porque dice que son sus mascotas (...) Dice que son sus hijos y que su mamá (la adulta mayor) es la abuela de las ratas”, cuenta Sarahí, quien es una de las vecinas más afectadas del fraccionamiento por la cercanía entre sus casas.

Sarahí recuerda que la familia comenzó a alimentar a los pájaros de forma exagerada. La entrevistada contó que, en un solo día, llegó a barrer más de dos kilos de alpiste, mientras que el desperdicio de comida se iba directo a las coladeras, provocando inundaciones en el fraccionamiento.

Desde luego, este problema atrajo a las ratas, que comenzaron a hacer hoyos en las jardineras. Aunque en un inicio —narra— eran cerca de 10 roedores, con el tiempo se convirtió en una plaga que comenzó a invadir las casas de los vecinos.

“Las casas de al lado (de donde vive la familia acusada) están infestadas de ratas (...) En las privadas de atrás ya salen los ratones por las tazas del baño. En mi casa, en la coladera, se escucha cómo están escalando y cómo se pelean las ratas. La plaga se está expandiendo por todo el fraccionamiento”.

Como muestra de ello, Valeria —quien vive a unas 15 casas de donde está el nido de ratas— acusó que los roedores se le han metido hasta su propiedad por las coladeras, el drenaje, las tuberías y los lavaderos.

La plaga se originó por alimentar aves de forma excesivas (Especial).

Lo preocupante de la situación es que la casa de los acusados se encuentra en una de las avenidas principales del fraccionamiento, por donde los vecinos pasan para llegar a sus hogares, sacan a pasear a sus perros y juegan con sus hijos, lo que complica colocar veneno para exterminar a los animales.

“No podemos poner veneno así tan libremente porque por ahí pasan muchas personas y niños para ir a las escuelas y trabajos. En lugar de que las ratas nos tengan miedo a nosotros, nosotros les tenemos miedo a ellas, porque pasan al lado de nosotros como si nada. Nos da miedo que se propague la rabia”, acusaron las afectadas.

Por si fuera poco, los vecinos también temían meterse en problemas si colocaban veneno en la zona. Sarahí contó que la familia señalada es muy antihigiénica. Incluso, los ha visto recoger comida del piso y llevarla a su casa, por lo que no pueden resolver el problema ellos solos.

RM

  • Rafael Mejía Fernández de Lara
  • Hoy editor de noticias, algún día presentador de TV. La vida me puso en la sección de policía, pero yo decidí entre ser el periodista bueno o malo. Fan de los deportes

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite