De la tokenización a la IA: el reto de los pagos digitales en México frente al dominio del efectivo

Mientras México avanza en la digitalización de sus pagos y mantiene abierta la conversación sobre la regulación del dinero digital, la expansión de las billeteras digitales está cambiando el lugar desde el que los mexicanos pagan.

La tokenización de credenciales bancarias sustituye los datos físicos del plástico para blindar las compras. | Generada con IA
Ciudad de México. /
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Durante años, la relación con el dinero tuvo un lugar bastante claro: el banco. Ahí se abrían cuentas, se pedían créditos, se recibían tarjetas y comenzaba buena parte de la vida financiera de una persona.

Ese esquema está cambiando. Cada vez más servicios financieros aparecen dentro de espacios que, en principio, no fueron creados para funcionar como bancos: aplicaciones, billeteras digitales, plataformas de comercio electrónico y otros servicios que forman parte de la vida cotidiana.

Esto no significa que los bancos vayan a desaparecer, sino que están cambiando los puntos desde los que los consumidores acceden a sus servicios. Una persona puede pagar, financiar una compra o administrar parte de su dinero sin entrar directamente a la aplicación o sucursal de una institución bancaria.

El cambio también ocurre mientras México mantiene abierta la conversación sobre cómo regular el dinero y los servicios financieros en un entorno cada vez más digital. 

La discusión sobre una eventual regulación del dinero digital forma parte de un debate más amplio sobre los pagos electrónicos, las fintech, la seguridad y la manera en que las nuevas tecnologías pueden integrarse al sistema financiero.

Para entender hacia dónde va esta transformación y qué significa para los usuarios mexicanos, MILENIO consultó a Pedro Blanco-Pinto, Head of Business Development para Latinoamérica de Paymentology, quien explica cómo el crédito, las tarjetas, las billeteras digitales y la inteligencia artificial están modificando la experiencia financiera.

Pedro Blanco-Pinto, Head of Business Development para Latinoamérica de Paymentology | Especial

La banca sale del banco y entra a las apps

Europa ha funcionado como uno de los grandes laboratorios para la evolución de los pagos digitales, impulsado por regulación, interoperabilidad, modernización de infraestructura y una mayor consolidación de los servicios financieros.

Sin embargo, ese proceso no necesariamente puede trasladarse de manera idéntica a América Latina. Cada mercado tiene condiciones distintas y, en el caso de México, existen elementos que siguen marcando la relación de los consumidores con el dinero.

El país cuenta con herramientas como SPEI, CoDi y DiMo, pero también mantiene una fuerte presencia del efectivo, distintos niveles de inclusión financiera, informalidad y hábitos de consumo que hacen que la transición hacia los pagos digitales tenga características propias.

Para Blanco-Pinto, la adopción de nuevas tecnologías depende de que estas respondan a esas condiciones y sean sencillas de utilizar.

"Uno de los cambios más visibles ocurre en el punto de entrada a los servicios financieros. Las personas comienzan a encontrarlos dentro de las plataformas que ya utilizan para otras actividades".
"Las billeteras digitales, por ejemplo, pueden pasar de ser herramientas para realizar pagos a incorporar servicios de crédito, ahorro y remesas. Algo similar ocurre en plataformas de comercio electrónico, donde una opción de financiamiento puede aparecer directamente durante una compra".

El nuevo negocio del crédito está en las plataformas

El crédito también comienza a integrarse en espacios donde antes no formaba parte de la experiencia.

En lugar de que una persona tenga que acudir específicamente a una institución financiera para solicitarlo, el financiamiento puede aparecer durante una compra, al contratar un servicio o cuando una transacción no puede completarse por falta de fondos. Es lo que se conoce como crédito embebido.

La operación puede utilizar información relacionada con el comportamiento transaccional del usuario para realizar evaluaciones más contextualizadas. Los movimientos de una cuenta, los patrones de gasto, los pagos y otros datos pueden aportar información adicional para determinar el perfil de una persona.

Esto resulta particularmente relevante para quienes tienen una relación limitada con la banca tradicional.

Personas con ingresos informales o con poco historial crediticio pueden generar información a través de sus pagos, gastos, remesas y otras operaciones. Estos datos pueden utilizarse para desarrollar mecanismos alternativos de evaluación y, eventualmente, productos como líneas de crédito flexibles, tarjetas híbridas o esquemas de pago a plazos.

El reto está en que una mayor disponibilidad de información no se convierta simplemente en una forma de colocar más crédito.La evaluación de riesgo y la transparencia de las condiciones siguen siendo necesarias. 

De acuerdo con Blanco-Pinto, la infraestructura tecnológica puede ayudar a que bancos y fintechs utilicen información reciente para ajustar límites, condiciones y ofertas de acuerdo con el comportamiento de cada usuario.

"La intención es ampliar el acceso al sistema financiero sin perder de vista la capacidad de pago de quienes reciben estos productos".
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Del plástico al algoritmo: la tarjeta deja de ser el centro

Durante décadas, la tarjeta física fue uno de los elementos más visibles de la relación cotidiana con el dinero. Esa función comienza a cambiar conforme aumentan las alternativas digitales.

