La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) lleva más de una semana en paro en medio de protestas estudiantiles y cuestionamientos de académicos por la compra de vehículos para sus autoridades, entre ellos automóviles Tesla y camionetas Volvo.
Las adquisiciones, para las que el Patronato autorizó 7 millones 509 mil 90 pesos, profundizaron el descontento por las carencias que denuncian los alumnos: infraestructura deteriorada, una biblioteca cerrada, baños dignos y espacios insuficientes para estudiar y alimentarse.
Hugo Aboites, profesor de la UAM y especialista en educación, consideró que el conflicto refleja una crisis de conducción institucional, en la que las autoridades no han respondido con suficiente diligencia a las demandas de los estudiantes.
“No parecen ser las prioridades la formación de los estudiantes, sino el bienestar de la burocracia, la alta burocracia en la universidad”, sostuvo en entrevista.
Desde hace 10 días, las cinco unidades de la UAM: Azcapotzalco, Cuajimalpa, Iztapalapa, Xochimilco y Lerma están en paro, sin que hasta ahora haya habido un posicionamiento por parte del rector Gustavo Pacheco López.
Las demandas estudiantiles varían entre las unidades, pero coinciden en reclamar condiciones elementales para desarrollar las actividades académicas.
En el caso de Iztapalapa, la biblioteca lleva más de un año sin prestar servicio, mientras los estudiantes denuncian espacios de alimentación y estudio deplorables.
A este panorama se suman los cuestionamientos por la contratación temporal de profesores y la falta de recursos para atender necesidades de docencia e investigación.
Diez vehículos y una autorización en 17 minutos
De acuerdo con documentos y testimonios a los que MILENIO tuvo acceso y otros que también son públicos, entre ellos las actas 408 y 409 del Patronato, durante abril de 2026 se autorizaron 10 vehículos: seis para la rectoría general, tres para Cuajimalpa y uno para Xochimilco.
El 15 de abril, en la sesión ordinaria 408, fueron aprobados dos: uno para Cuajimalpa, por 514 mil 700 pesos, y otro para Xochimilco, por 719 mil 900 pesos.
Ocho días después, el 23 de abril, una sesión extraordinaria celebrada por Zoom, con una duración de 17 minutos, autorizó otras ocho solicitudes por 6 millones 274 mil 490 pesos. Seis correspondían a la rectoría general y dos a Cuajimalpa.
Los montos autorizados para los seis vehículos de rectoría general oscilaron entre 799 mil y 959 mil pesos por unidad, entre Teslas y Volvos.
Si bien las actas no determinaron las marcas ni los modelos, integrantes de la comunidad universitaria, quienes solicitaron mantener su identidad en reserva, señalaron en entrevista que entre las unidades adquiridas se encuentran cuatro Teslas y dos camionetas Volvo.
Asimismo, la manera para adquirir los vehículos, es decir, las aprobaciones del Patronato de la UAM, estuvo precedida por un cambio en las disposiciones internas.
El 9 de marzo de 2026, el rector general emitió el Acuerdo 03/2026 para regular la adquisición y asignación de vehículos a funcionarios. El documento sustituyó acuerdos anteriores y estableció topes diferenciados según el cargo y el tipo de motorización.
Según el análisis de los documentos, esos límites permiten destinar hasta aproximadamente 980 mil pesos a un vehículo eléctrico para la rectoría general, las rectorías de unidad o la secretaría general. Para otros puestos directivos, el máximo es de alrededor de 820 mil pesos. Los montos se reducen cuando se trata de vehículos híbridos o de combustión interna.
El 15 de abril, el Patronato aprobó actualizar sus lineamientos para armonizarlos con el acuerdo del rector. Al día siguiente fueron presentadas las ocho solicitudes que se autorizarían el 23 de abril.
Otro de los puntos que genera inconformidad entre la comunidad universitaria es la posibilidad de que los funcionarios compren el vehículo que les fue asignado.
El Acuerdo 03/2026 contempla esa opción para quienes hayan ocupado el cargo durante al menos 36 meses, cuando el automóvil tenga 30 meses de uso y 50 mil kilómetros recorridos.
Los inconformes también han denunciado que los automóviles institucionales se utilizan para traslados personales, fines de semana y vacaciones.
El descontento ha crecido
Para Hugo Aboites, la compra de los vehículos generó mayor indignación porque coincidió con necesidades que los estudiantes llevan tiempo señalando.
Mientras estudiantes, profesores e investigadores reciben como respuesta que no hay dinero para instalaciones, plazas o equipos, la institución autoriza millones de pesos para vehículos de sus autoridades.
Aboites advirtió que el conflicto también ocurre en un contexto de presión para ampliar la matrícula universitaria, lo que exige recursos adicionales para docencia, infraestructura y contratación de profesores.
"La adquisición de esta flotilla de automóviles Tesla, que según los datos que ofrecen los estudiantes cuestan más de un millón de pesos cada uno, es una respuesta simbólica muy dura de las autoridades respecto de cuáles son las prioridades reales de la institución.
"No parece que la prioridad sea la formación de los estudiantes, sino el bienestar de la alta burocracia universitaria", recalcó.
ksh