Quedó viudo a los 36 años de edad y sacó adelante a sus seis hijos

Juan Méndez Ramírez quedó viudo cuando tenía 36 años de edad. Suceso que de forma repentina le hizo asumir solo las riendas de su hogar.

Juan Méndez Carvajal. (Mireya Novo)
Papá de Juan. (Especial)
Rafael González
Puebla /
Juan Méndez Ramírez quedó viudo cuando tenía 36 años de edad. Suceso que de forma repentina le hizo asumir solo las riendas de su hogar. Su única novia, esposa y mujer murió repentinamente tras padecer una enfermedad. Eulalia Carvajal Sánchez y Juan compartieron por casi 13 años un envidiable matrimonio, en el que procrearon seis hijos.

En ese momento, él era propietario de una paletería, ocupación que tuvo que dividir con la atención de sus menores, quien como él vivían un proceso de duelo muy difícil.

Tanto sus hermanos como la familia de su difunta esposa al percatarse del estrés que padecía y los malos momentos que se le iban presentando, lo que podría provocar la dispersión en la familia a raíz del mismo dolor, le propusieron que se volviera a casar y que ellos se harían cargo de sus sobrinos.

En respuesta, Juan convocó a una reunión familiar. Ningún reproche, queja o reclamo efectuó. Por el contrario involucró a sus vástagos en la decisión final.

“Tenía yo 13 años de edad. Se juntaron los hermanos de mi papá y los hermanos de mi mamá. En total eran 16 tíos, quienes se juntaron con mi papá, pues lo habían visto en shock en ese momento por la situación que se había presentado y le aconsejaban que se volviera a casar. Te estoy hablando de un señor de 36 años de edad, joven. Entonces nos reunieron a los hermanos y nos empezaron a preguntar con quién te gustaría irte a vivir para que sigas creciendo y desarrollaras tu vida con tus primos y los demás familiares, visitando a tu papá cada ocho días, aquí sería al revés, en lugar del papá irte a visitar a tu casa, no, nosotros ir a visitar a nuestro papá cada ocho días. Se juntó nuestro padre con nosotros y nos dijo delante de ellos: ‘Se quieren ir con alguno de sus tíos o se quedan conmigo’. Entonces, sin pensarlo, comenzando por mí, me preguntaron y respondí: ‘yo me quedo contigo’”, recordó Juan Méndez Carvajal, quien se desempeña en el Área de Comunicación de la UPAEP.

Esa misma fue la respuesta del resto de sus hermanos, añadió.

Expresó que sin argumentos, ambas familias se retiraron y aunque alguno que otro incluso le volvió a insistir en que se volviera a casar, la postura siempre fue la misma: “Él nunca quiso. Siempre dijo que el amor de su vida fue mi mamá”.

Apuntó que juntos continuaron esa odisea, a la par de la atención y mantenimiento del negocio de paletas y helados.

Con orgullo contó que al paso del tiempo, crecieron, estudiaron y ya ellos adultos le sugirieron que se buscara una pareja, “pero al final nunca se quiso casar. Siempre estuvo al pie del cañón, cumplió como papá y mamá”.

Reconoció que esta situación tanto a él como a sus hermanos se le refleja en su carácter fuerte por la enseñanza y formación de un hombre, “quien siempre fue muy exigente”.

Rememoró que fue su padre quien les hacía de comer, les lavaba la ropa. “Nos organizábamos cuando éramos niños y entre todos hacíamos los quehaceres de la casa y echarle un ‘lente’ a los negocios”.

Mencionó que su señor padre falleció a los 65 años de edad, hace ya una década, derivado de los estragos de la diabetes.

“El legado que nos dejó y que siempre nos dijo fue que siempre fuéramos responsables y que asumiéramos las consecuencias, pero siempre nos dio un ejemplo de vida en el sentido de que tuviéramos todas las responsabilidades, fueras éstas buenas o malas”.

De igual forma, entre sus remembranzas se encuentra el hecho de que su padre siempre les instó a convivir con ambas familias, en especial con sus abuelos.

“Nos decía que aunque ya no estuviera mi madre teníamos que verlos y compartir con ellos”.

Mencionó que todos sus abuelos fueron longevos, ya que llegaron a vivir después de los 85 años.

“Entonces tuvimos mucha convivencia, mucha enseñanza de parte de mis abuelos y en mi caso soy muy dicharachero, me pasaron muchos ejemplos de vida, muchos consejos, adagios que le llaman, por eso no comparto esa idea de que si en tu casa no tienes una mamá o papá no puedes ser una persona de bien, depende de cada individuo”.

Por último, dijo que el mayor recuerdo de su padre fue esa insistencia en su formación en que no le tuvieran miedo a la vida. “Que siempre hay que vivirla como venga y afrontarla, pero lo más importante es el ejemplo que él nos dio vivo, el hecho de que el día de mañana ustedes pueden llegar a casarse y pueden formar una familia y entonces ustedes vean a sus hijos y vean cómo los tratarían”.


ARP

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