La tarjeta de plástico seguirá existiendo, particularmente en mercados donde conviven distintos niveles de digitalización. Sin embargo, ya no es necesario esperar a recibirla físicamente para comenzar a utilizar un servicio financiero.

Las tarjetas pueden emitirse directamente de manera digital y aparecer primero dentro de una billetera. También existen tarjetas virtuales, credenciales temporales, tarjetas sin número visible y mecanismos como el CVV dinámico.

En estos casos, la atención se desplaza del objeto físico hacia la infraestructura que permite administrar la credencial, la identidad del usuario, los límites de operación y las distintas opciones de pago.

La transferencia bancaria está desplazando los pagos con tarjetas. | Foto: Magnific

Una parte importante de esa infraestructura está relacionada con la tokenización. Esta tecnología sustituye los datos sensibles de una tarjeta por una credencial digital que puede utilizarse para realizar transacciones sin exponer directamente la información original.

La biometría también participa en los procesos de autenticación, mientras que la inteligencia artificial puede utilizarse para analizar operaciones y apoyar la identificación de comportamientos o transacciones en tiempo real.

El resultado para el usuario puede ser una experiencia con menos pasos visibles, aunque eso no significa necesariamente que exista menos seguridad. Una mayor parte de los procesos de validación ocurre detrás de la operación.

Esta evolución también abre la puerta al llamado comercio agéntico, en el que una inteligencia artificial podría realizar compras o pagos en nombre de una persona.

Para que ese modelo funcione, será necesario definir con claridad quién autoriza al agente, qué puede comprar, cuánto puede gastar y bajo qué condiciones. La tokenización puede permitir generar credenciales específicas para esas operaciones sin exponer directamente los datos financieros del usuario.

En este escenario, la infraestructura financiera tendrá que establecer los mecanismos de identidad, autorización y control necesarios para que una operación automatizada siga teniendo límites definidos por el usuario.

México todavía tiene una cuenta pendiente con el efectivo

En México, uno de los principales retos para los pagos digitales sigue siendo competir con el efectivo en las operaciones cotidianas.

De acuerdo con los datos de la ENIF 2024 retomados por Paymentology, 85.2 por ciento de la población utiliza efectivo con mayor frecuencia para compras de hasta 500 pesos. En operaciones superiores a esa cantidad, la proporción es de 73.5 por ciento.

En las compras de hasta 500 pesos, las tarjetas de débito y crédito representan 10.4 por ciento, mientras que las transferencias electrónicas y las aplicaciones móviles alcanzan 4.4 por ciento.

Para Blanco-Pinto, el siguiente paso de la digitalización en México tendrá que considerar precisamente ese comportamiento. No se trata únicamente de incorporar nuevas herramientas, sino de desarrollar experiencias que hagan más sencillo utilizar pagos digitales en las actividades del día a día.

"La tokenización es una de las tecnologías que ya está modificando la manera en que se realizan estas operaciones. En lugar de utilizar directamente los datos sensibles de una tarjeta, el sistema los sustituye por credenciales digitales que pueden utilizarse para realizar pagos".
La población utiliza efectivo con mayor frecuencia para compras de hasta 500 pesos.| Foto: Especial

​A esto se suman herramientas como la biometría y la inteligencia artificial, que pueden participar en los procesos de autenticación y análisis de las transacciones. El usuario puede tener menos pasos visibles al momento de pagar, mientras una mayor parte de la seguridad ocurre detrás de la operación.

Esta tendencia también está avanzando en otros mercados. Mastercard, por ejemplo, tiene como objetivo alcanzar 100 por ciento de tokenización de las transacciones de comercio electrónico en Europa para 2030. 

En junio de 2026, tres de cada cinco transacciones de comercio electrónico realizadas con Mastercard en Europa ya estaban tokenizadas.

Para México, estas tecnologías pueden tener aplicaciones en comercio electrónico, billeteras digitales y pagos transfronterizos, además de reducir la necesidad de introducir manualmente los datos de una tarjeta.

Hacia 2030, la integración de servicios podría ser más visible que la aparición de una sola tecnología. Pagar, pedir crédito, ahorrar y administrar el dinero podrían formar parte de una misma experiencia digital.

Una persona podría recibir una credencial digital, utilizarla desde una billetera y elegir dentro de una misma operación si paga con saldo, crédito o a plazos. Las billeteras también podrían concentrar servicios que actualmente se encuentran separados.

El plástico, mientras tanto, no desaparecería. Seguiría siendo una de las formas de acceso a los servicios financieros, aunque compartiría ese espacio con credenciales digitales, billeteras y otras herramientas que permiten realizar pagos sin depender de una tarjeta física.


  • Fernando Rocha
  • Lic. en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Mercadotecnia. Me gusta la moda, el helado de vainilla, la Coca-Cola, el Bacardí y el indie pop; escribo de varios temas aquí en Milenio... Por favor léeme.

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