En la comunidad de Tochimilco, el paso del tiempo parece medirse por campanadas, ferias patronales y relatos transmitidos de generación en generación. En el corazón del pueblo, el Templo del Señor del Calvario resguarda una de las imágenes más queridas por sus habitantes: un Cristo crucificado que ha acompañado la vida espiritual del municipio.
La rutina cotidiana se entrelaza con la fe. Las puertas del templo se abren y el silencio del amanecer se rompe con rezos, veladoras encendidas y pasos que resuenan sobre el piso antiguo.
La figura del Señor del Calvario no sólo ocupa un espacio en la iglesia; también habita en las historias familiares. Gente de la tercera edad narran a los más jóvenes los favores atribuidos a la imagen, relatos que forman parte de la memoria colectiva y fortalecen la identidad del pueblo.
Entre esas historias destaca su nombre más popular: el Señor de las Lluvias. La tradición sostiene que la imagen protege a la región de sequías y desastres naturales, una creencia arraigada en una comunidad que depende de la tierra y los ciclos del campo.
Cada 3 de mayo la fe se vuelve celebración. Las calles se llenan de flores, música y peregrinaciones que llegan desde comunidades cercanas. Los fieles avanzan con velas y estandartes, renovando promesas frente al Cristo.
El ambiente festivo convive con la devoción. Mientras algunos preparan alimentos y adornan fachadas, otros organizan procesiones que recorren el pueblo. Aromas, colores y cantos convierten la jornada en una experiencia única.
Para muchos habitantes, visitar al Señor del Calvario es un acto de gratitud. Ofrendas y cartas colocadas en el templo testimonian peticiones cumplidas y la esperanza depositada en la imagen.
Los visitantes descubren que la devoción no se limita a una fecha. Durante todo el año, la imagen recibe plegarias de quienes buscan consuelo, protección o calma en medio de la rutina.
Así, entre tradición, fe y memoria, el Señor del Calvario permanece como un símbolo que une pasado y presente.
La tradición señala que la imagen fue elaborada entre los siglos XVII y XVIII y resguardada en el templo principal.
Los relatos transmitidos por generaciones fortalecieron la veneración, especialmente por su relación con la petición de lluvias y buenas cosechas. Uno de los momentos que impulsó la fe ocurrió a mediados del siglo XX, cuando una fuerte sequía afectó la región. Los habitantes realizaron una procesión para pedir lluvia y, según la tradición, tras el recorrido comenzó una tormenta que permitió salvar los cultivos.
Piden defender la paz
En el marco de la celebración del Quinto Domingo de Pascua, el obispo auxiliar Tomás López Durán, recordó que las palabras de Dios han sido siempre “crean en mí, y no pierdan la paz”.
“La verdad es Jesús, es quien revela la dimensión profunda del padre, cuando tuvo en mente y en el corazón la creación del todo, la creación del hombre”.
Desde la catedral, dejó en claro que el proyecto de Jesús es el amar a Dios y al prójimo.
“Cuando el ser humano no acepta este proyecto divino (amar al prójimo), entonces se pierde, hacemos cosas raras, extrañas que no concuerdan con la capacidad que tiene el ser humano dentro de la creación, por eso Jesús dice yo soy la verdad”.
Del mismo modo, López Durán pidió a los poblanos que desde su vida cotidiana, traten de ejercitarse en la caridad “hagan lo que les toca hacer, y más aún sean estas tres palabras, su vida refleje la presencia del resucitado, seamos camino para los que están extraviados. Padres y madres de familia ayuden a sus hijos a encontrar el camino que conduce a la plenitud de la vida”.
“Yo soy la verdad, que tengo que anunciar la verdad de Dios, son las palabras que deben repetirse”, puntualizó al señalar que muchas realidades hacen perder la paz y tranquilidad.