M+.- El negocio clandestino de la mariguana en manos de los narcotraficantes mexicanos parecía mucho más glamuroso, lucrativo y ambicioso de lo que terminó siendo el mercado legal en Estados Unidos, que hoy atraviesa una estrepitosa caída tras los años de bonanza.
El informe de 2026 de Whitney Economics, firma especializada en análisis económico de la industria del cannabis, sostiene que el sector vive “una de las contracciones económicas más importantes de su historia”.
A su vez, la National Cannabis Industry Association (NCIA) advirtió que muchas empresas operan al límite de la rentabilidad o, incluso, con pérdidas.
A nivel nacional se registran desplomes superiores al 60 por ciento en los precios mayoristas en diversos mercados; la pérdida de más de 20 mil empleos; empresas que cerraron o se declararon insolventes; y una reducción acumulada de hasta 80 por ciento en el precio de la flor respecto a los años de mayor auge.
En Colorado —el estado pionero en legalizar la mariguana recreativa en 2014— las consecuencias del fin de la bonanza del “oro verde” se viven con mayor intensidad.
Venta de cannabis en EU, a la baja
Las ventas de cannabis alcanzaron un récord de 2 mil 229 millones de dólares en 2021, pero descendieron a mil 316 millones de dólares en 2025, una caída cercana al 41 por ciento.
Al mismo tiempo, el precio promedio mayorista de la flor de mariguana se desplomó a 607 dólares por libra en 2026, el nivel más bajo desde que existe el mercado legal regulado en el estado.
Ahora los productores que apostaron por este cultivo llenan sus bodegas de yerba en espera de más consumidores; las tiendas amanecen cerradas y los trabajadores se quedan sin empleo.
Mientras algunos de los bares especializados en productos derivados más exclusivos —donde las mujeres visten largos vestidos de noche y los hombres llegan de smoking— lucen semivacíos, como pudo constatar MILENIO.
Del proceso de esta contracción puede dar santo y seña la chihuahuense Lourdes Martínez, quien trabajó durante los años dorados del cultivo de mariguana en los campos de Colorado, desde la legalización en 2014 y hasta el año pasado, cuando dejó de ser llamada.
Tuvo que cambiar de empleo a la industria cárnica, donde permanece mientras espera regularizar su situación migratoria, proceso que está próximo a concluir y por el que decidió cambiar su nombre.
“El abogado cree que, como el cultivo no está legalizado a nivel federal, podría perjudicarme si se sabe que trabajé en eso”, dice.
Lourdes reconoce que el trabajo comenzó a disminuir gradualmente desde 2022 y que los dueños de los ranchos atribuyeron la caída a la apertura de mercados en otros estados. Hasta junio de 2026, 24 entidades habían legalizado la mariguana para uso recreativo entre adultos de 21 años o más. En orden alfabético:
- Alaska
- Arizona
- California
- Colorado
- Connecticut
- Delaware
- Illinois
- Maine
- Maryland
- Massachusetts
- Michigan
- Minnesota
- Missouri
- Montana
- Nevada
- New Jersey
- New Mexico
- New York
- Ohio
- Oregon
- Rhode Island
- Vermont
- Virginia
- Washington
“Los patrones nos avisaron que al siguiente año habría menos contratos y poco a poco empezaron a despedir gente”, cuenta la inmigrante, quien fue parte de los cientos de campesinos mexicanos que se mudaron a Colorado para cultivar mariguana.
“Se sembró demasiado y luego muchísimos productores se quedaron con bodegas llenas porque ya no podían vender. Todavía hay quienes siguen sacando producto almacenado; con eso están surtiendo las tiendas, pero ya no les conviene volver a sembrar”.
El impacto de la contracción alcanzó de una u otra forma a la comunidad latina, que había visto en el negocio casi un derecho histórico.
Brian Vicente, fundador del National Hispanic Cannabis Council, prometió en 2021 —cuando la producción alcanzó su pico histórico— que la organización trabajaría para reparar el daño causado por las antiguas políticas de prohibición y garantizar que la comunidad hispana se beneficiara de los nuevos sistemas legales.
“La prohibición del cannabis en Estados Unidos se fundó en gran medida sobre prejuicios contra los inmigrantes mexicanos y desde entonces ha afectado de manera desproporcionada a la comunidad hispana”.
Cinco años después, José Cortés, productor de cannabis de origen cubano radicado en Denver, reconoce que perdió alrededor de 50 mil dólares.
“Los estoy recuperando con algunos clientes que me compran unos kilitos de vez en cuando, pero es muy lento y los gastos no esperan; por eso me regresé a Orlando”, reconoce en entrevista telefónica.
Los campesinos no han sido los únicos afectados por el despertar del sueño verde. Tony Seep, exguardia de seguridad de una tienda de productos canábicos, ahora vigila un banco. Cuenta que una compañera regresó a su estado natal poco antes de que el negocio donde trabajaban cerrara definitivamente.
“A ella le gustaba mucho. Vivió aquí seis años, pero quería estar en casa y, cuando se legalizó la marihuana en Kansas, decidió volver”.
De la euforia al letargo
En el plano económico, el efecto recreativo de la mariguana ha tenido un impacto similar al que provoca en los consumidores: euforia hasta las carcajadas en las primeras etapas; letargo y ralentización conforme pasa el tiempo.
Lourdes, la inmigrante chihuahuense, no dudó en dejar el cultivo de frijol y calabaza cuando sus antiguos patrones la recomendaron con productores que apostaban por la mariguana y ofrecían salarios mucho más altos y jornadas más largas.
