El tiempo no regresa, pero en las vialidades de México parece evaporarse por toneladas. Moverse en las grandes urbes del país se ha convertido en un impuesto invisible que no se paga con billetes, sino con salud, bienestar y horas de vida.
De acuerdo con el estudio Costo del Tráfico 2026, desarrollado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y Dat’s Why, con el respaldo de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), cada mexicano que se traslada pierde en promedio 111 horas al año atrapado en la congestión vial.
Este colapso en la infraestructura y la movilidad representa un costo de oportunidad de 203.3 mil millones de pesos anuales en las 44 zonas metropolitanas analizadas.
Traducido a la economía de los hogares, este tiempo perdido equivale a 5 mil 645 pesos por persona, el equivalente a casi 18 días de salario mínimo. Horas muertas que la población económicamente activa y los menores de 15 años podrían destinar a producir, estudiar, descansar o cuidar de los suyos.
Una brecha social sobre ruedas: el transporte público financia el colapso
La crisis de movilidad en México tiene un sesgo de clase profundamente marcado. Aunque el transporte público moviliza al 40 por ciento de los usuarios, estos absorben desproporcionadamente los 'platos rotos' del diseño urbano: concentran el 55.4 por ciento del costo total de la congestión y el 57 por ciento de las horas perdidas.
La disparidad per cápita es alarmante. Mientras el usuario de un vehículo privado pierde 94 horas anuales en los embotellamientos, quien viaja en transporte público padece 140 horas de retraso.
En términos económicos, la congestión cuesta 7 mil 294 pesos anuales a un pasajero de autobús o microbús, frente a los 4 mil 811 pesos de quien se traslada en auto particular.
Una brecha promedio de 2 mil 483 pesos que castiga a quienes menos opciones tienen. El caso más crítico se vive en Monterrey, donde la diferencia es abismal: 12 mil 036 pesos de costo anual para el usuario de transporte masivo frente a 7 mil 057 pesos para el automovilista.
- Costo del tráfico
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- Invertir más en transporte público, acelerar la inversión tecnológica, enfocar presupuestos de movilidad e implementar programas piloto de cobros por congestión. | Foto: Roberto Alanís.
El mapa del estancamiento: las cinco metrópolis más críticas
La parálisis vial no se distribuye de manera uniforme. Apenas cinco zonas metropolitanas concentran el 65 por ciento del impacto económico del tráfico en el país: la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Tijuana y la región de Puebla–Tlaxcala.
- Ciudad de México: Es el epicentro del problema, acumulando el 40 por ciento del costo nacional con 81.7 mil millones de pesos. Sus habitantes pierden 211 horas al año, lo que equivale a casi nueve días completos atrapados en el asfalto. Su costo per cápita encabeza la lista con 10,721 pesos anuales.
- Monterrey: Se ubica en el segundo peldaño general con el 9.3 por ciento del costo total (19.0 mil millones de pesos).
- Guadalajara: Ocupa el tercer sitio con el 8.6 por ciento (17.5 mil millones de pesos) y un impacto individual de 8 mil 728 pesos.
- Puerto Vallarta y Oaxaca: Aunque no figuran por volumen total, son focos rojos en la medición por habitante. En Puerto Vallarta el costo per cápita asciende a 9 mil 974 pesos (171 horas perdidas) y en Oaxaca el retraso promedio es de 175 horas anuales.
Voces desde el análisis
Para entender las causas estructurales detrás de estos números, MILENIO platicó con Álvaro Pérez, investigador del IMCO y coautor del informe, quien detalla cómo la falta de planeación está estrangulando las ciudades del país.
—Perder 111 horas al año equivale a casi 18 días de trabajo con salario mínimo. ¿Cómo se traduce esta pérdida de tiempo en la calidad de vida y en la economía de los hogares?—
"Cuando hablamos de costo de oportunidad y es importante dejarlo claro a quien nos escucha, este estudio no está diciendo que es un desbaste del bolsillo, sino más bien el costo de oportunidad es cuánto vale el tiempo que se podría destinar a otras actividades de no estar atrapados en la congestión vial.
"Hay quien lo podría dedicar a la familia, hay quien lo podría dedicar a otro trabajo, a cosas personales y la manera de aproximarlo es cuantificándolo en términos monetarios ese excedente de eras, porque obviamente pues siempre hay un tiempo base que usamos al trabajo, a la escuela, etcétera, pero vaya, en las grandes ciudades, las 44 que estamos estudiando en este análisis, abordamos ese excedente en los trayectos".
—¿Cuáles serían las omisiones de planeación urbana que comparten las ciudades en crisis de movilidad?—
"Por un lado es evidente que el tema urbano, de diseño, de planeación y del servicio de transporte público ha quedado rebasado, la demanda es muchísimo mayor.
"La zona metropolitana del Valle de México que incluye no solo las 16 alcaldías, sino municipios del Estado de México, del estado de Hidalgo y hasta un municipio del estado de Morelos, para dimensionar la magnitud, el tamaño de la megalópolis y que cada vez y a un ritmo más urgente se vuelve necesario un sistema de transporte público, no solo que exista, sino que sea eficiente, que sea de calidad y que sea una opción viable para la gente llegar a sus destinos".
—Si las autoridades siguen priorizando la infraestructura vial para el automóvil particular en lugar de fortalecer el transporte público, ¿cuál es la proyección del impacto económico y social para los próximos años?—
"Si construimos un carril más, un segundo piso más, eso es este fenómeno de demanda inducida, vamos a tener más coches, más tráfico, más congestión, más tiempo, más costo. Eso sabemos que pasa. Entonces lo que se busca es menos tiempo en el tráfico que se traduce en más tiempo para hacer estas otras actividades que las personas pueden destinar el tiempo libre.
"Sin duda es urgente y es un poco a lo que busca este estudio, dar esos datos para que las decisiones de política pública orientadas a atender este problema, no solo su diseño, sino también su ejecución, pues sean siempre con base en evidencia, con base en datos.
En conclusión, la parálisis vial en México dejó de ser un simple problema de tránsito para convertirse en una crisis de desigualdad social y económica.
El verdadero costo del tráfico no se mide solo en los 203.3 mil millones de pesos que se evaporan en el asfalto, sino en la calidad de vida que se les arrebata a diario a millones de mexicanos.
Resolver este colapso exige transitar urgentemente hacia un transporte público digno y eficiente; de lo contrario, el tiempo de la población seguirá siendo el impuesto invisible que financia el desorden urbano.