“Había muchísimo trabajo. Teníamos jornadas completas, horas extras y trabajábamos sábados y domingos. Algunos días entrábamos a las cinco de la mañana y salíamos hasta las siete de la noche; eran entre 14 y 15 horas diarias. Incluso en ranchos pequeños llegamos a ser hasta 75 trabajadores”.
Era un trabajo mucho más intenso que otros cultivos. Mientras en el frijol o la calabaza las plantas ya estaban crecidas y solo había que limpiar surcos o cosechar, con la mariguana participaban en todo el proceso: sembrar la semilla, cuidarla, trasplantar y reproducirla, hasta la cosecha, el secado, el deshoje y el empaque.
“Yo era la encargada de supervisar prácticamente todas las etapas. Disfrutaba todo el trabajo, desde el inicio hasta el final. Me gustaba ver cómo una planta crecía desde la semilla hasta quedar lista para empacarse, sobre todo porque ganábamos bien”.
Hoy Lourdes trabaja en una planta procesadora de carne, donde elabora salchichas, milanesas y brisket, además de procesar huesos para perros y otros productos.
No echa de menos los desmayos provocados por el calor ni salir corriendo cuando se acercaban tormentas eléctricas para evitar que un rayo la sorprendiera con un pico, una pala o un azadón en las manos.
“Todo cambia”, dice con resignación.
En Denver, el adormecimiento se ha vivido de otra manera. Laura Peniche, residente de origen poblano, recuerda las filas interminables de turistas que esperaban para comprar desde vaporizadores hasta paletas, gomitas, pastillas, gelatinas y frituras elaboradas con cannabis.
“Ahora llegan muchos menos turistas y predominan los clientes locales, pero todo es muy caro. Mucha gente ha apostado por lo más natural: siempre ha habido personas que cultivan sus plantas en casa y las venden a amigos y familiares; crecen rápido y es fácil hacerlo”.
MILENIO constató que varios expendios de cannabis en Denver permanecen cerrados. Los que siguen abiertos mantienen una clientela pequeña, pero constante.
En Session Cirrus, uno de los bares para consumo de mariguana más sofisticados de la ciudad, al menos ocho de sus 40 mesas están ocupadas por mujeres de tacones altos y vestidos largos que conversan con hombres elegantemente vestidos mientras inhalan vapor de cannabis de distintas intensidades.
El establecimiento ofrece variedades de la casa, premium, para principiantes y una amplia gama de comestibles con chocolate, café y multifrutos infusionados con cannabis, que pueden acompañarse con alimentos diseñados para potenciar o moderar sus efectos.
Sin faltar el recordatorio que resume la normalización del negocio y, al mismo tiempo, sus límites:
“Nunca conduzcas bajo los efectos del cannabis. Utiliza un servicio de transporte o designa un conductor sobrio”.
Factores que llevaron a la crisis
Whitney Economics y First Citizens Bank coinciden en que la crisis de la industria no obedece a una caída del consumo, sino a una combinación de factores: sobreproducción, desplome de precios, exceso de licencias, consolidación empresarial y una pesada carga fiscal.
Después de todo, se trata de un mercado que factura en promedio de 30 mil millones de dólares al año y cuya promesa era ambiciosa: quitarle terreno al narcotráfico, regular la producción y la venta, recaudar impuestos y destinar parte de esos recursos a educación, salud pública y supervisión del propio mercado.
Colorado fue el laboratorio de ese modelo. Su experiencia sirvió de referencia para la mayoría de los estados que legalizaron posteriormente la mariguana recreativa, pero también evidenció uno de los principales obstáculos señalados por economistas y especialistas: el peso de la regulación y de los impuestos.
Como el cannabis sigue siendo ilegal a nivel federal, las empresas del sector no pueden deducir gastos ordinarios de operación que cualquier otro negocio sí descuenta de sus impuestos.
Un dispensario puede deducir el costo del inventario, pero no la renta, la nómina, el marketing, los seguros, los servicios legales, la electricidad, el transporte ni los gastos administrativos.
Una tienda de alcohol, una farmacia o un restaurante sí pueden hacerlo.
De acuerdo con Whitney Economics, esta situación provoca que muchas empresas enfrenten tasas efectivas de impuestos superiores al 60 e incluso al 70 por ciento de sus utilidades, además de los gravámenes estatales, municipales y sobre las ventas, una carga poco común para cualquier actividad económica legal.
A ello se suman los costos regulatorios. En muchos estados, los productores deben cumplir con sistemas de rastreo de cada planta, videovigilancia permanente, personal especializado en cumplimiento normativo, pruebas obligatorias de laboratorio, empaques especiales, auditorías frecuentes, licencias costosas y renovaciones periódicas.
Diversos estudios concluyen que estos requisitos representan costos mucho mayores que los que enfrentan industrias comparables, como la cerveza artesanal, el vino o la agricultura convencional, por lo que el mercado legal termina compitiendo en desventaja.
“La combinación de sobreproducción y carga fiscal deja a muchos operadores trabajando con márgenes mínimos o negativos”, advierte el economista Beau Whitney, quien considera que el mercado terminará por estabilizarse, aunque la recuperación favorecerá principalmente a las empresas con mayor capacidad financiera.
Lourdes Martínez, la extrabajadora de mariguana en el campo de Colorado, está nostálgica porque ganaba mucho más de lo que gana ahora.
En una sola frase resume el tamaño de la transformación que vivió una industria entera: “No puedo creer que, al menos en la zona donde nosotros trabajábamos, ya no hay cultivos de cannabis”.
RM